sábado, 11 de agosto de 2012

Asistencialismo vs Populismo


El estado es la administración de la pobreza y en cuanto a eso no hay nada más que discutir. Como las instituciones de caridad inspiradas en diosito, les es útil mantener un amplio rebaño o res-pública, con el fin de ser necesarios en la misión de “salvaguardar” la vida a medio morir saltando.

Los “más necesitados” lo son porque resultan imperativos en el argumento de su propia existencia. Y es así como en vez de repartir las riquezas del país en el derecho soberano del respeto y sustento de la tierra en que se habita, se dedican a mantener el status quo, el saqueo y la división de clases.

Independizar al pueblo de la mediocre “ayuda” que depende de los “esfuerzos” que dicen los personeros, hace el gobierno de turno, haría innecesaria la representación del voto en la patética puesta en escena democrática. Esa que se utiliza para renovar el triste contrato social que cede el cuerpo político de cada quién a un “representante” que se encargará de conservar las mismas lógicas de “asistencia”.

Un estado como el nuestro que se dedica a administrar la pobreza y a servir de plataforma para que los más ricos lo sean aún más en  el obsceno y exhibicionista hábito de la  transparencia que ventea sin pudor leyes tributarias, licitaciones y patentes de desparpajada podredumbre, no tiene en carpeta poner a disposición de los ciudadanos las fórmulas correctas para concretar el verdadero desarrollo.

Siempre he pensado que si tuviéramos una sola vez en nuestra vida republicana, esa que tanto enorgullece a quienes se autoproclaman estadistas , un gobierno populista con todo lo que ello implica, muchos trabajadores y trabajadoras comprenderían lo que es ser habitante de una nación pues probarían los beneficios que dota pertenecer a un país.

El asistencialismo, los bonos, las migajas, el chorreo, han sido el impulso para caer en un espiral desventurado de no-ciudadanos esclavos que en su destino tienen a “un amigo en su camino”, un “Techo para Chile”, un “fondo solidario” y a un Joaquín Lavín repartiendo frazadas a los indigentes de la capital.

Esta realidad moral nacional es la que causa el clientelismo político. La venta de voluntad de voto a raíz de la enorme carencia que no permite más que la mirada cortoplacista del hambre que se tiene a la hora de almuerzo y del frío al caer la noche.

Es así perfecto para quienes detentan el poder que al llegar el periodo de elecciones ellos puedan vincular su representatibidad por medio de cajas de fideos y computadores viejos.

Quienes no estábamos interesados en estar dentro de este vulgar juego, simplemente no estábamos inscritos, pero lamentablemente el voto voluntario nos ha incluido, dirección publicada mediante, en los registros del SERVEL, sin haber cambiado las reglas, manteniéndonos decidiendo en el marco binominal.

Al llegar este nuevo votante que tiene claro cómo es utilizado el rebaño res-público, los políticos han comenzado con nuevas estrategias que intentan responder a otro tipo de necesidades que escapan a los ofrecimientos materiales.
Por ejemplo las de orden de derechos individuales. Vemos al ministro Beyer en una marcha por la igualdad, dado que entiende que los estudiantes, que siendo pioneros abrieron el tema de las libertades sexuales con movimientos o tribus urbanas como los Pokemon u Otaku, hace algunos años atrás.

Lamentablemente para él, y tantos otros,  nosotros no exigiremos nada para darles nuestro apoyo. No estamos interesados, no somos clientes de su política porque no hay ofrecimiento alguno del cual podamos dar crédito.

Nuestra misión es hacer entender que el modelo está caduco porque representa el anquilosamiento de la mediocridad, de la falsa caridad y la asistencia cuando lo realmente necesario es hacer que nuestro pueblo se independice y por su cuenta con leyes justas y redistribución de los recursos naturales, se arme y comience a politizar su propio espacio, a crear sus lógicas para participar siendo un activo que no requiere de representantes chantas que no conciben de una forma digna el poder que detentan. ¡Nosotros debemos enseñarles dignidad! Aunque esta sola frase sea motivo para que ellos nos acusen de populismo. 

La venganza de la ley o la justicia de clase


Mi hermano está estudiando Derecho en la U de Chile. Por eso se vino de Talcatraz a la capital donde yo ya estoy hace dos años trabajando incesantemente sin aún poder moverme de este centro de producción para tomar un respiro. Gracias a que como buena hermana he intentado ayudarlo en las labores de estudio, me he adentrado en la concepción del derecho y de la ley. Claro, muy somera pero significativamente.

La otra noche nos quedamos haciendo el trabajo: Estado y Castigo, consideraciones sobre la Ley Hinzpeter, para lo cual tomamos a Kant, Marx, Jakobs más aportes de Focault, Recabarren y Mayakovski.

Y cabros, lo que me quedó claro como el agua, a pesar del hardware defectuoso, fue que el Estado es el mito fundacional de la sociedad de clases, amparado en un marco legal que no es otra cosa que una justicia estratificada, en tanto sirve para la protección del propietario.

El contrato social que se firma mediante el voto para la elección de representantes, nada más confirma esta situación que asegura la administración de la pobreza en la forma de asistencialismo, y la venta y saqueo de los recursos naturales que son entregados en la más trucha de las maneras, haciendo eco de un marco legal que solo pueden crear, entender y aplicar los poderosos, que por lo mismo lo son en un círculo vicioso que deja afuera a los verdaderos soberanos del territorio.

Las leyes son la cara interna del poder; la cara externa es la violencia, la cual es empleada en el clamor ciudadano por justicia en las calles, al ver pisoteados sus “derechos” a causa de las mismas leyes que lo violan. Por eso mismo el Estado también posee esta cara externa en la forma de FF. AA. Ahí se entiende el drama de la UP y por supuesto nuestro propio drama en la represión que se hace del pueblo que por medio de la protesta pública hace uso de la violencia como única representación de poder, al no tener un discurso considerado para generar un marco nuevo de legalidad y justicia esta vez no de clases sino que social: una nueva y necesaria Constitución.

La ciudadanía sale a la calle a raíz de la insolente injusticia que roba para su enriquecimiento lo que a todos como nacionales nos pertenece. El Estado protege a los propietarios, que no son más que ladrones de esa soberanía. No es extraño entonces que los mismos políticos sean quienes han ocupado como plataforma al Estado para hacerse ricos y robar lo que no le pertenece sino a la naturaleza y por consiguiente a los naturales que ahí viven.

La ley Hinzpeter plantea el miedo que tienen los poderosos de soltar la teta. Les da terror tener que comenzar a cambiar esta administración de la pobreza por la redistribución de las riquezas. Temen el poder del pueblo en las calles como consigna de agotamiento de la estructura y por consiguiente lo reprimen duramente, pues ellos hablan de paz social justamente cuando van ganando la guerra.

Pero no parece muy lógico que se requiera de pobres en una sociedad, diría alguien muy bienintencionado. Pues bien, mantener a los ciudadanos en esta posición de desmedro, sin contar con lo que en justicia les toca, los obliga a permanecer en el rol de trabajadores asalariados que abultan aún más sus negocios hechos con nuestras materias primas.

Sí, es para llorar y sino, para colocar las estúpidas bombas en los más estúpidos bancos, en señal de que sino podemos realizar una constituyente, por lo menos podemos rebelarlos y tomar para nosotros ese poquito de poder que se revela en esa estridente detonación. No cambiará nada, a lo más nos mantendrá excluidos, confinados en una sucia e indigna cárcel, pues ellos no intentarán siquiera reinsertarnos, pues a ellos les conviene silenciar a este enemigo “interno” y vengarse por medio de la ley, de su insolente afán de recuperar lo que ladrones de cuello y corbata le han robado al pueblo.



Nadie engaña a la señora Juanita

Casen, o mejor dicho “cazen” a otro incauto, pero no a ese que por nacer sin herencia ha tenido que vivir con las migajas de una gran panadería donde el pan se enmohece y pone duro en los escaparates a vista y paciencia de los hambrientos.

A la señora Juanita no se le engaña. Ella sabe bien lo que cuestan los huesos carnuos y la harina, el té la rendidora, la manteca. Conoce como ha subido el kilo de papas y la chuchoca. Tiene los mismos problemas, aunque seamos nación de la OCDE, de los pobres narrados por Recabarren.

Ella sabe, ella entiende aunque no sepa ni un rabo de estadísticas, que la Casen miente, que mienten los políticos y que los empresarios son la misma clase avara que le ha arrebatado no solo su bienestar sino que su identidad al jugar con ellos como si fueran una jauría de dóciles perros galgos, que entre más flacos más útiles para correr en su miserable carrera por subir en las encuestas.

Porque los pobres son capital político, son discurso de sandía calá, son razón de existir de la iglesia, y de toda institución que por medio de la ley viola el derecho humano de vivir en igualdad, slogan que recordarán por supuesto y que hizo suyo el tótem concertacionista, Lagos Escobar.

 Los pobres existen y continuarán existiendo para el beneficio de los ricos que a todo evento les sacan provecho. Los pobres de Chile en su ignorada ignorancia viven sin recurso alguno ya que todos, partiendo por los naturales, han sido robados por la clase dominante a vista, paciencia y colaboración del Estado que privilegia y propicia la acaparación y concentración de las riquezas en un evidente afán de mantener y promover la sociedad de clases.

La sencillez es respetable, y siempre lo ha sido. No así la miseria. ¿Pero donde está la miseria? Quien perdió el respeto al charquicán, es quien reprodujo la desesperación y el asco. Ahí, en los débiles que cayeron en el robo suntuario e institucionalizado, en la burguesía burócrata que da órdenes de allanamiento a las comunidades mapuche, en esos los soldados del ejercicio del miedo a sí mismo radica la verdadera miseria. Y todo lo que de ahí provenga aunque creyéndose bueno, filántropo, caritativo, solidario, no es más que la mascarada del demonio capitalista que ha destruido al ser humano y todo habitáculo, toda memoria, toda dignidad.

La señora Juanita lo sabe, y prefiere ser honesta. Quizás sus hijos presos de la única educación posible, la del consumo, se han especializado en el oxicorte, la estafa telefónica y el alunizaje, pero en realidad ahí no está la verdadera pobreza, esa que tan bien ha sido retratada por la obra de Radrigán, esa incapaz de rebajarse, de ensuciar sus manos con venta de droga, esa que tiene cara de mujer, de niño entibiado frente a un brasero, de hombre de manos con olor a tierra, que trabaja como buey por un sueldo de hambre.

La pobreza sí tiene dignidad, porque no se ha vendido al deseo feroz de antropofagia. Sin embargo no por eso quienes hemos tenido más suerte por venir de una casta que ya lleva su segunda generación con zapatos, debemos aceptar su realidad.

Hay que luchar para acabar con la justicia estratificada, esa plataforma discursiva de los poderosos que mediante la mismísima Carta Magna han postulado la economía maléfica, provocando que aunque crezcan mágicamente hamburguesas con queso doble en el desierto, que llueva café en el campo y caiga un aguacero de yuca y té, exista la señora Juanita y el hambre de todos sus hijos, hijas y nietos, que la han condenado a la soledad y al desequilibrio.

Esa es la miseria que debemos combatir. Esa artificiosa que surge del egoísmo bizarro de quien innaturalmente prefiere botar la comida antes de repartirla, que prefiere la máquina al ser humano, y en definitiva, siempre escoge la muerte por sobre la vida.

Por eso “cazen” a otro incauto. Sabemos muy bien que esos numeritos no hablan y pueden ser torturados en el silencio de una oficina pública para el deleite de este malgobierno, que como el anterior se empeña en manifestar abiertamente su burlesque mediocre e indignante.

domingo, 10 de junio de 2012

Peras al Olmo


Pedirle peras al olmo es una perdida de tiempo. Si bien la vida misma en las condiciones a las que esta sujeta parece obligarnos a malgastarlo, hay varias formas de hacerlo más interesantes que empeñarse en que el olmo se ponga a dar peras, o que el Presidente proponga y haga lo que en evidencia el pueblo propone y exige. Hay situaciones sociales que por lo anquilosadas que se encuentran, parecen ser verdaderas leyes físicas ininmutables.

No vas a convencer a un flaite de que la sopaipilla es un peinado desopilante y horrible, o que salir con pistolones en las fotos los delata de cualquiera de sus temerarios actos. Sería lo mismo que explicarle a un shuper que sus pelmazos bailes y su idiota jerga “random” apesta a pocos minutos de desplegarse con elegante abajismo.

El poder es el poder, y con respecto a éste podemos solo someternos si no somos capaces de ejercerlo y traspasarlo para que sea lo que originalmente es, un medio y no un fin, para conseguir cosas buenas para el mundo.

Pero estos buenos deseos sacados de tarjeta Village, se han extinguido igual que la ídem, y ya todos tenemos más que claro que el arte de la política ha culminado en la patética representación de políticos que sin tener nada más útil que hacer con sus mediocres vidas se han desatado generosamente en una vergonzosa puesta en escena que nada tiene que ver con  generar soluciones a los problemas originados por la obligatoria vida en sociedad.

Cae de cajón y lo sé. Tenemos a la vista que los políticos no generan políticas y que esto le conviene al show business de los medios de comunicación, las empresas, los comandos y partidos. Después de todo nos gusta, sin tener muy claro que fue primero, el huevo o la gallina, y el espectáculo desplegado en torno a estos decadentes representantes de la voz del pueblo, es un bien de consumo.

¿No será que la voz del pueblo está igualmente decaída? No, dirán los que se sienten orgullosos de las incontables marchas, de los mata pacos y las proclamas estudiantiles, igualmente espectaculares y obviamente también convertida en un bien de consumo dentro del mercado de lo “político”.

Se advierte que esto está de moda, y sólo eso, cuando en efecto podemos ver que la voz, el discurso del pueblo y más aún su práctica está tan decaída como su representación en la forma humana de “políticos”. 

Cuando lo veo a usted sin saber comportarse cívicamente en el metro, donde se queda parapetado en el poder de ir pegado a la puerta cuando se baja 15 estaciones después, cuando se arrastra frente al jefe que lo amilana con solo una mirada, cuando decide comprarse un auto con 5 puertas para ser más bacán,  cuando bota al perro o al gato, o cuando se siente mejor viendo al otro ser cagado por la polola, despedido del trabajo, asaltado “por weón” en una pasarela,  uno se da cuenta que esperar que tu representante te represente fuera de la norma cotidiana de tu propia actuación, es pedirle peras al olmo.

Sabemos o intuimos que la sociedad es una farsa de los centros de producción para colocar la mano de obra en un solo lugar, siendo devenir  del drama éxodo campo-ciudad, de las necesidades crecientes y un aburrido etcétera que ha construido esta familia hacinada que se odia y se abusa, pero que hipócritamente y sobretodo por miedo, permanece unida, con líderes gestados a imagen y semejanza  de la imperfección, mezquindad, cobardía y deseos de “humanidad”, de diferenciación y valoración de supuestas cualidades excepcionales.

Por eso, si queremos que las cosas cambien, en primer lugar asumamos que somos espejo de los otros y que al haber finalmente accedido a esta argamasa de miserias sapiens no podemos esperar que la mierda huela a gloria. Esto antes para comenzar a intentar abrir los ojos desde un ángulo menos frontal que contrapone pechito con pechito y ombligo con ombligo en un baile que gesta aún más bocas con discursos y prácticas decadentes. Quizás sólo así por fin podamos cultivar el ansiado campo de perales y alimentarnos de sus dulces frutos.


“Rico bueno, rico muerto”

Así era como mi nonagenaria Mamita Ana me chantaba las cucharadas de comida. Una dona trena puchito de paco, carita de macaco. Y una a una, con una velocidad contraindicada por cualquier pediatra, iban llegando a mi boca. Era mañosa, como ahora, y había que hacerme algún showsito, como ahora, para que accediera. Desde ese “tierno” gesto me comenzó a quedar la idea de que los pacos eran unos macacos.

Confusión o la más pura verdad con la que crecí entendiendo aquello, aun de tener un abuelo paterno de verde uniforme y patrióticas carabinas haciendo algo más que adornar mi árbol genealógico. Hace poco por un entuerto difícil y estúpido con el pase escolar de mi hijo, debí ir a una Comisaría a dejar constancia de su perdida. Fue ahí cuando uno de estos “amigos en su camino” entrego en manos del niño una revista institucional, la cual he revisado hasta el hartazgo.

En su edición de Aniversario, recordaban la gran proeza de todos los tiempos: la defensa de Juan Pablo Segundo, el Mensajero de la vida y peregrino de la paz en su visita a Chile en plena Dictadura. El despliegue impecable y la conducción a sangre fría del papamóvil, la dispersión de las protestas y el místico mensaje “El amor es más fuerte” estaban en un reportaje no muy concienzudo pero sí muy democrático, con el fin que cualquiera, sí, incluso un macaco pudieran entenderlo.

Los peones del Estado, castrados lingüísticamente, y por consiguiente, ideológicamente para hacer cumplimiento del imperativo de “orden y patria”, eran informados en las páginas en couché de sus beneficios como uniformados. Caridad pura y dura de quienes como funcionarios públicos desclasados deben acatar las condiciones de la estructura con míseros sueldos.

Becas para sus hijos que no alcanzan más que el nivel técnico, y un concurso de pintura que en sus bases obliga a hacer la obra con la inspiración basada en la actividad del carabinero en la comunidad, que para colmo no especificaba el premio, diciendo que “será un pasaje para el grupo familiar a un destino dentro del país que se verá en su momento”.

“Paco bueno, paco muerto” es una frase que tomó aún más sentido con Bernales, pero que encierra que traicionar al pueblo, siendo los perros guardianes de la oligarquía, pocas veces trae signo de bien. Y en evidencia.

La revista de la misma institución promete seguridad para el carabinero colocando una infografía donde aparece un FF.EE, como todos regordete, modelando la armadura bajo el lema “Para que no te pase nada”. Ciertamente es una preocupación caer en la lucha cuerpo a cuerpo que se da en las calles.

Cuando explico y hago ver que la violencia es del Estado que en las poblaciones da las acotadas opciones de paco o ladrón, muchos me dicen que no debiera ser así de benevolente. Que no debe haber compasión por quienes han decidido llevar la carga de garantes de la propiedad y la defensa de los poderosos. Sin embargo, me queda siempre la duda si se podría realizar un trabajo con ellos como con el lumpen y la esperanza de las esposas protestando por aumentos frente a La Moneda y en de Pé a Pá, además del desparpajado y exhibicionista Ripetti.

“Ni los obréricos, ni los paquíticos tienen la cúlpica señor fiscálico” son las alumbradas palabras de la Violeta. Y sí, los pacos no saben lo que hacen al igual que los soldados que atravesaron de un lanzazo al flaco de la cruz.

Ser un matapacos, un luchador centrado en el combate con estos simios de uniforme, quizás es perder el foco de la lucha de clases, pues estos también son trabajadores asalariados, que en su desclasamiento y ausencia de ciudadanía como actores pensantes dentro de la sociedad, quedan aun más relegados que cualquiera de nosotros.

Las poblaciones o guetos de pacos son y seguirán siendo pobres, aun de que las viviendas fiscales aminoren la carga económica. En las últimas páginas de la revista se mostraba a una rolliza mujer con cara de desesperada ilustrando una infografía que daba consejos para llevar una dieta saludable.

 Se me vino a la cabeza el “ula ula, los pacos tienen tetas, las pacas tienen tula” y sentí una enorme lástima. Darlos vuelta quizás sea una hazaña difícil, más que tirarles una molotov a mansalva, pero seguro daría más frutos en la verdadera lucha social, donde el verdadero culpable es el poderoso. Quizás debiéramos rayar las murallas con un seco “rico bueno, rico muerto”.

domingo, 29 de abril de 2012

Los Dueños de Casa

No es por ofender, pero la figura de la “dueña de casa” siempre me ha parecido vomitiva. En primer lugar porque es un decir y no una realidad. La mayoría de ellas no son dueñas de nada, sólo de su obsesión por lo doméstico y por las reglas que han impuesto en ese mediocre reino, como moneda de cambio por su, muchas veces autoimpuesto, cautiverio.

 Una vez escuché que la política comenzaba ahí, en la dueña de casa y sus reglas de mierda que parten por limpiarse bien los pies y no fumar en el living. Y que luego de eso, viene el asalto al poder en los municipios, desde el Aseo y Ornato, Seguridad Ciudadana, Control de Plagas y una sarta de menudencias que fácil se lograrían coordinar con una buena organización vecinal. Pero no, está el dueño de casa, o la dueña de casa, que le gusta dirigir el tránsito como paco raso, para tener una cuotita de poder acorde con una ambicioncita de poder, que no se fija en ningún futuro sino en un presente represivo y conservador de las buenas maneras, que seguro aprendió en la casa-fundo donde pasó cada uno de los veranos de la infancia.

 Este es el Alcalde u Alcaldesa, un señor o señora, preocupados del tejemaneje de una comuna que tratan como fundo, feudo o casona colonial, en donde imponen sus ideologías, pero no de forma ideológica propiamente tal, sino que práctica, y justamente he ahí el problema. Esta base política que les da atribuciones, y en donde se sientan los culos de estos verdaderos patrones, es la que hace que el avance sea impensado hacia una política autogestionada o con mayor autonomía, obviamente que no para ellos, sino que para el pueblo.

 Acostumbrados los “ciudadanos” a ir a las oficinas de los municipios, a reunioncitas con el alcalde, a “exigirle” de esto y de aquello, los ha alejado de las soluciones que ellos mismos podrían crear con un poco de ingenio y creatividad. Así, el mal de la política se ha instalado desde este primer escalón hacia el poder: El clientelismo.

 Los mejores amigos de los alcaldes, terminan siendo los paquetes de fideos, los trabajos al mejor estilo Pem y Pojh, y esos títulos de dominio de tierras que con suerte podrán sostener una media agua. En Valparaíso cómo olvidar a Pupy, el alcalde regalón de los cerros, que dio a manos llenas tierras de quebradas en donde se construían casas que al primer chaparrón terminaban cerro abajo.

 El alcalde Diamantes, gorda Pupy, o Hernán Pinto y su hoyo de 20 mil millones de pesos no afectó a que se tirara a senador, y ahora, a las primarias de la Concertación por un nuevo periodo parapetado en el “Castillo de Greiscol”, como cariñosamente se le dice a la Municipalidad porteña, pero sí afectó a la madurez política de los electores.

 Es ahí, insisto, en donde reside el drama. En el hijo que a sus 35 años sigue viviendo en la pieza con el poster de Iron Maiden pegado en la muralla, corriéndose la paja escondido, comiéndose toda la comida que le regalan mientras se jibariza su independencia proporcionalmente que hace caso a las reglas de la casa.

 Tenemos un sinfín de ejemplos de alcaldes. El de Penco, de ÑuñoaProvidencia, Peñalolén, Iquique, Viña del Mar, Valpo, Pelotillehue, Springfield, y en realidad, el de cada localidad de punta a cabo, con ese prototipo de dueño o dueña de casa, en una dictadura del cotidiano que se embadurna de mediocridad en la chimuchina de la necesidad primera, lo único que pueden responder con algo y solo algo de efectividad, porque para las grandes cosas, como la educación, está requete demostrado que no les da el ancho, aunque su cinturita de huevo, diga lo contrario.

 Es importante ya que no podemos extirparlos, darles nuevas necesidades. Exigirle al dueño de casa que no solo saque la basura y riegue el jardín, sino que implemente reciclaje, no basureros clandestinos de donde saque la plata para los pendones y gigantografías de campaña.

 Exigirle forestación, plazas, parques, ciclovías, infraestructura deportiva y recreativa de calidad, política de tenencia responsable de mascotas y, por supuesto, un sinceramiento. La educación no es lo suyo, recordemos el 2×1 de Regginato “Bozzio” que no tenía la media completa, y deleguen al Estado la responsabilidad. No por la plata que se les da por la subvención vamos a tener a estos cortoplacistas y domésticos dueños de casa, decidiendo un futuro que tan poco les importa.

sábado, 21 de abril de 2012

La Única Vía


Las condiciones de trabajo en Chile son como la mierda. En general se nos paga poco, se nos estruja harto, se nos presiona, se nos mantiene cagados de susto con los despidos, y larguísimas horas en los puestos para evitar que uno tenga vida y con eso proyecciones de mejora y nuevas ideas.

Pedir aumento, o pedir vacaciones, es simplemente una afrenta a la empresa, que hace dudar de tus capacidades profesionales de estoicismo y compromiso, necesarios para que estén contentos contigo y de tanto garrotazo en el lomo a veces se dignen hacer aparecer una zanahoria (que por lo inmundamente mezquina, da ganas de metérsela en culo al patrón).

Y eso que hablo desde la trinchera de los imbéciles que creímos en la educación como trampolín de ascenso social, y que por eso, no ganamos el mínimo. Los sueldos de hambre en Chile, son pan –que marca su ausencia- de cada día, y el nivel de endeudamiento es proporcional a la decadencia económica en la que estamos sumidos. Por eso aumentar la dieta parlamentaria, con la urgencia que se requeriría para cambiar la Constitución pinocheta, es simplemente indignante.

Dos palos, uno en el culo y otro en el hocico, ha dicho la ciudadanía que sería lo único en aprobar para el Senado. “Los honorables” como se hacen llamar estos caras de raja, necesitan, según ellos, mayor asesoría para levantar proyectos de ley, que en realidad no tienen muchas veces ningún sentido, y solo implican menos libertades individuales para los ciudadanos.

Con lo que nos cuesta “ganarnos la vida” y aún más, hacer política empleando nuestro biopoder, en la calle, frente a esos funcionarios desclasados remunerados con las migajas de un Estado depredador y empresarial desvergonzado, estos cerdos engordados con las arcas fiscales, que tienen el descaro de hablar de “bien común”, sin talento alguno, figurones frente a las pantallas, indolentes e ignorantes de lo que ocurre en las calles, los hospitales, las escuelas, el trasporte público, y un largo etcétera de servicios callampas, se suben el sueldo.

Lo peor es que ahora se querrán subir el sueldo los diputados. La Anef saldrá a la calle a pelear el 11%, los gerentes de las AFP dirán que en realidad deberían hacer valer la investidura del cargo, y obviamente los jueces encontrarán que si todo se está rasando hacia arriba, habrá que hacer justicia.

Nosotros seguiremos con la existencia al tres y al cuatro. Sin capacidad de ahorro, Gastándonos el sueldo en cargas para la tarjeta Bip, mensualidades escolares, y comida de tercera, para alimentar una existencia sin sentido alguno, más que el de ir a comprar un entrada a algún concierto.

En cualquier parte del mundo esto hubiese significado la guerra social. La batalla campal fuera del Congreso, y la quema, no de un Transantiago, sino de dos docenas, además de huevos, y pescados podridos en la cabeza de miserables de la talla de la Ena. Pero no. Estamos muy cansados, absolutamente desmotivados, con la moral baja, muy baja, que nos hace ser siempre un ejército derrotado.

Si las redes sociales, un pasquín, o esta misma columna son importantes en este país, es porque la retórica es la forma que nos mantiene sintiendo que hacemos algo. Somos pura boca, y sin distinción de género porque estamos atados al lenguaje.

Como el amor, las palabras no se comen y no sirven más que para ponerle paños fríos, lo que debería haber explotado hace rato.

Yo esta vez, no sé qué podemos hacer, y debo reconocer que me siento sumida en la desesperanza total. Chile se ha vuelto más que nunca un país que debería desaparecer, que debería ser refundado por su pueblo, ajusticiando a la pacotilla de tiranos que lo mantienen en este estado vegetativo.

Si bien los crímenes de odio en este caso los justifico con todo mi derecho de justicia, la única vía será ir a votar en masa para deslegitimar el sistema corrompido por el sacrificio de todos nosotros, los olvidados.

Anula tu opción de entregar tu poder a estas alimañas ladronas. Anula tu voto, aunque la Vallejo te este prometiendo la roja manzana del comunismo utópico, por que las bases del modelo están podridas, sedimentadas en los huesos de los desaparecidos. Vota nulo, y convence a todos a que vayan a votar de esta manera.