lunes, 3 de octubre de 2011

En forma



Tener un presidente que le queda grande el poncho, y no solo eso, sino que la camisa, la chaqueta, los pantalones y supongo que hasta los calzoncillos, de forma literal, es evidencia de lo informal o sin forma que tiene el poder en este momento nuestro país. Podríamos decir, a la manera de lo Ferdydurke, que la ciudadanía cayó ante el “podermiento” de la derecha. Presa de su necesidad de cambio, y con ganas de creer en una “nueva forma” de gobernar, se lanzó a la aventura y eso siempre requiere de la aceptación del ensayo-error.

Podríamos decir que la clave de la “nueva derecha” es precisamente ese vacío conceptual que la convierte en un experimento del que se pueden esperar inciertos resultados. En barbecho, en veremos, en rodaje, ajena a la fosilización en que se encuentra la antigua derecha, y el agusanamiento y podredumbre en que se encuentra la Concertación, tiene cancha tiro y lado, para incluso volver a repetir los errores del pasado como si fueran inéditos y frescos errores.

Esto pudiera parecer terrible, porque no puede ser que un país sea gobernado por gente en “pañales” con todo lo hediondo y repulsivo que resultaría, llegado el momento, tener que “mudar” a la elite. Pero es en efecto esa la mala manera, la mala forma de la derecha, la que nos otorga el poder de conseguir fisurar el podermiento por medio de la crisis, o crítica, o enjuiciamiento, de quienes no pudiendo detentar el poder, si podemos desacreditarlo.

El descrédito surge de la mirada de que un igual de falible, un igual de torpe, un igual de ridículo, venga a gobernarnos. Porque eso es en resumidas cuentas lo que sucede. Que reflejados nuestros defectos con estupor, hemos querido combatirlos.
Es cierto, existen grandes diferencias que aumentan aún más la coherencia de querer blandir la molov. No somos asesinos, ni tampoco nos hemos hecho millonarios por medio de la usura.

¿Qué hubiese sucedido si el mal menor hubiese sido la apuesta cuerda y lógica para continuar teniendo un país con gobernabilidad? Simplemente, en esa “forma”, típica en la mascarada, en la diplomacia chanta, en la democracia de los acuerdos y en la medida de lo posible, nunca se habría dado paso al caos que tiene por delante el génesis, por el puro devenir, sin promesas mediante, con el puro materialismo histórico como ciencia piloteando hacia el futuro.

Es por eso, que no tenemos que lamentarnos tanto. Porque efectivamente en estos cortos años se ha hecho más que en los 20 aletargados por la lógica procedimental y de las buenas maneras.

Porque está claro que no podemos seguir renegando de lo que somos, que debemos hacernos cargo de lo que eligieron los que sabían que no querían elegir más la pose, y que nosotros, los que no elegimos nada, porque no creemos en la elección de patrones, nos convino, porque devino en la forma de la no forma.

Ahora, peligroso me resulta que la “izquierda” que como la ultraderecha conservadora y pechoña, calza corazas y fuertes dogmas, continúe con las formas delimitadas impidiendo que se oxigene lo que se supone de verdad humano. Podríamos decir “lo que está en el fondo”.

Por ejemplo, Ricardo Lagos Weber, el unigénito que podría ser el llamado a desatar la hecatombe, el humano drama matando al padre, su triste legado, la farsa de un conglomerado del cual sólo queda la “forma”, está ahí, contento con la herencia, con lo que otros le construyeron como legado e incluso como personalidad, siendo que pertenece a la “generación de recambio” que pudiera romper con esos moldes. Pero no. La forma de madre encarnada por Bachelet, y de padre encarnado por Lagos Escobar, recrea su forma de hijo prodigo de la Concertación. Un hijo cómodo de esos que se queda a vivir para siempre en la casa de sus padres, o que a lo más, se construye una casa en el patio.

Por eso ahora es cuando, desde el amorfo sentimiento de un todo junto, parar con desmadre ese rígido esquema que desde la constitución de Moisés nos hostiga y amenaza, como si fuera, a cualquier intento de insubordinación, de autenticidad, de arrancamiento con los tarros de la cultura obligada, a rompernos en la cabeza las duras tablas de la ley escritas en piedra por el mismo Dios.

Y esa amenaza, hecha de la peor forma, quizás es justamente el arrebato que esperamos para reventar el cerebro humano, partirlo en varias partes, y liberarnos de las infinitas formas que tiene de solaparse para estar “en forma”.

Vencer la tradición


Si bien venimos saliendo de un par de días plagados de “tradiciones” no por eso no vamos a criticarlas. Muchas de éstas nacen de las entrañas mismas de la soberbia humana, de ser los “inteligentes” del reino, y que por eso, podemos joder al resto con nuestras técnicas de dominación.

Varios ejemplos de “soberana estupidez”, y sospechosamente atados a una identidad nacional existen por doquier. La pelea de gallos, de perros, la tauromaquia, el rodeo, el hostigamiento del oso, el enganchar del cogote a los ganzos, sin contar los circos y los mataderos, son todas prácticas que se realizan al alero de la patria, en distintas partes del mundo.

La verdad es que soy una persona omnívora, pero me da vergüenza tener el hábito de comer carne, siendo que con todo lo que nos provee la naturaleza, podríamos sobrevivir con los nutrientes necesarios, sin tener que comernos a nadie.
Es cierto que para hablar de esto, debería predicar con el ejemplo. No basta con lamentarse y simpatizar con Srila Guru Maharaj, quien es uno de los activistas más comprometidos con “La revolución de la cuchara”. Sin embargo acudí a una de sus charlas, a pesar de ser omnívora y atea.

“¡Por favor sean vegetarianos, se los ruego, no manchen de sangre su mesa! Pongo las manos al fuego de que no se arrepentirán. La comida es uno de los momentos más místicos en donde podemos compartir y celebrar lo que la tierra nos ha dado tan amorosamente.”

Cierto, me dije, y acto seguido viví un dieciocho como todo chileno. Me llené el estómago con el dolor animal, me curé como zapato, y presencie por las pantallas de televisión la Gran Parada Militar, con autoridades como Ezzati, Girardi, Piñera y Hinzpeter.

Y me sentí culpable y chanta, por ser chancho comeafrecho, animal de crianza que se deja someter por regalías repugnantes de bacanal barata, pero con el agravante que soy una persona con discernimiento, o eso estilo creer.

Me da pena cómo se han construido las sociedades, al entender, en resumidas cuentas, que es uno mismo el que está hasta el cuello de todo eso que dice odiar. Que a todos nos aprieta el zapato, y que cojeamos por la vida, sin ánimos de andar con la agilidad del descalzo. Pues sabemos en el fondo, que luego de tanta sangre y desperdicio, nuestros pies terminarían embardunados.

Sabemos que el arrojo tiene un costo, sobretodo personal, el que siempre es rehuido. Que se solapa en el vértigo de la verborrea, en la invención de nuevas ideas, en la moda que oficializa una “causa”, que cubre nuestro vacío.

Hay que reconocer que hay intentos de ser revolucionarios, de creer en que las cosas cambian, pero como se dice, para eso es necesario que la caridad comience por casa. Por ejemplo, que los papás profesores dediquen tiempo de calidad a sus hijos, o que los estudiantes, en estos días de lucha, se eduquen de forma autodidacta.

Como sabemos “en casa de herrero, cuchillo de palo” y eso es justamente lo que se debe comenzar a cambiar. Esa tradición de dejación y diletancia. De autoindulgencia y mediocridad.

Tomo como desafío la revuelta interior y permanente. La que se manifiesta en el intersticio entre la piedra y el musgo, entre nuestros deseos de cambio y nuestras tradiciones y hábitos más arraigados.

Es ahí, donde siempre ha sido, donde tiene que dejar de ser. En la mínima decisión de sincerar prácticas y verse así tal cual: un depredador, que desgastado, come de la mano del amo, como si fuera pichón, las sobras extraídas del dolor de otra carne. De otra vida. Ya sea así, literalmente, o producto del usufructúo al sistema capital, cuando no entendemos que el tema no es estudiar gratis para negriar al ignorante, sino luchar por llegar al fondo del asunto. A romper con la usura, la profunda ambición y el miedo a perder el status, o la mentira que construimos para guarecernos domesticados por nuestros vicios.

sábado, 1 de octubre de 2011

Entrevista completa a José Miguel Varas



Fe de Erratas: Por un error de mi parte, dije a Punto Final que fue realizada el 8 de septiembre. Sin embargo,la entrevista fue realizada el 15 de septiembre en el departamento que compartía con su esposa Iris Largo.


José Miguel Varas, el periodista por antonomasia

“La televisión es una gran falsificadora de la realidad”


José Miguel Varas comenzó a desarrollar una brillante carrera de periodista a la tierna edad de 13 años en el Instituto Nacional con la revista “El Culebrón”. Y aunque estudió leyes un par de años y fue alumno de Literatura y Filosofía, contribuyó desde todos los frentes y formatos a generar comunicación social. Fue por este motivo que pensamos junto mi tío, Raúl Urrea, que volvió a las aulas escolares a los setentitantos, en entrevistarlo para que nos hablara de la televisión, con el fin de que otros estudiantes, por cierto más jóvenes, pudieran entender el estado de este medio, sus implicancias y cómo una vez, fue pensada con criterios distintos al del capital y el consumo de contenido chatarra. Sin duda, José Miguel era la persona indicada. Había estado a cargo del área de prensa de Televisión Nacional de Chile durante la Unidad Popular, toda su obra tenía una estricta responsabilidad y ética, su trabajo tanto en Radio Moscú como en Revista Rocinante, fue comprometido y deslumbrante, además de ser premio nacional de literatura el año 2006 y escribir entrañables obras, tan distintas entre sí, que lo caracterizaron por su creativa versatilidad. Su diagnostico certero, su problematización profunda, que pasa por la historia, el movimiento estudiantil, la tragedia, el espectáculo e incluso el fútbol, y sobretodo su capacidad para generar estrategias avaladas en su convicción de estar frente a un cambio social, es lo que queda registrado en ésta, la última entrevista a José Miguel Varas, que hasta los 83 años se entregó profundamente al oficio de periodista.


Usted fue el encargado de llevar adelante el área de prensa de Televisión Nacional durante la Unidad Popular ¿Qué proyecto país desde la televisión había para Chile?


La televisión en ese tiempo fue parte del conjunto de trasformaciones que Chile estaba experimentando en temas sociales y económicos, elementales en las transformaciones de base. Entonces, naturalmente las personas que dirigían el gobierno, se hicieron cargo desde el Estado de las expresiones sociales y culturales, tendiendo a crear una televisión diferente a la que hubo antes. En resumidas cuentas, una televisión cercana a la realidad, que reflejaba los problemas y dificultades de la gente, y la fuerza que se desprendía del movimiento de la Unidad Popular, que era realmente extraordinaria, y que se manifestaba en intentar dar soluciones a esas problemáticas. También la televisión intentaba dotar de enriquecimiento cultural a través de la producción de obras televisivas, por ejemplo de teleteatro, muy importantes y recordadas hasta ahora, como la serie Balmaceda, y por supuesto daba la posibilidad de expresión a aquellos que no habían tenido nunca una tribuna más o menos amplia: los cantores populares, o los investigadores del folclore. Era la televisión parte de un programa muy amplio en el sentido político, aun teniendo una tendencia, y no pongo en duda que hubo algún error en el exceso de celo de parte de alguien, sin embargo lo importante era que teníamos una televisión sintonizada con el país, y por supuesto con el gobierno, cosa que rara vez ocurre en Chile, o nunca, salvo en esa ocasión.


¿Cuál es la importancia de la televisión en la sociedad?


La televisión funciona con argumentos que tienen un refuerzo tremendo dotado por el poder de la imagen. Prácticamente no hay nada comparable a la influencia de la televisión y su capacidad de capturar a la audiencia y de tenerla hipnotizada, mirando eternamente.


Falta entonces recuperar una televisión que no sólo capture al telespectador, sino que también lo influya a participar de la realidad


Y eso tiene que ver con la trasmisión de contenido de todo tipo. Hablando a la manera de los revolucionarios históricos, Lenin decía que de todas las formas de arte, la más importante para los bolcheviques era el cine. En esos tiempos la televisión no existía, pero el cine por el hecho de que concentraba a un grupo de personas que en penumbras miraban la fuerza de una imagen, es comparable con lo que sucede con la televisión. La diferencia en ese entonces fue la capacidad que tuvo de enviar un mensaje que fue captado por los espectadores, para de alguna manera, contribuir a movilizarlos. Eso era lo que Lenin consideraba esencial del cine y era por lo cual lo definía como la forma de arte más importante en ese momento para los bolcheviques. Estas consideraciones podríamos creer que son puramente pedagógicas y que enseñarle a la gente mediante la televisión podría resultar un error, pero lo más importante durante la Unidad Popular fue el reflejo que podía ver la gente de sí misma y de lo que ocurría, incluso cuando la problemática se hizo presente en la contradicción entre las fuerzas que habían sido desplazadas por el poder popular y este.


¿No cree usted que hay una tendencia muy marcada de la televisión a buscar la tragedia?


Esa es una característica de la prensa en televisión, y de como se ha desarrollado históricamente el periodismo por la gran influencia norteamericana, en donde lo importante es lo sensacional y muy a menudo, lo sangriento. Eso es lo que conmueve más profundamente a las personas. Este tipo de móviles no eran los que nos motivaban a nosotros cuando hicimos prensa a través de la televisión. Lo que nos interesaba era mostrar el claroscuro de la realidad, la complejidad de la vida. Reconozco por cierto, las variadas dificultades por las que tuvimos que atravesar, porque poder hacerlo está sujeto a un proceso. Recuerdo un programa muy notable llamado “Póngale el Hombro” que fue un estímulo para el trabajo voluntario, el que tuvo un gran desarrollo durante la Unidad Popular. Gracias a esos testimonios, que relataban lo que la gente estaba experimentando, se alimentaba un grado de participación muy alto.


Como ve usted, el pueblo queda bastante lejano al protagonismo en la televisión actual


No hay participación real. A la gente se le pide la opinión para saber si están sintonizando este u otro canal. Ese es el único feedback posible. En sus inicios, la señal de televisión estaba sujeta a una institución universitaria, pero luego se abrió para que cualquier privado pudiese emitir lo que se le ocurriera. Por eso es complejo, porque evidentemente el periodismo que se hace en televisión, está sujeto a intereses comerciales del canal en primer lugar. Luego está al servicio de una determinada orientación política enmascarada, lo que significa además, con las técnicas modernas, la posibilidad que se expresen voces diferentes para dar la sensación de objetividad. Muy norteamericano por lo demás. Entonces, el hecho de que haya voces disidentes toleradas en cuanto a volumen, es una necesidad para ellos, porque así reflejan una supuesta realidad. Pero cuando se trata de temas trascendentales para el sistema, esa objetividad desaparece, porque nunca existió. Siempre fue una ficción.


La televisión falsea


Desfigura. La televisión da la sensación de realidad, pero es una gran falsificadora de la realidad. Y a través de sus servicios informativos se hace muy evidente. Son muy sofisticados, tienen contactos con cualquier parte de Chile y el mundo con excelentes técnicas de transmisión de imagen etc, pero toda la cobertura se le da a temas “favoritos”. No por casualidad los temas policiales son los preferidos. El morbo es lo que se muestra y no qué hay detrás, que es un problema real, social. Finalmente todo se trata como una novela policial, o de terror.


Lamentablemente ahí es dónde aparece como protagonista el pobre


Los sectores populares de la población sólo aparecen como protagonistas en los hechos policiales. Muy excepcionalmente en otros casos. En el fútbol, en alguna medida, pero el fútbol también se ha convertido en un sistema de “estrellato”. El deporte mismo tiene bastante poca importancia. Lo más importante es cuanto se pagó por determinadas estrellas de fútbol, quién va a ser el entrenador que garantice los “éxitos”, y además lo que ya sabemos, qué los grandes equipos de futbol a nivel mundial son de propiedad de determinas empresas, y a nadie le asombra eso hoy en día.


Y el jugador es de propiedad de alguien como si éste fuera un esclavo


Seres humanos que se compran y se venden. Eso ya a nadie le extraña, pero es una aberración.

Retomado la idea que todos somos una pieza para encajarnos de una forma atractiva y donde pareciera que todos cabemos para responder a esa objetividad ¿Qué le parece el tratamiento del conflicto estudiantil? Ha tenido una gran cobertura de prensa, pero de todas formas no ha sabido explicarle a muchas personas qué es lo que está detrás de las marchas.

Ese es el déficit de la información, el no explicar claramente qué es lo que está en juego. Y hay que tener cuidado, porque efectivamente la cobertura es muy amplia y registra las opiniones de los dirigentes estudiantiles que son partidarios de los cambios en la educación, ahora hay que ver las proporciones en que esto se refleja, pero también hay cobertura, y desmesurada, para difundir la violencia que ocurre al final de estas marchas. Es complejo, pues esto indica un malestar social, que se manifiesta de esta manera porque no tiene otra forma de expresión política, pero este fenómeno no es explicado. El tema de la educación preocupa a todas las familias chilenas porque están esclavizadas, haciendo esfuerzos sobrehumanos y terribles para poder mantener a sus hijos en la universidad, o para educarlos, en un sistema de crédito usurario, con aranceles desmesurados, que llevan a que se produzca este tipo crisis.



La publicidad que vende la oferta educacional por las pantallas de televisión, echa mano al éxito, al status que se logrará estudiando. No ofrece ser más culto o tener poder como ciudadano para trasformar la sociedad mediante el conocimiento, sino que asegurar el futuro por medio de una plaza laboral


Es perverso. Además, estipula cuales son las carreras que producen más rápidamente una buena renta. Crea un estudiante al servicio del sistema. Al servicio del éxito personal. Todos los valores están trastocados en la sociedad por las fuerzas que hoy la dominan.


Hemos estado volviendo recurrentemente a la tragedia nacional. Se le ha sacado el jugo a la muerte de Felipe Camiroaga, centrando la noticia en el dolor, y en las manifestaciones de una sociedad cristiana que no busca responsables. ¿Qué piensa de estos discursos que se emiten desde la televisión como oficiales o de consenso, sin antes haber debatido respecto a estos temas, prácticamente tabúes?


Hay una manipulación tremenda de los sentimientos de la gente. Evidentemente se produce una gran identificación entre algunas figuras de la televisión con gran capacidad de comunicación, con gran simpatía personal, incluso con cualidades humanas notables, en algunos casos, que los conecta con un público masivo. Por eso, la perdida trágica es un episodio de una gran teleserie en donde estamos todos metidos y que se va desarrollando día tras día, con el hallazgo, o no hallazgo, de más restos del avión, de las personas, con otro accidente entre medio de un suboficial de la Fuerza Aérea, además de un tremendo despliegue tecnológico para localizar esos restos, en el cual el Estado no se fija en gastos, que operacionalmente debe tener costos monetarios muy altos. Es cuando uno se pregunta dónde están las prioridades. ¿Porqué esos recursos no sirvieron para hacer un aeródromo como la gente? La gente de Juan Fernandez, según me contaban, para llegar a tomar el avión tiene que caminar de tres a cuatro horas, donde sólo hay un cobertizo pequeño. No hay torre de control. O sea, es de la precariedad más absoluta, que demuestra el abandono terrible en el que se encuentran nuestras regiones, en contraposición con este despliegue tecnológico y de “precisión militar”. No sé hasta qué punto la gente puede abstraerse de estos fenómenos, con todo lo que tienen de emocional. Se debe meditar un poco más a fondo sobre las cosas que están en juego y lo que demuestra el fenómeno curioso que se da en este caso, en donde los muertos se convierten en una especie de santos, por la familiaridad que tienen con el público.


Las señoras que están muy acongojadas por la muerte de Camiroaga no siempre adscriben a las luchas progresistas que él dio por medio de la televisión. No tuvo mucho eco a pesar de la fuerza de su personaje, que también publicitaba créditos de consumo de una importante tienda de retail.


El fenómeno de la televisión es una forma de esclavización de la gente, en términos de la manipulación ideológica que sufre. Pero por otra parte, hay una necesidad de registrar otras cosas. No hay que extremar lo negativo, porque yo creo que esas causas, y es lo que estamos viendo este año en especial, si tienen un eco en la población bastante grande, incluso más grande que en otras épocas. Hace dos o tres años nadie se hubiese imaginado semejante manifestación por un tema medioambiental como el de HidroAysén. Algo cambia en el país. La sensación de fracaso de este sistema se da en todos los ángulos. Se está experimentando el fracaso de lo que aparentemente ofrece: bienestar, estabilidad, felicidad para las familias, abundancia, y sobretodo capacidad de mejorar el status que la gente tiene. Es decir, la gente se ha dado cuenta de la gran farsa del capitalismo desregulado que vivimos en Chile.



¿Cómo podríamos generar nuevamente un proyecto político de televisión para Chile?


Quizás replicando lo que se hace en países más desarrollados. Organizar grupos que formalmente se dediquen a hacer presente temáticas importantes en la sociedad y que la televisión ayuda a falsear y ocultar. Un fenómeno serio y grave, es el que ocurre con los mapuches, en cuanto a su problemática de tierras, de violencia policial constante que los somete a un régimen “democrático” diferente al de los demás chilenos. Todo esto no existe en la mayoría de las pautas de televisión. Existe solamente cuando son 4 los meses en huelga de hambre, o cuando algún incendio afecta a un importante estanciero de la región. La pauta noticiosa no toma en cuenta los procesos más serios y profundos que están ocurriendo y muchas veces noticias gordas, se pasan por alto simplemente, cuando no corresponden a lo que se ha ordenado destacar.


Hay mucha prensa independiente que está surgiendo, pero aún estando el esfuerzo de poner todos estos temas en parrilla informativa, no es capaz de seducir a la audiencia acostumbrada a los viejos esquemas del capital ¿Qué me recomienda para que mi abuela, mi tía, mi mamá, no caigan en esta trampa que les pone el sistema, para que entiendan que la realidad es la realidad y la televisión es la televisión aunque pretenda hacer creer que es reflejo de la realidad?


El conjunto de ideas dominantes es bien difícil de abolir. Por eso yo recomiendo paciencia, constancia, tenacidad para los efectos de convencer a la gente y hacerla profundizar un poco más en su propia experiencia y ver lo que realmente es el sistema y lo que es la vida. Muchos de los problemas son agudos para la gente y es fácil que adquieran conciencia de ellos, en la medida que puedan liberarse de este mundo de fantasía que la televisión crea en nuestras cabezas.

AGRADECIMIENTOS: A todos los que hicieron posible esta entrevista, y especialmente a Raúl Urrea y Carlos Paez.

Con José Miguel en la memoria.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Capucha



No quedaban muchas horas en el día para parecerse a los otros
La cara le quedaba a uno a la medida
Estaba ahí por antonomasia

La cara le podía llegar a uno a las rodillas
Pero eran estas las rodillas de uno
Así que estaba bien

Si la cara era de raja
Lo mismo

Y si era de palo
Había también que tenerlo incorporado
Latiendo
Endurecido
Por último dentro
Como un dolor

La cara a esas horas era la propia y no quedaba bien pintársela o retratarla remedando a la de las postales
Por que la tarde había entrado tanto en las oscuras ligas
Que no había recurso alguno de reflejarse

La final estaba perentoria delante de los sentidos que se agolpan en un solo sitio
Y no quedaba más que volver a las buenas ideas de la revolución francesa
dejando de lado aquellas amorosas y falsas, esas de amor y fraternidad con vagales
Con provincianas prostitutas y profesores mediocres

Y a todos habimos que cortarles la cara
Y a todos los que nos pusimos los pantalones del rostro
Y nos hicimos dueños de la mueca
Nos la dejamos
Así tal cual

Como trofeo de identidad minúscula
Certera en la horripilancia
En la humanidad
que hierve en la curva y anchura de una nariz tubércula
Triste y tierna
Vencida y enchuecada por los pugilatos

La cara que se debió cortar por padecer de plagio
De utilidad funcionaria de la persona misma
Como para la tele, como para el show
Como bonita para estelar a “cara descubierta” en una revolución burguesa
Sospechosa
La hundimos en una bolsa y la vendimos en las ferias
Al lado de los puestos de las señoras que ofrecen a mil pesos las fotos del Halcón.


En la cintura del retorno leso del retraso histórico
De cara a un futuro confundido con el pasado como copia editada por un viejo manos de tijeras
cirujano estético -nacionalista
Que está ahí para siempre hermosear la faz de la estrella solitaria del emblema

Nos quedamos a esperar venganza

con la cara nuestra de cada día
Esa que se avergüenza de ser portada
Porque sabe que ahí no caben todos

Y nos cerramos a la atractiva banda que aun blandía su rostro prestado
Hediendo complacencia y dulzor
de una forma práctica

Con una capucha
Con una negra capucha sobre nuestra cara.

viernes, 16 de septiembre de 2011

“Dios nos ama y va a matarnos”



Así nos dice Homero Simpson, cuando se convierte en profeta. Un hombre gigante, de barba, amoroso y tierno lo recibe en un spa, llamado cielo. Algunos tras ver esto entendemos que es verdaderamente chistoso creer que algo así es cierto. Que de verdad el creador es un viejo buena onda, que nos quiere a todos por igual y si nos mata es porque nos quiere tanto que desea nuestra compañía.

¿Ustedes se imaginan que el creador de algún tipo de vida en el laboratorio, le gustaría vivir con las cuestiones que creó pegadas al brazo, y que las sacará a pasear al mall, o a un día de campo, o a Fantasilandia, porque son sus bienamados, creados por él, y por eso bendecidos con su gracia?

Guachos de factura guacha, de padres ausentes, de familias monoparentales, o de padres dignos de ser matados, no podemos seguir dándonos el lujo de otorgar toda responsabilidad a un ser invisible, que encarna poderes de dios siendo de todas formas, un humano de talla magnificente y de sexo masculino.

Me irrita. Últimamente me molesta que toda la gente ante la tragedia le de créditos y de “bondad” a este caballero que vive en las alturas. Ese ojo omnipresente. Ese que está en todas partes con la figura fantasmagórica de esta carencia onda que nos aqueja. El padre que abandona, que huye y del que sólo queda su manto de protección como una promesa.

Tan solos estamos, tan perdidos, con tantas ganas de ser importantes para alguien, obviamente superior. Porque no somos dignos antes los ojos de nosotros mismos. Y este hecho me resulta parte de la gran miseria humana.

El “no somos nada” debería siempre ser acompañado del “porque somos todo”. Esos animales mayores importantes que por la sola cuea de estar acá, por el rajazo del big bang, viven.

Partiendo de esta visión vitalista, ganosa de experiencia, libre, en la extrañeza de un palabra que parece ser sinsentido en un universo que mantiene cortapisas sobrenaturales, legislaturas provenientes desde el más allá, jerarquías y prohibiciones de gente que nunca hemos visto ni veremos, podríamos comenzar a hacernos cargo de las infinitas posibilidades que tenemos al ser mortales.
¿Qué haríamos sin la muerte?

Imagínense si algunos ya dan la hora trascurridas un par de décadas. Milenios de diletancia, tiempo perdido mayúsculamente, deseos que pierden toda relevancia, vida que se la ha quitado el afán, la risa, y la ansiedad de descubrir o ignorar.
Dios es malo, dios está muerto, dios nos quiere, dios está aquí, pero fue a comprar un paquete de cigarrillos.

¿Y si ese caballero realmente ninguna de las anteriores, porque nunca ha existido?
Si es como siempre ha sido? Un engaño como el viejo pascuero, para que la gallada se porte bien por el regalo de un cielo sin pobreza? Un futuro allá en la lejanía que se pierde con la muerte y la podredumbre de la carne agusanada?

Si todos de pronto descubriéramos la verdad, tengo la certeza de que las cosas cambiarían. Qué comenzaríamos a vivir con menos miedos. Esos que provienen justamente de las tentativas, de la incertidumbre de lo que no es, de la farsa, de mantenernos firme en la “fe”, en el verde esperanza, que nos mortifica por la posibilidad más cercana, que se huele, de que toda creencia, es una tonta mentira para conservarnos encapsulados y ciegos en un universo plagado de colores y experiencias, vasto y trasparente.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Hacer bien la pega




Hacer bien la pega, no nada más que en la medida de lo posible, es la frase en la que reparo luego de otra saga más en la eterna tragedia nacional. Las FF.AA, que marketean con un supuesto profesionalismo sus campañas para adscribir jóvenes a sus filas, y que se agencia el 10% de las utilidades del cobre, deja bastante claro con sus cagazos que ya suman varios: Antuco, SHOA, y recientemente el accidente aéreo de Juan Fernández, que su instrucción y su implementación son más que deficientes.

Hasta ahora vemos que hicieron bien la pega las mujeres del Consejo de la Cultura que por cometido funcionario debieron incluirse en la tripulación. Pero lo peor es que Galia Díaz fue despedida del Consejo y fue trasladada a una oficina regional por estar embarazada, acudió a la Contraloría para ser reincorporada, y no obtuvo respuesta hasta el momento en el que viajó a 674 kms de distancia del continente, incumpliendo lo señalado en el artículo 206 del Código del Trabajo, aplicable a todas las funcionarias públicas que tienen hijos recién nacidos, y que señala expresamente su carácter irrenunciable. Además, ¿Tenían que enviarlas en un avión de la Fuerza Aérea? ¿Porqué no compró pasajes en la línea comercias que hace vuelos dos veces por semana? Y el perla de Cruz Coke, en su mejor papel protagónico, pone cara de compungido y recauda un 72% de aprobación en las encuestas.

Tenemos a Cubillos, un filántropo que estaba contribuyendo a la reconstrucción de Juan Fernández. Él estaba llevando a cabo la pega que no hizo ni hace el gobierno en las diversas localidades que aún se encuentran asoladas por el impacto del 8.8. Por la buena voluntad que tuvo el empresario, esta conducta fue y es celebrada, pero deja en evidencia un vacío en las tareas que el propio Estado debería tomar como suyas.

Y el más emblemático de todos. El malogrado, que por su exposición pública diaria durante más de dos décadas, ha causado un dolor profundo en bajo Chile, ese cesante, enfermo, sin aspiraciones intelectuales, solo, y por lo tanto necesitado de compañía, que lo llora incesantemente. Felipe, hizo bien la pega mirado de esta forma.

Convenció a su público, quien aún, después de muerto le demuestra gratitud y lealtad.
Porque el trabajo del comunicador es justamente este. Generar lazos de afecto por medio de la tele, algo impensado para quienes reconocemos en ella, un aparato frívolo que genera mediocridad y mentiras.

Decirlo ahora parece a lo menos indolente, pero no puedo dejarlo pasar. Porque Felipe hizo bien la pega, pero bajo los conceptos del espectáculo, porque si hubiese sido genuinamente bajo los propios y que movían a este hombre, hubiese sido referente, incidente en las decisiones tales como la elección de un presidente, o la desaprobación de las termoeléctricas, e incluso ahora, en este momento, y por su memoria, haría tomar conciencia a esa multitud de chusma inconsiente, del valor del movimiento estudiantil.

Porque lamentablemente sí sabemos para quien trabajamos, Felipe les hizo bien la pega, pero la suya, esa carrera que en lo intimo le movía a participar, aunque fuera superficialmente, en asuntos de relevancia y profundidad, fue absorbida por la cotidiana chimuchina, esa que ahora lo plantea como un santo y eclipsa los problemas y su debate en la hora crucial.

Las señoras lo veían como un hijo, lo querían como tal, siendo que a los propios muchas veces los han perdido de vista, ya que esta está fijada en la caja idiota. Las señoras que hoy lloran y se movilizan, se paran de la silla donde vegetan largas horas, muchas veces no entienden las marchas y movilizaciones sociales, por sus propios hijos y por ellas mismas.

El halcón, un personaje de televisión, es entendido como un ser real, porque hizo de forma excelente su trabajo. Y eso no hay que perderlo de vista. Como tampoco que este gobierno se ha amparado en la tragedia humana, esa natural que se vive y se muere, para adoctrinar mediante el shock, la pasividad y la desmovilización de la masa crítica.

Aunque parezca terrible que meta el dedo en la llaga del pueblo, no estoy buscando el bien o el mal, porque siempre he buscado lo mismo. Debelar la trampa, y el dolor, es a todas luces, la peor de ellas.

Con esto no digo que no se sufra, sino que se entienda una sociedad sostenida por la falacia de la televisión, un país que se acompaña y hace familia a través del espectáculo, y peor aún, una moral cristiana llena de contradicciones, que no se separa de la materialidad del personaje y que atribuye a un dios las responsabilidades que deberían asumir los que pregonan hacer bien la pega, pero que son negligentes y descarados.