martes, 20 de diciembre de 2011

La Universidad de la Vida



Es bastante divertido que se me encomiende a mí, la ignara, hablar sobre la educación. Solo este último mes, lo más granado de las mujeres que bordean la treintena no han escatimado en adjetivos tales como rota, ordinaria y picante para referirse a mi persona. Estas señoritas alegan mi falta de rigurosidad, mi poca prolijidad discursiva, que me hace caer en flagrante vulgaridad que, por lo visto, las violenta íntimamente.

Igual me aguantan, y no solo eso, sino que muchos de ustedes son capaces de disfrutar mi ignorancia de adrede. ¿Será que l@s viejits chics, que citan demasiado y que oran como sofista recauchado en la posmodernidad ciberespacial, han terminado por aburrirnos? Es lamentable que no sean disfrutados por miles de ojos voraces, es lamentable, porque seguro todos nosotros, ignorantes y simplones, nos perdemos de educarnos con lo mejor del pensamiento actual.

Lo “picante” suele ser casi siempre lo que evidencia la vida, y a los papaítos y tías culturales zombis (que se alimentan de cerebros ajenos), y que siguen teniendo sensibilidad nada más que en una parte de su cuerpo: el periné, les escuece de forma tan sofocante y enervante que los vuelve aun más endemoniados y agresivamente intelectuales.

Por mi parte y siendo bien sincera, si voy a ponerme estudiosa, prefiero leer a los clásicos, y a los novísimos, sólo sus chambonadas en 140 caracteres si es que cumplen con requisitos básicos como no decirme lo que la educación más o menos formal ya dijo y mucho mejor que ellos.

La originalidad nunca es bien ponderada por los buenos alumnos y los mejores profesores que enseñan lo aprendido. Más bien es valorada la buena repetición de contenidos, el remedo, la reescritura, la religiosidad de una memoria que no atenta en contra de lo “histórico” y “verdadero” de la creación humana.

Lo importante para ser serio, y darse a respetar, es mantener cada una de las letras en perfecto orden y armonía dispuesta por la RAE, y vergüenza de aquellas si esto así no sucede, pues estamos demostrando una debilidad que da cuenta, no nada más que de una intelectualidad decaída, sino de un roce social insignificante. Palabrotas, que aunque juntas puedan darle vida a una idea, son de lo menos indicadas en momentos en donde el respetable, es más respetable que nunca, porque como usuario de contenidos quiere y exige que éstos sean de lo mejor.

Yo recomendaría que si quieren leer sin tener que pasar un mal rato se fueran directo a sandías caladas. Algún tipo de iluminación de Rimbaud, o a algún análisis a Wittgenstein, o si quieren una buena caracterización de la sociedad, a Focault. Como ven, hay para regodearse.

Si lo que les mata es la contingencia, vamos por ese Carlitos Peña, o por las editoriales de La Segunda recomendadas por Boric. Pero en una columna de una mina que sale en sostenes mirando para arriba en un diario que puso nada menos que en la portada y con mayúscula REVELIÓN, no pueden pensar que se puede encontrar conocimientos ligados a la academia.

A mí más que preocuparme de que las instituciones de educación pueden proveerme contenido de “calidad” para una vida adulta “elegante” o “elevada”, me preocupa cómo se nos ha venido educando con el ejemplo a cargo de líderes fácticos y económicos como la mierda.

Ladrones, pederastas, asesinos, mafiosos, y un montón de personajes con conductas de gente bastante “mal educada”, que por no ser “rotaordinaria”, eluden a la justicia, y en términos de escarnio público, bien poco puede importarles, porque ahí los que se atreven a poner la voz de alerta, son los “rotordinarios” genuinos, incapaces de “analizar” en debida forma el cause histórico de tan notables personajes.

El apasionamiento flexibiliza la rigidez de un esquema establecido en contenidos que “educan” formando a conocedores y cultos, casi siempre con el fin de hacer “carrera” para ganar más plata, para tener más minas (la mujer está atada al lenguaje) o ser más caperusos que el chulerío pecaminoso en su inopia cerebral, en su escatología liberadora, en su ordinariez festiva, valiente, llena de eso choricuaco y patente, estudiado y aprendido con éxito en la desprestigiada, pero grande y maestra, Universidad de la Vida. Ese es el el único plantel que defiendo, pues es el motor de cualquier aprendizaje que no se cacarea en más carillas de las que alguien menos latero y más vivito, es capaz de leer.

@karestroika

sábado, 3 de diciembre de 2011

La divina Providencia, de Internet



Escribo esta columna justamente el día en que hace 96 años naciera uno de los personajes más cruentos de la provincia señalada. Si bien se creyó que su muerte lavaría el resabio dictatorial y que podríamos finiquitar la eterna transición a la Democracia, nos dimos cuenta que por mucho que existan WC, la mierda existe no sólo en las cañerías lejanas a nuestra vista, o contaminando los ríos, lagos y mares, sino entre medio de nuestras propias vísceras.

Filas de meretrices jubiladas que volvían a sentir cómo su clítoris se rellenaba del ardiente pus de sus ovarios atrofiados, aguardaban para abrazar el podrido cadáver del genocida. Hordas de viejos secos literalmente como escupo de momia, jovenzuelos criados bajo la casta preferencia sexual de algún Karadima, y unos pocos, haciéndose los de las chacrarillas, en procesión para darle los honores respectivos, en lo que siempre pareció un funeral de Estado.

Nosotros bailamos en las calles, sin entender la mayoría, lo trágico que continuaba siendo todo y que estaba distante de ser un carnaval. Bien se sabe que “Todos los perritos se van al cielo”, entonces ésta no sería la excepción. El abuelo malo se iba bien cuidado por los médicos del Hospital Militar, rodeado de familiares y amigos y causando un impacto que volvió a alimentar el intermitente Pinochetismo.

La detención en Londres ya había dado cuerda a los “dog lover” de la patria y demostraba que la extinción de esta especie estaba sencillamente descartada.
Es así que, de tanto en tanto, las audiencias con estos golpes (de corriente) noticiosos, vuelven a hacer latir el corazón fascista de más chilenos de lo que nos gustaría contabilizar.

Como monos a cuerda alimentada por la irracional crueldad a exprofeso, y en una posta que parece no concluir, los Garín, los Gonzalo Rojas, los Hermógenes Pérez de Arce, los Moreira, los Longueira, los Coloma, los Márquez de la Plata, los Labbe, se apoderan de las tribunas para evidenciar en un genuino show el legado facho-prusiano-latifundista, que por medio del trabajo sucio logró instalar el modelo que hoy permite que esté escribiendo desde mi notebook comprado en cuotas en una transnacional tecki, esta columna.

Lindo panorama progre que hace pasar “piola” ciertos hechos deleznables. Basta mirar los nombres de las calles donde reina la inmundicia de un sistema democrático indecente por lo penca y mentiroso.

Providencia, la divina, con sus monseñores, obispos, próceres de la mugre nacionalista, amigos de lo ajeno, bautizan los tránsitos de “exitosos profesionales”, vendedores ambulantes y limosneros, que conviven en un pastiche social que a la mayoría enorgullece, y que de una forma u otra, es atribuido a la labor edilicia de un ex DINA, que sólo por cosas del destino, se encargó de una labor más o menos administrativa que la de Krassnoff, el ruso torturador, de linaje encargado de la contrarrevolución bolchevique. Enroques del destino que permiten a uno homenajear al otro, que ensuciándose las manos con sangre valerosa, como la de Victor Jara y tantos más, ganose una merecida pena de 140 años de cárcel.

Y es cuando uno piensa en que la revolución de las TICs, nos ha hecho pegarnos la escurriá, y no quedar tan colgados con los sucesos que se manejan en las cúpulas. Porque de no existir Twitter, y su derecha twittera, el movimiento social en la red, los diario electrónico, el blog del Brigadier Miguel Krassnoff con marchas prusianas, la promoción del libro “Cosaco Miguel Krassnoff, Prisionero por servir a Chile” de la “historiadora” Gisela Silva Encina, que incluye carta de la presidencia de la Republica agradeciendo la invitación a la presentación de la “investigación” y deseando éxito, muchos de nosotros nos podríamos estar tomando un shop para la calor en algún boliche republicano en la calle Krassnoff, sin saber siquiera quién es ese que tiene nombre de ladrido de perro, o de tos purulenta.

Porque “homenajes” sobran en Chile como también ignorancia. Porque el supuesto “pago de Chile” sólo le acontece a los que siempre han ganado el mínimo, o que hacen sus aportes en un obligatorio under. Los “poderosos” consiguen sus altares, se apoderan de los espacios públicos, de los símbolos, de los conceptos y ahora, felizmente, de la verdaderamente expansiva internet, que “funa” con los argumentos dados por el propio autor, en una guerra discursiva que es capaz de generar la acción directa, en el repudio a los honores en el “Club Providencia”.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Una refrescante longevidad


(Señora Clara, fotografía Leslie Cerón)

Mi admiración a los más viejos viene dada por la suerte que he tenido en conocer a los precisos. Ya sabemos lo plagado de ancianos maquiavélicos, inescrupulosos, y profundamente egoístas que está el mundo. De esos, los gerontócratas, que se apoderaron de la imagen del ser humano añoso, y en su particular caso también añejo, que intenta conservar sus viejos estandartes por medio de convenciones como que las de respeto a la experiencia, a la historia, y a una supuesta “sabiduría”.

No obstante, mucho de aquello simplemente ha venido a sostener propósitos de usura y explotación por medio incluso de cartas magnas. Y una vez decaídos por las implicancias implacables del tiempo, tienen su As bajo la manga: vástagos, herederos anquilosados en ese éxito a costa de la muerte a perpetuidad.

Pero como los huasos no son sólo los Quincheros, y los ejércitos no son sólo los prusianos, ni todos los jóvenes son los que aparecen en “Perla”, ni todas las banderas responden a un grupo de gente amparada temerosamente en la estructura sistémica de un régimen, no todos los viejos, son viejos de mierda.

Carmen Corena, Juan Radrigán, José Miguel Varas, Víctor Insulsa, Elvira Hernández, Alejandro Stuart, de oídas Gabriel Salazar y Clotario Blest, los anónimos don René y la señora Clara, el conserje y la viejita barrendera de Amunátegui, el tío Raúl y la tía Any, y por supuesto Manuel Cavieses, son alguna de las personas, que distantes generacionalmente de los más mozos, comparten la fuerza y potencia de lo siempre nuevo.

Podemos los jóvenes pecar de ignoracia –y también de soberbia- y no conocer a veces, quienes son estas grandes personas, pero incluso en esta situación, muchos de nosotros nos quedaremos impávidos, enganchados, seducidos, conectados íntimamente con sus exposiciones, con su filosofía, con su refrescante longevidad entrándonos como viento fresco por las a veces trágicas conjeturas y cómodos lamentos sobre el mundo actual.

Muchas veces he caído en cuenta que la comunicación se da mucho más fácilmente con ellos. Que puedo profundizar sin ninguneo, analizar sin miedo a la mofa, abrir mi corazón sin acusaciones de sensiblería, y buscar soluciones con la tranquilidad de que estaré con un aliado y no con un aportillador intentando competir cuando lo que se debe hacer es aportar.

La vida me parece más vital y en momentos de oscuridad completa, he tenido el dulce encuentro con el carisma de un clásico impecable, que no tiene necesidad de engaños ni artilugio, que no está como la chiquillada en busca de fama y pendiente del aplausómetro para otorgar una opinión. Ésta, clara y transparente, tan singularmente segura de sí misma, no teme flexibilizarse recogiendo inflexiones para enriquecerse aún más. Sabe que no puede transformarse en una sentencia, que en contadas condiciones podrá ser intemporal, pues de esa forma respondería a verdades prescritas por los cancerberos de las estructuras que sostienen las “universales” farsas.

Así es cómo uno da cuenta del espíritu cuando ha nacido libre y sano del prejuicio, cuando ha tenido que aprender, sin escatimar en esfuerzos, sobre la vergüenza de las múltiples heridas culturales en las que debemos caer, y seguiremos cayendo, para renacer recargados, en el instinto propio del Fénix.

Un espíritu que sí crece y se multiplica, pero no envejece ni se fosiliza, cubre las canas con destellos luminosos de luna nueva, y lubrica cada rótula, articulación y juntura, para que el cuerpo aún cansado, pueda construir cada mañana el presente, con sus cuantas sorpresas con signos de futuro.

jueves, 27 de octubre de 2011

Profesores vs. Profesores


El descontento, la rabia, la protesta, el hartazgo, el cansancio, la variación, la reconversión. Hemos llegado a ese punto de maduración en donde el peticionismo ha dado un salto hacia la política pura y dura, incluso de aquellos que no teniendo un leguaje de masas ni de consenso, han decidido la acción violenta, en donde hasta el movimiento Indignados queda chico, pues ellos se amurran y se quedan a vivir en un lugar público esperando que algo cambie, mientras están sentados.

Acá la cosa ha sido seria. Los representantes ya se han ido a las Europas, a funar la imagen país, la gobernabilidad, los ranking de macroeconomía, para dejar en claro que el tema de la educación corresponde a una crisis multifactorial, de una nación vendida, ni siquiera al mejor postor, sino por negociados en donde la usura y la mala leche proveniente de una crianza en las Universidades de Chicago, ha hecho bien su trabajo.

Ahora también se han sumado, de una forma más edulcorada, los New York boys, cuarentones expansivos, que entienden el Estado como la administración de la pobreza, y les interesa de todas formas generar ganancias, para asegurar prosperidad en un futuro inexistente, a costa de políticas públicas con restricciones impresionantes en el gasto.

Estos dos entes, son los patrones de comportamiento político en Chile, hasta ahora. Mientras unos juegan por el bando de los empresarios, los otros aún diciendo que no son de la misma camada, apoyan esta situación, y la profundizan al negarse a invertir dentro del terruño.

Más gringos que los gringos, han impuesto un modelo de “éxito” personal e intransferible que ha estimulado el diseño de mallas curriculares en Universidades chilenas que intentan reproducir infinitamente el modelo enseñado a estos próceres de la patria 2.0. que van desde sus negocios personales y legitimas aspiraciones, hacia sus decanatos en alguna Facultad, ampliando el FUA nacional.

Estos profesores del seudo-neoliberalismo, no se esperaban que unos chiquillos, que son tantos, se dieran cuenta y no sólo eso, sino que salieran del aula a la calle y seriamente originaran una ofensiva, un estallido social, una lucha de clases entre este 99% y ese 1% de los dueños de Chile que le hicieron un huequito a los “meritócratas” que tanto se han esforzado por democratizar, o flaitear, en diarios, programas como T0, carteras ministeriales y auditorios, los valores del mercado.

Ahora es cierto, los jóvenes han hecho buena parte en esta batalla por la igualdad cultural y económica, pero falta una pata realmente importante.

La de los profesores de enseñanza básica y media, los de 44 horas semanales y 45 alumnos en la sala de clases, aquellos que hace muy poco salían a la calle exclusivamente por el bono SAE, o alguna reivindicación de un par de monedas, siendo vistos por varios como simples “gana panes”.

En ellos, en resumidas cuentas, recae la responsabilidad de radicalizar y enraizar el cambio. Porque estos profesores, que obligadamente han caído en decadencia, son los que se han trasformado en la carne de cañón de un sistema que no permite las ideas propias. Donde se exige ser un alumno, es decir, un ente sin luz, que recibe enseñanzas de un profesor que también es un alumno, y uno bueno, porque sólo enseña lo que dicen los planes y programas gubernamentales, o las instituciones privadas o religiosas.

Así los verdaderos pedagogos, los Carlos Peña, los Joaquín Lavín, los Patricio Navia, los Andrés Velasco, los José Piñera, y tantos otros filósofos y pitonisos de la economía, tienen carne fresca, siempre educada bajo el manto de una ignorancia dirigida, una vez que llegan a la gran panacea: La Universidad. De esta forma aseguran un público infantil, tierno, verde, necesario para las vacas sagradas que rumian eternamente contenidos intragables para un ser humano integro y pensante.

Es por eso profesores de Chile, hagan su aporte en la clase. Investiguen materias vetadas y solapadas por los discursos del poder, hagan la verdadera revolución del conocimiento. Ciertamente ganarán lo mismo en el corto plazo, pero estarán creando personas que no dejarán que siga extendiéndose el cáncer del beneplácito a esa supuesta sabiduría de quienes sienten que el mundo está en sus manos.

Esa es en esencia la buena educación que podrá brindar para que usted no siga sufriendo el flagelo de los maestros de la mala educación, una que tiene a la sociedad mundial sumida en la desesperación y la visión cortoplacista del consumo.

Nuestros tontos políticos



Nada de lo que digo es un descubrimiento, pero siempre es buena la majadería en casos como este. La política es la más patética y mediocre de las expresiones del hombre, de uno que no teniendo talento para destacarse en nada, echa mano a la cofradía, a la pandilla de amigotes tan pencas como él, para mediante una máquina conseguir lo que de forma natural, no se les daría tan fácilmente.

“La política es el campo de trabajo para ciertos cerebros mediocres”, nos dice el viejo Nietzsche y si a eso le sumamos que “Un estómago vacío no es un buen consejero político” según Einstein, tenemos una horrible mezcla entre políticos limítrofes en escena, y asesores hambrientos como lobos, dando consejos “perspicaces” tras bambalinas, por la pura vanidad de estar cerca del poder.

Asco me dan los políticos, repugnancia, ganas de escupirlos. Estos que están ahora y han estado siempre, porque las ganas de “gobernar”, de “consensuar”, y hacer transas beneficiosas para el bolsillo izquierdo y de espaldas a los ciudadanos votantes, no es cuento nuevo.

Adolescentuchos que una vez frustrados en sus ambiciones y sueños, comenzaron a la mala y bajo el filantrópico rótulo de “servicio público”, a ser becados por el pueblo para realizar las más estúpidas concesiones a sí mismos. Las frivolidades más absurdas, los “gustitos” más inconscientes.

Y no porque uno no lo haya hecho, sino porque lo hacen bajo el solapamiento de “por el pueblo, pero sin él”. Por eso estoy ahíta de esta gentuza miserable, y de cualquier idiota que sabiéndose tal, deba darse importancia por medio de alguna estructura anquilosada en la costra proletaria.

Si bien ya no se puede hablar de una clase obrera, somos miles los que hacemos nuestra vida a la antigua, con hijos y un oficio al cual le tenemos cariño. No somos pobres, pero queremos dejar la tonterita individual, el troleo, y todos esos sucedáneos tecnológicos, todas esas visiones pos modernas, edulcoradas de la verdadera lucha de clases.

Ya no es cool tomarse un copete con uno de estos sátrapas, si es que para alguno, alguna vez lo fue, principalmente porque no es posible entablar un diálogo inteligente. Como cualquier winer intentan venderte algo, que ni siquiera ellos saben realmente que es.

Los políticos de hoy, los de la nueva generación, Lagos Weber, Girardi, o Meo, sufren de tantas enfermedades degenerativas, como el más viejo de los gerontócratas. Los excesos, sobretodo de impudicia, del juego de palabras ingenioso, basado de una pastillita para la mente, de la grotesca afición por calentarle el pichi a la hija menor de la pobladora, o a la periodistuchita de turno, o a la alumna en práctica que los entrevista para la tesis, los ha convertido en un mamarracho, que pocas veces hemos visto con tanta intensidad, ni siquiera en los rockeros y actorcillos de poca monta de la ciudad puerto.

Vemos que los que se sitúan en su investidura, con el sentido e importancia que tiene cargar con el poder donado por los votantes, son capaces de realizar una buena gestión. No puedo no ver lo que ha hecho Navarro, que comenzó de atrás para adelante, pero que por fin ha dado en el clavo.

Si en este momento el poder no transita es porque está acaparado por cerdos bullimicos y limpios que no consiguen engorda, ni satisfacción. Que están tristemente enfermos tratando de parchar sus vacios con pésimos argumentos, por lo evidentemente falaces que resultan, y peores métodos para conseguir la ansiada “autoridad”.

Al parecer la herencia política que dicen acarrear, no la han entendido. Es por eso que ahora “para el pueblo y con el pueblo”, se debe decidir que no es posible entregarle el poder a una sola persona, incapacitada inclusive, para entender de qué se trata su tarea.

jueves, 20 de octubre de 2011

Bien hombres para sus cosas



En séptimo año básico preparamos un acto para celebrar el día de la madre. Entonces un compañero compuso una canción, en ese tiempo estaba de moda Keko Yunge y Pablo Herrera, que decía: “A ti mujer ¿Por qué no lloras por las heridas? Que trabajas todo el día, a ti mujer” eso se repetía por los 3 minutos que duraba la canción, con charrangueo mediante.

No digamos que fue la calidad de la canción la que la hizo inolvidable para muchos de nosotros, sino su mensaje. La victimización del rol femenino en la modernidad, ese estoicismo que hasta a un niño de 13 años le era sorprenderte, el aguante quizás de su propia madre, que debía trabajar doble y triple jornada, lo hacían cantar sin pudor con su voz púber lo que para él era un drama incomprensible.

La historia tiene grandes mujeres, sin embargo las que se recuerdan en Chile de forma popular no son las que han cargado con esta tremenda cruz de ser las compañeras solidarias, las trabajadores incesantes, las jefas de un hogar monoparental.

Por ejemplo, ya tenemos la segunda versión de La Quintrala, mujer mala, maquinera, colonialista y racista, por lo bajo, que deja muda a la gallada, que comparte con ella la devoción por el santísimo en una iglesia siempre llena de prejuicios y contradicciones, que a la larga continúa en la controversia. De hecho por estos días una mujer de la farándula, Lucila Vit, fue expulsada de una misa por el sacerdote Marcelo Gálvez de la iglesia de San Francisco de Sales en Vitacura, ya que ésta llevaba puesto un microvestido.

Es así como las “bondades” del sistema liberal, se gibarizan al enfrentarlas al sistema de creencias y moral cristiana que están sumamente presentes en la sociedad chilena.

Tan metidas, que incluso la primera presidenta, separada, con hijos de distintos padres y agnóstica, era vista como una “madre”.

Es así como la dicotomía entre las madres y las putas, sigue estando siempre presente aún del supuesto progreso y la igualdad entre hombres y mujeres. Por ejemplo, “señora” o “señorita”, que diferencia a una mujer casada de una soltera, no tiene una versión masculina, pues todos sin importar su estado civil, son señores.

Pero volviendo a lo que se valora o se recuerda de las mujeres, lo célebre, es la maldad. Para mi cumpleaños, Bruno Sommer,director de El Ciudadano, me regaló el libro Malas, una antología de cuentos provenientes de la época romántica, que hablan de mujeres perversas y con poderes demoniacos que utilizan en contra de los hombres, sobretodo en situaciones con un alto grado de confianza.

Las cabronas, esas mujeres que por su fuerza y cálculo se hace implacables, convirtiéndose en tiranas, y manipuladoras de todo su entorno, fueron y siguen siendo las mujeres alabadas, respetadas y hasta admiradas por los hombres.

Tanto es así, que son vendidos como pan caliente los manuales que enseñan a ser cabronas. Testimonios reales de mujeres buenas que les va mal en la vida, y que una vez aburridas de su suerte, comenzaron a ser malas, y como un milagro demoniaco, comenzaron a ser valoradas y exitosas. Como si la Carmela misma fuera la que se convierte en la Catrala.

Es bien triste negar una cierta naturaleza para tener que amoldarse a una fórmula de satisfacción garantizada. Y grave es que las mujeres malas sean las únicas que la sociedad falocéntrica respete y recuerde precisamente por ser bien hombres para sus cosas, doblegando al mundo con su dominación por medio de humillaciones y arrebatos de fuerza.

Un dieciocho chico a lo grande



El profesor Banderas de Sazie, en sus momentos de malsanoesparcimiento me decía en códice “Usted no lo diga, pero yo sí porque soy hombre” que las minas, entre las que me contaba, eran “como huasas pal pico”. Fue de eso que me acordé cuando estaba frente al She’s cock, una ramá que ofrecía el shot de tequila a $300, dejando la garganta preparada para cualquier tipo de incidente.

En medio del jolgorio de ese grupo étnico que viene salvándose del odioso éxodo campo-ciudad, culpable de todos los males modernos, se gozaba, a sus y mis anchas, de los males antiguos, cuando el tiempo era tiempo, o sea viejo para nosotros, pero aún y continuamente nuevo para ellos, los huasos y huasas (guenas pal gueno) que habitan por los interiores de esta larga culebra llena de veneno llamada Chile.

Haciendo uso indebido de un cuanto hay: copete, música, vestimenta, modales, juegos, excreciones, palabras, animales, de alguna forma ajusticiaban al “buen salvaje” que los convirtió en inquilinos, y en distintos tipo de criaturas en labores del campo para beneficio del futre.

A diferencia de la raza indómita, del indígena puro, este sujeto social huacho, ignorante y pobre, con raíces donadas por sus amos, fue la carne de cañón que debió salvaguardarse en la mansedumbre y estupidez clásica de quien tiene miedo y necesidad. Como un perro debilucho, que no generó el aliento rencoroso y autodeterminado del vago, se ha aguachado históricamente al lado de quien puede darle sobras, pero también patadas.

Así y todo, tiene su venganza. Es a sí mismo una construcción dotada de variaciones e inventos, un ser de una naturaleza tan espuria, que como un papel puede escribirse a la manera libre aún siendo analfabeto, logrando en muchos casos, con letra clara y pulso decidido, un “pico pal que lee”. Sucede entonces una rareza. La libertad se da justamente con el garrote marcado en el lomo. Ha sido abandonado como a ese quiltro que a nadie le importa, pero tiene la gracia de tener ruta propia, e incluso su clan, de igualmente despojados, en donde guarecerse.

La cultura no les ha entrado, ni siquiera con sangre, como tampoco uno pudiera pensar, la religión. La ley esta dada por el estilo, por el sello, por la marca personal. Cada uno se ha hecho a sí mismo. Y si todos bailan al son de la cumbia ranchera, todos lo hacen con un paso propio, que jamás vieron ni verán en los programas juveniles. Porque la alegría de los huasos y las huasas, no se televisa. Su ropa no es tendencia más que para ellos, como individuos. Nadie se viste igual al otro, ni toma, ni fuma como el de al lado. Así convivía el paso del delgado y macho cincuentón con un pañuelo amarrado al cuello, jeans negros con cinturón de hebilla ancha, con el viejito de terno negro, y el caballero de gorro alone y chaqueta de lino blancos, el mozalbete de chaqueta de cuero y camisa a rayas, y las mujeres, todas destacando su beneficio como huasas que son.

Y ahí bailando con el muchachón Cristóbal Felipe, de 23 años, entendía que el orgullo racial era justamente la envidia a la libertad de no tenerla. Porque ese cabro con pómulos de indígena, pelo de cholo y porte de patrón, tenía cancha tiro y lado para ser cruel como un bárbaro, fuerte como un polinesio, divertido como un brasilero, canchero como un argentino, borracho como un vienés, sin ser ni siquiera chileno, pues distinto completamente a sus valores republicanos y sus aspiraciones de educarse gratis, en una ciudad que homogeniza con su trastabillar civilizarte, con su polución y podredumbre, con su reverberar en el área de servicios, bailaba y tomaba en el pueblo, su pueblo, del cual no pensaba moverse ni cambiar, para seguir en la misma; esperando la pichanga, el paseo al río, la cosecha, el dieciocho, el dieciocho chico, en una diletancia feliz, con olor a humo, a churrascas y ponche de durazno.