jueves, 23 de junio de 2011

Reír sobre la leche derramada



No son buenas horas las que vive el mundo. Demasiado pronto, demasiado tarde, pero siempre desencajado como si hace tiempo hubiese algo corrido en la orbita, y el traslado fuera un viaje peligroso e incierto y en donde el peaje se paga en cuotas de rabia y pataleos.

Paquidermos furiosos, un sol envalentonado en la tormenta, volcanes violentistas, estudiantes que le dan paipazos al Ministro antibullying, nonagenarios que sirven de inspiración para estar Indignados en una plaza publica por meses, batallas campales en la Alameda, profecías destructivas, homosexuales románticos, curas pedófilos sobreseídos por juezas lesbianas, mujeres infieles, narcos ajustando cuentas, niños cobardes, conejos sin orejas, madres inconclusas, guaguas con reflujo, una desaprobación a la clase política escandalosa…lo de siempre, pero un poco más hociconiado, un poco más patético, un poco más doloroso, sin sentido, enrarecido por la perfecta sincronía del mercado capital.

Algo inevitable. Algo horrible por lo mismo. Como el desamor. Como la imposibilidad. Como haber nacido mudo y ciego en un mundo lleno de ruidos. Silenciado en el ejercicio de la indiferencia.

Entonces llega un muchacho con la certeza y patudez que da el arrojo y la incoherencia, y se equivoca como el Coyote frente a un escurridizo y enervante Correcaminos. Explota sin querer hacerlo a la manera palestina, y queda para contarlo con sus sentidos disminuidos, con señales hechas por muñones, mientras se ríen los estúpidos de siempre, y uno se apena a la manera mejicana y chilena por un epic fail no forzado.

En el Bar Uno mientras el infierno se desata y yo me abrazo a los parlantes, y las niñitas vestidas de animal print cantan “amor encapuchado” me imagino un contrapunto hecho por Don Francisco, en la vigésimo cuarta versión de la Teletón, entre Kevin, el niño que perdió las piernas en un paradero mientras esperaba locomoción para participar en la Maratón, y Luciano Pitronello, el joven anarquista que detonó una bomba y que está presuntamente implicado en el caso del mismo nombre. No vomito solamente porque no he tomado nada y mi avatar me sostiene las entrañas y los llantos. Con plata se compran huevos. Si no fuera así, estaría vomitando y lloriqueando, aunque después del constante atropello resistido como jornalera de las comunicaciones, me he vuelto de teflón...

Los pensamientos se me enfrían en las yemas de los dedos dentro de un cubículo que pareciera estar en la intemperie. Hace más frío que afuera. Y como en la punta de la lengua las palabras mueren, en esa punta de los dedos también se me van muriendo los mensajes. Se me niega el twitteo y el facebookeo, pero igual no más todavía intento comunicarme. Y no es tan grave porque aunque teniendo a mano las “redes sociales” a veces la gente no me contesta. Este es un invierno con la ley del hielo.

Las huelgas de hambre no me dejan comer tranquila en la salita de reuniones donde apiñados vemos Intrusos. Se nos niega la sal, los puchos. Hinzpeter dice que se acabo la fiesta, pero la fiesta continua. Si no es en eso, es en la risa, una gratuita y de cualquier forma y por cualquier cosa. Es lo único que hace sentir que la existencia es de propiedad intransferible. Que no es necesario hacer actos poéticos por las calles. Que el solo hecho de reír sobre la leche derramada, sobre la vaca cortada en cubos, es una proeza digna, llenadora, suficiente.

lunes, 13 de junio de 2011

Órganos telepáticos



Se dice que “la necesidad crea el órgano”. Eso me decía mi madre cuando me hablaba de cómo la gente trasculturizada, luego de un tiempo, obtenía el idioma y podía comunicarse, en los casos más exitosos, como si fuera un nativo (situación que nunca he podido observar en un gringo chileno).

Esa herramienta, artificial por lo tanto, que nos sirve para poder trasferir los diversos constructos humanos, también artificiales, es la que nos hace concretar o poner en antecedente nuestros pensamientos. El lenguaje y la comunicación es nuestro mayor desvelo y es por esta razón que todos los avances tienden a esta “necesidad” humana.

Internet es una red con diversos tentáculos que congregan los más variados lenguajes e idiomas para que los seres humanos, imposibilitados de una comunicación orgánica, puedan suplir esta cierta invalides, como la de organizarse con una coherencia discursiva y generar un movimiento social. Porque parece finalmente que el tema es la incomprensión radical. Los discursos cruzados, mal decodificados, erróneos.

Porque el “lenguaje es una trampa” según Lacan. Y para eso está. Para entramparnos.
Sin embargo, todos los sociales estamos empeñados por replicar la experiencia de simulación ahora en un grado más profundo y extenso con la utilización de las ondas electromagnéticas, y la colonización del espacio que anteriormente no estaba ocupado por información virtual. Esto reviste peligros hasta ahora insospechados, además de los ya señalados, como pensar que estamos claros, que hay consenso cuando en realidad es sólo una representación, y no una cuestión autentica.

Varios son los films de ciencia ficción que pudieran habernos dado advertencia de esto. Por ejemplo, Cronemberg con Videodrome, película de 1983, año en que nací, habla de la “nueva carne”, una atormentada visión de lo que causaría en la raza humana el influjo de la informática y de los medios de comunicación. Vaticina la llegada de Internet, que sirve de sucedáneo a la vida real a miles de vagabundos que hacen utilización de videos para ver imágenes una y otra vez, en cubículos diseñados para tal efecto.

De esa forma, aparecen una especie de tumores, o mutaciones a causa de un imperativo fisiológico por traspasar la pantalla, en este caso la ficción proporcionada por la comunicación medial. “La nueva carne”, el dispositivo integrado, el cáncer cerebral que hoy la OMS nos dice que adquiriremos por el creciente uso de teléfonos celulares, de los inteligentes y de los otros, con conexión a internet las 24/7, y quizás también notebooks y netbooks, y todos esos aparatos de conexión móvil que nos hace sentir enlazados con los otros. Aunque sea mentira.

Efectivamente entonces, la necesidad ha creado el órgano. Las ganas de comprendernos, comunicarnos, aunque sea en busca de un eco, una imagen que refleje nada más que a uno mismo, como dice Charly “Yo te extraño, yo te extraño/Me extraño a mí. / Estoy solo, estoy solo/ No estás aquí”. Una nostalgia eterna de algo que se perdió. De un yo, extraviado entre tantas voces "que no puedes ser feliz".

Eso lejano que nos hace querer estar juntos, aunque sea por medio de prótesis y ortopedia gramatical. Una “Curita”, un parchecito que una esos colgajos, esas islas que somos, parafraseando a Nietzsche, en un mar sin orillas, desesperados, ahogandonos.

Quizás entonces, quien (es) desarrolle (mos) esa metástasis no sea más que la capacidad de ampliar el hardware cerebral. Una medida física que refrenda las teorías evolutivas, y que también las deseche, pues esta misma evolución puede ser la que nos lleve a la muerte. Una muerte por la comunicación, por el afán telepático, que algunos creen que sólo podría ocurrir en otra dimensión.

martes, 7 de junio de 2011

¿¡Por qué no te callas!?



Lo único que uno quisiera, como un mortal común y corriente, es que las cosas no empeoraran aún más. O que en vista y considerando que la juventud, pelada por hedonista-nihilista, buena pal copete y la cochiguagua, difusora y defensora del “no estoy ni ahí”, empieza a empoderarse y en buena hora, (en realidad demasiado tarde) en los temas “país”, no sea ¡Por favor! desmotivada por el anticoaching más grande de todos los tiempos: Don Lagos.

Este patético personaje de la política chilena, tótem de la democracia procedimental, estadista, porque en cada frase introduce un numerito, admirador de los grandes líderes republicanos que ya no existen, precisamente porque pésimos imitadores como él, han convertido a este país en una republiqueta, es quien nos hace pensar en las trágicas fricciones generacionales, y en la sana y necesaria eutanasia política.

El mal olor de estos cadáveres, se escapa cada vez que abren su boca para ensuciar lo poco de bueno que está quedando. Y uno que debiera respetarlos por su trayectoria, por sus accioncitas basadas en el show mediático, dedo parado mediante (que ahora, perdonen lo rota, me gustaría que fuera hundido en alguna de sus más recónditas cavidades). Lo más que le gustaría es que ojalá pudiera seguir mutis por el foro, o bien lejos en alguna oficina de institución internacional.

No es posible que se le dé tribuna a quien vendió nuestra minería, dándole al país un royalty miserable con invariabilidad tributaria hasta el 2017. Esto lo saco a colación, porque el tema energético responde justamente a la sustentabilidad de ésta actividad económica.

¡Sin energía no hay minería!, vociferaba un cerdito poderoso en la Cámara de Comercio de Santiago, una vez que tuve que ir por asuntos estrictamente obligatorios. Es por eso que a los ingenieros se les parte la cabeza craneando a qué echarle mano (al agua, viento, carbón, átomos) para seguir explotando a la gallinita de los huevos de cobre y silicio.

No se figure que pueda ser que su cuenta de luz facture algún, por poquito que sea, porcentaje menor, a costa de esa tierra donde tiene posado sus piececitos, que parece ser soberana nada más que de los grandes capitalistas.
Se exceden entonces las razones más “superficiales” radicadas en e
l hipismo naturalista y pasan a ser parte de un argumento stalinista para avalar las protestas.

Por eso los señores que no creen en la defensa de los pajaritos, los monitos del cerro, y del agüita de montaña, pura y cristalina, tienen que tener claro que siempre el tema medioambiental va ligado al económico, y por eso por ejemplo tanta funcia con los Mapuches (gente de la tierra, por siaca). Es sólo porque están en un lugar altamente productivo. Ya ven que los nortinos tienen cancha, tiro y lado, puestazos en los gobiernos regionales y las oficinas del Sernatur. No molestan a nadie a la punta de la loma, además de que no exigen ni siquiera una tajada “del sueldo de Chile” que justamente se extrae de su zona.

Ahora, después de todas esas aclaraciones, que venga un caballero con su brazo posterior sosteniendo un sinnúmero de estudios que dicen esto y lo otro, medios místicos casi, asegurando las siete llaves del éxito, y la pirámide de la sociedad perfecta, resulta tan engañoso y molesto.

Lagos Escobar, viene a dar un espaldarazo con ese sobaco ilustrado de papers, porque justamente se siente ente fundacional de estas geniales ideas de “desarrollo sustentable” sustentado en el saqueo y la visión a corto plazo.

El medioambiente es el “sí a la vida”. Es la encarnación de la virtud del ser humano cuando este es su garante. Bajo este parámetro de comprensión, se puede proyectar la sobrevida, y no continuar parasitando, con el evidente riesgo de ser de alguna forma u otra siempre el planeta podrá arreglárselas, sacudidos como las alimañas que somos para efectuar un impecable control de plagas.

Sabemos de sobra que no estamos desde siempre, y que la perfección de la naturaleza le permite vivir, y mucho mejor, sin nosotros como huéspedes non gratos.

Por eso, si usted señor Lagos quiere dárselas de sabio, lea el Tractatus Lógico Filosófico y entienda bien la última frase: “De lo que no se puede hablar, mejor es callar”, o como acostumbro, eche mano a las frases de la abuelita, ya sabe, “es mejor callar y que piensen que eres un idiota a hablar y demostrarlo”, en este caso, de manera fehaciente.

Así con el “progreso”



Me cuesta seguir las ideas del progresismo. La verdad es que soy una adolfita para algunas cosas (o casi todas) y hay cuestiones que no me entran, así me hablen de “derechos” como el de “elegir” usar burka.

Una de esas cosas, que me parecen del todo insólitas es cómo la comunidad gay intenta poner el tema del matrimonio homosexual en el centro de la discusión política de hoy (habiendo tantos temas importantes).

La cola del novio o el novio cola, que no es lo mismo, pero es igual, hace de cortina de humo y pone a opinar de aquello a “todos” porque en otros países es legal y que por eso acá debería ser un derecho ciudadano, porque no debemos pecar de provincianos y que por eso debemos mirar tras la cordillera como todos se casan y son felices para toda la vida. A parte, y suma para la causa, Elton John es uno de los adalides de tan romántica lucha. ¡Uno de los queridos de la realeza!

Sumando a esto está la amenaza de Simonetti “los gay vamos a salir a la calle”, cosa que me parece genial si fuera por lo que salen todos los habitantes de por acá, sin chovinismos radicados en la condición sexual: Por Hidroaysén, por la educación de calidad, la salud con dignidad, por el royalty minero y el desempleo. Pero no, es por matrimoniarse.

He realizado un focus express entre mis tantos amigos gays, y me he dado cuenta que todos añoran el matrimonio. Inclusive, cuando entrevisté al Che de los gays en la Radio Placeres, mi primera pregunta fue si quisiera casarse, a lo que respondió que “sí, y de blanco”. Cosa que con todo lo disruptiva que puede ser, me deja la sensación de una profunda contradicción moral y sistémica. Bien para un show en Pagano de Karina haciendo playback de Rocío Durcal (Claro está que quería casarse, y de blanco la pauta, por el más hondo y corrosivo despecho). Pero, eso sería. Y no más. Por lo menos para mí.

Puede ser que hable desde la herida. Mal que mal soy una madre soltera, a la cual solo la persiguen mosquitos desorientados, por lo tanto la posibilidad que yo me case, es más remota que unas nupcias, salida del closet mediante, entre el Halcón de Chicureo y Alberto Fuguet, por ejemplo.

No sé si alguno, de la falopatria, habrá leído el excelente texto de don Mario Centore, porteño ácrata que escribiera a principios del siglo pasado “de la vida i del amor”, donde expone las terribles opresiones que son sufridas durante el matrimonio. El femicidio se presenta como argumento en esta obra, enarbolando el grito de lucha “Rebélate mujer”.

Quizás sea esto lo que cambia todo. Lo homo tal vez no reviste esos peligros, y que como se da en los hámster, solo es peligrosa la pareja hetero, en la cual indefectiblemente una de las partes resulta muerta.

Centore dice “quiero que el amor sea el único vínculo moral que proclama la unión y la solidaridad entre todos los seres de la patria universal” y yo, digo lo mismo. Tal cual.

“La unión contra natura” definición del escribiente para el matrimonio, tal vez calza absolutamente para una unión de los otrora “desviados”. Suena fuerte? Ah? Pero, sorry, no me caracterizo por ser delicada y menos diplomática.

Lo último que les digo, es que los conservadores deberían darle las gracias a los que quieren reactivar el valor, para mí inexistente, del matrimonio en la sociedad. Longueira debería darse cuenta de esto, y debería becar a todos los matrimonios gays con una luna de miel en el caribe, pues solo este segmento de la sociedad, está luchando con una chapa “progresista”, por una de los contratos más retrógrados, llenos de falencias y abusos desde que el mundo, es mundo y para que el mundo sea así…de charcha.

viernes, 20 de mayo de 2011

Hasta la última gota



Algunos, los más “políticos” se quejan de que la gente no es capaz de hacer lo mismo por el alza del pan, o por la educación y la salud. Que de seguro todos esos pelafustanes hippientos, son unos universitarios snob sin verdadera conciencia de clases. Que no tienen idea lo que es la lucha y el hambre, menos el Golpe, y la verdadera represión.

Que la revolución twitterilla es a penas la sombra de lo que fue Mayo 68, y aunque estemos en el mismo mes, jamás correrán por nuestras venas cibernéticas el verdadero fuego de quienes quisieron un país mejor. Yo les digo que aunque todo eso pueda tener cierta, a penitas, un poquito de razón, no se puede aguantar algo así, a pesar de esos algunos.

La tierra no tiene forma de defenderse, so pena de los tremendos telúricos y las bocanadas de mar que arrastran la “obra humana”. Los animales, la misma cosa. Y eso de que “la ecología es el nuevo opio del pueblo” según Slavoj Zizek, sí, lo admito, pero por lo menos es mejor opio que el fútbol. Es como comparar el copete con el ácido. No hay dónde perderse.

Y si nos ponemos a la lata con los medios de producción, y la tendencia de meterse en el bolsillo el medioambiente por el “progreso de la sociedad”, también tendríamos que estar enchuchados como para salir a la calle. No por la inundación de Llanada Grande y la requeté hermosa flora y fauna patagona que desaparecerá del mapa nacional, sino porque la “energía” de los españoles y la clase política chilena, va directo a ser utilizada en la minería.

La minería, esa que nos fue arrebatada poco a poco, la que tiene un royalty miserable, esa que beneficia el enemigo interno que por más modernizado que esté, seguirá siendo una trampa para los más débiles. La minería, esa que contamina el norte, la que carece de condiciones laborales básicas. La minería, actividad históricamente usurpada por el gran capital.

Sin energía no hay minería, y por eso tanto proyecto, tanta inundación, tanta acción de Endesa y Colbún siendo gravitante para la estabilidad de los mercados.
Obvio que es un asunto país, cuando el país en que vivimos es una empresa que pone a buen resguardo sus utilidades.

Hemos visto cómo la región de Aysén ha sido asolada con proyectos que sólo benefician a un par de tipejos que chorrean, un poco, a los referentes de opinión, y a los honorables, para que la cosa vaya viento en popa.

El epic fail de las salmoneras, con su virus Isa, su cadena de producción del terror, su muerte de especies nativas, y la llegada de la corrupción, eso que al seremi de salud lo hizo abstenerse de votar a favor de Hidroaysén. El puterío, y su enfermedad venérea que arrebata la pureza del paisaje y del corazón del hombre pueblerino.

Por eso no es un tema “ecológico”. O no exclusivamente, y en buena hora. Se los dice una fanática de “Ballenas” de La “Manos de Filippi”.

Es nada más tener clarísimo, como el agua que fluye arrebatada por los caudales de la Patagonia, que nos quieren robar hasta la última gota de dignidad, hasta la última gota de sentido común, hasta la última gota de respeto por nosotros mismos, los habitantes de Chile.

martes, 17 de mayo de 2011

El Sinceramiento



Hay varias cosas que de veras podrían cambiar el mundo. Por ejemplo que se diga abiertamente que la mujer que mató a sus hijos recién nacidos y que escondió en tarros de pintura, no lo hizo solamente de mala y de psicópata, sino porque no existe un aborto accesible y seguro, como tampoco un acceso fácil a la píldora del día después.

El discurso se sabe recrea realidades y por eso tenemos una realidad tan miserable en términos éticos. ¿No cree que sería mejor que Obama nos dijera: “dado a se viene la reelección y quiero quedar bien con los republicanos, voy a seguir al dedillo la política antiterrorista, emulando a Bush, mi otrora contrincante político, y haré una ofensiva comunicacional a costa de mi compañero en la fe, con el cual apenas tengo una letra de diferencia, Osama”.

Todos quedaríamos más tranquilos de que no hay un reverso, una cuota de hipocresía, una maraña o transfugués que nos deje un sabor de boca agriado por la desconfianza.
Por lo menos a mí, me parece que don Enrique se equivoca al asesorar a Don Francisco y decirle que porfíe con que él no es el padre de No-Flores.

¿No sería mejor que tuviera un hijo “por fuera” como la gran mayoría de los hombre chilenos de su edad? ¿No sería más cercano para la gente? ¿Hasta una esperanza para el huacherío cabezón?

Además, Don Francis ha realizado sábado tras sábado concursos de paternidad, con muestras de ADN ¿Qué mejor que él protagonizara uno de éstos?

Sería lindo que la verdad fluyera regando todos los deltas de quienes quieren navegar en el transparente mar de honestidad, sinceridad y buena fe.
A mí me hubiese encantado que cuando era una preadolescente me hubiesen advertido sobre la eyaculación y su viscoso secreto de la vida. O por último, cuando ya la leche estaba derramada, de que cuando uno amamanta se contrae el útero y uno ve unos burros verdes más chúcaros y viriles que los que vio durante el parto.

Esas cosas se callan, e innecesariamente, pues Wittgenstein concluyo en el Tractatus logico-philosophicus que “de lo que no se puede hablar, se tiene que callar”, pero en este caso sí se puede decir, trasferir, comunicar, pues se trata de experiencias vitales comunes y corrientes, y aun así no se hace.

¿Qué sucede? ¿Se trata de pudor? ¿Se trata de ser un desgraciado que quiere que los demás paguen el noviciado?

Hay temas de imagen pública, de política internacional, de intimidad que no quieren que sean divulgados, pero no por eso se debe jugar con la mentira que ni siquiera alcanza para la creación de mitos, pero quizás sí para formular creencias basadas en la conveniencia de quienes solapan situaciones de poder mediante un discurso trucho.

Uno debería ser lo suficientemente inteligente para darse cuenta del porqué de cada cosa, pero cuando se es bombardeado de informaciones que además son expuestas bajo el prisma de la “ley”, muy pocos pueden extraer la esencia de lo acontecido, y juzgar bajo parámetros que respondan a la naturaleza del ser humano y no a normas basadas en la hipocresía y el salvaguardo del status quo.

Por ejemplo, hoy por hoy Lavín hace el pertinente esfuerzo de acabar con el bullying en los colegios, pero ni el mismo se da el tiempo para explicar esta tendencia cada vez más común en la sociedad: La violencia proviene de modelos institucionales que ejercieron el poder mediante el terrorismo de estado.

La historia se deja de lado, y se ataca nada más que la representación actual de una cadena de hechos desafortunados que enquistaron la ferocidad y los actos de barbarie para con el más débil.

Extraño resulta, que queriendo enmascarar nuestro pasado, reduciendo las horas de enseñanza de todo eso que es nuestro ADN nacional, materia prima de la cual se construye nuestro presente, se espere lograr una toma de conciencia de que la “Comunidad” en este caso educativa, debe forjarse en el respeto y el cariño.

Es evidente que hace falta un sinceramiento. Un develamiento. Una salida del closet. Pero para eso usted y yo debemos a comenzar a decir la verdad, frente a nuestros cercanos, lejanos, pero sobretodo frente al espejo, para comenzar a validar esas ansias de cambio que tanto declaramos que queremos experimentar.

lunes, 2 de mayo de 2011

Gastos superfluos




Me duele la cabeza, la guatita, y varios de mis músculos. Tuve que ir al doctor, porque misteriosamente me salió un afta al final de la garganta, al lado izquierdo de la campanilla, y resulta que me ha dicho que tome una cantidad de remedios impresionante.

Cada uno tiene un nombre bonito y pronunciable fácilmente, por lo cual le digo que coloque el genérico, pues para estos casos, el Doctor Simi es mi pastor. Accede y me adelanta lo de la efectividad, y que las tradicionales penicilinas han pasado de moda, cosa que me hace sentido, pues en mi vida los pinchazos de cualquier tipo también están out.

A pesar de que la faringitis y el afta no me quitarán la vida, me fui a una farmacia a averiguar cuánto salía la receta. Luego de conocer su precio, noté que la debilidad y el decaimiento se agudizaron al solo imaginar tener que perder mi dinero, ese escaso que se va como un amor de los malos, de entre los dedos con líquida pericia.

Es verdad que mí platita terminaría más temprano que tarde en un bolsillo mercanchifle, pero ok, que no fuera en la registradora de estos miserables!! Quizás si alguno de los medicamentos estuviera coronado con estrellas de colores…pero no, solo compuestos inofensivos para el sistema nerviosos central.

Para ganarse la vida hay que perderla, y para recuperarla hay que ganársela. Un círculo del cual los economistas sacan zumo y se lo toman con pajita y paragüitas multicolor, echados hacia atrás. La fórmula perfecta para cada quién, a la medida de sus gustos y aspiraciones.

Y uno que es de medio pelo, de esos que les gustan un par de libros al mes, a veces sólo para lucir en el escaparate, y el Internet rápido para llenarse de datos inútiles con la pretensión de saberlo todo, como el bibliotecario de Borges, una enfermedad por simple que esta sea, te puede dejar a fin de mes hablando de pobreza y aislándote de las salidas por un par de bares que harán de tu noche el porvenir.

Me compré un perro, y eso me salió caro, como su correa, su porta perros, su comida, y el lavaseco para mi plumón orinado de manera recurrente. Mi hijo es también un gasto, pero él es más bien austero, salvo por su adicción a la tecnología.
Y se acabó mi futuro.

Había que pensar de forma rápida y decir: aaa ya, gracias! Y correr por el corredor de los shampues y las cremas, pasando por los trecientos tipos de prestobarbas, poniéndose a salvo en la calle, donde ni por un segundo se debe pensar en bebiditas y dulcecitos o caridades, porque uno está igualmente carente, pero a Dios gracias, con un sueldo mensual, y unas entraditas, que aunque hay que apretarlas, y ustedes muy bien lo saben, tardan, cuestan, pero llegan.

Y aunque sé que hablar de plata es entero de flaite, siempre llego al mismo punto: el cuidado de la mujer, que muchos no saben cuánto se desembolsa, por lo natural que uno parece (ojalá), se hace con repercusiones importantes en la economía doméstica. Ahí es cuando quizás andar disfrazada de buzón, o como estropajo oscuro por las calles, cobra sentido.

...De todas formas me han contado que es allá donde Victoria Secret tiene sus mayores utilidades… La competencia entre tantas esposas, es la causa tan poco socialista de querer acaparar “bellezas privadas” bajo un mismo techo. En fin.

Otros gastos “superfluos” pero absolutamente necesarios son la pildorita que, además aumenta la turgencia mamaria, los juguitos de fruta natural antioxidantes, y la crema iluminadora de cutis, y la dermatológica para mi persistente adolescencia cutánea. Y qué decir del asunto del cambio de temporada. Uno no puede andar con bota chala toda la vida, y debe decidirse por más díscola que sea.

Y ya que estamos en esto, a no ser que viviera en Iquique, mis gastos en depilación son ostensibles. Es cosa de mirar la foto y darse cuenta que mi axila es impecable. Entonces, entre ser una fea de mierda, y una tísica romántica, no hay donde perderse. Ahí en mi cartera descansa la receta, mientras que mis pesitos ya se han ido en pisco sour, medicina natural por lo demás.