El marketing político hace que hasta los muertos carguen adobe. Echele una mirada a este video y reflexione con respecto a este circo. Pague la entrada en la boletería correcta. Exijamos a lo menos el mejor de los shows.
jueves, 23 de octubre de 2008
miércoles, 22 de octubre de 2008
El efecto Chinoy
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Foto: Cesar Pincheira/ www.huelladigital.cl
Valparaíso es un reducto cool. Todos los que llegamos a este puerto, sea de forma natural o programada, somos cool- por supuesto el darwinismo se encarga de hacer las respectivas diferencias- Allende, el porteño universal, bajo el consenso "histórico" de la franquicia Inglesa "Grandes Chilenos" a dado el veredicto.
Cool, siempre fresco y personal. Experimental. Concatenado intuitiva y creativamente hasta hacer un trazo final nunca acabado, retraido en el devenir, misterioso y fundamentalmente desafortunado. Autentico en su parsimoniosa desesperación por comunicar, con todos sus fracasos y talentos, con algún trauma peligroso y alguna bondad igualmente nefasta. Oblicuo. Vivo, tratando de transferirse, de contagiarse, y como es obvio, siendo rechazado por la fagocita resitencia.
Por fantastico, raro, inverosimil, Valparaíso está ahí, montado sobre los cerros, pareciendose a Lisboa, a una ciudad en México, a las supersticiones de todos los pueblos. Circunstancial, mágico, irracionalmente habitado. Con todos sus personajes.Con los niños del ruido que hablan de la "praxis-teorica" y de mil huevadas medias huachas e indefensas, medias salidas del negocio familiar. A los pies del árbol genealógico, bajados a la fuerza por un matonaje concertado entre el desamor y la pena.
Desembarcados.Con la soledad del arribo; una ancianidad adolescente "amarra como el hambre" al primer Punk del universo, que año a año retorna a Valparaíso. Alvaro Peña regurgita su porteñitud.
Pienso en mi corazón de poeta chanta, de poeta distante de la poética, y me acuerdo de mi hermana poesía caótica, de los gatos y de La Sombra, esa que tanto extraña al malogrado Colo-colo, aún en observación veterinaria. De Chinoy, de Recabarren, del bergantín goleta, de las costureras anarquistas, de un Pinochet también porteño, y de que: "Todos los ríos del mundo van a dar al mar". Estoy presa del efecto Chinoy, ese que sufrimos gozosamente todos los porteños. Un big-bang, un flash back borracho, una hecatombe furiosa, un inicio permanente.
"Valpo lo hizo" nos dice Chinoy, y es cierto, pareciera que Valpo es la paridora del mundo. Que no es Pancho, sino Pancha inoculada por piratas. Una Pancha con hijos huidizos y transfugas, mesiánicos.
jueves, 16 de octubre de 2008
Nostalgia: la mortaja del recuerdo
Soy la pokemona old school
esa que tiene en la memoria del cuerpo
el átomo mutilado
debajo del relleno sanitario espero flotar al cosmos
ver la manzana y la peineta juntas y la jeringa clavada en algún trozo de tomate podrido
esparcido en el pelo de la muñeca fea que le faltan sus piernecitas
y me faltan partes
y me busco en partes
y te apartas porque no soy parte de tus partes
y el átomo con toda la ciencia y su rapidez vana se discecta desde dentro
y en mil pedazos, tortola canción cristina, se atomizan las figuritas en mi cerebro
camino por los filamentos rojos
esa selva de debajo de mis párpados
y me acuerdo del día de la perra prócer
de los futbolistas porteños
y un Quintay de ballenas vivas escondidas en la espuma
esa que tiene en la memoria del cuerpo
el átomo mutilado
debajo del relleno sanitario espero flotar al cosmos
ver la manzana y la peineta juntas y la jeringa clavada en algún trozo de tomate podrido
esparcido en el pelo de la muñeca fea que le faltan sus piernecitas
y me faltan partes
y me busco en partes
y te apartas porque no soy parte de tus partes
y el átomo con toda la ciencia y su rapidez vana se discecta desde dentro
y en mil pedazos, tortola canción cristina, se atomizan las figuritas en mi cerebro
camino por los filamentos rojos
esa selva de debajo de mis párpados
y me acuerdo del día de la perra prócer
de los futbolistas porteños
y un Quintay de ballenas vivas escondidas en la espuma
martes, 14 de octubre de 2008
Dos columnas para entender a dos rebeldes/ El Rey Midas y los chicos de Wall Street

Las tetas prestadas del Rey Midas
Fue tal como el Rey Midas. Todo lo que tocó lo volvió oro. Sí, porque fue Ministro de Educación, y el mercado oferente de “oportunidades académicas” apuntó su flecha hacia el cielo sin importar la fábula de Babel y ahora cada joven chileno tiene el “derecho” a endeudarse por una carrera de dudosa calidad profesional que le quita 5 años de su vida para asegurar un incierto panorama laboral. Porque fue Ministro de obras públicas, y pavimentó de punta a cabo todo el territorio nacional con las famosísimas carreteras concesionadas- llegando a tener tal éxito el look “esfaltado” que los urbanistas continuaron la estética en edificios gubernamentales y espacios públicos, convirtiéndolo en el sello indeleble de la Concertación. Ahora estas “autopistas bicentenarias” aumentan proporcional a la velocidad que ofrecen, sus tarifas.
Cuando finalmente el Rey midas consiguió uso cabal de sus facultades, no fueron solo esas “carteras” – educación y obras públicas- sino todas las que se convirtieron en un estupendo negocio. Porque gobernó “para todos los chilenos” y “en igualdad”, Lagos Escobar, hizo buenas migas con el empresariado chileno y dio vida a un Estado comprometido con la privada. Bastante crípticas las frases para quién las entendió literalmente y soñó con el rimbombante y románticamente apocalíptico socialismo.
Es de tener en cuanta que el estado tísico y profundamente anciano, no posee la sustancia popular de antaño, y no es capaz de absorber la masa ciudadana. Los gobiernos populistas que podrían haber entronizado el derecho a salud, educación, trabajo y vivienda, han sido sistemáticamente estigmatizados. Los gobiernos de la concertación lejos de ser populistas han sido elitistas vendiendo las necesidades básicas, y otorgando la potestad de estas a los privados.
El dicho está de moda: sin tetas no hay paraíso. El estado sin tetas o sea un estado seco, sin capacidad de nutrir a su pueblo, no tiene razón de existir. Consiente de esto el estado le ha pedido prestadas las tetas a los empresarios, chicos que se han inflado de polímero gelatinoso, para darnos la ilusión de ser las nuevas matriarcas, cuando son simples fetiches de la industria del porno.
El “Emprestado” (empresarios más estado) se convierte en aras del Bicentenario en una eficiente y transformadora fuerza modernizante y un excelente negocio para la República. Pero si hablamos de darle “el palo al gato” convirtiendo en activos financieros a cada uno de los paisanos, el Transantiago es y será su broche de oro.

Las tetas del infierno
Antes de la caída de Wall Street pensaba que el mercado era un espíritu rebelde que confiaba en una nueva manera de hacer las cosas e intentaba separarse de esa autoridad totalizadora llamada Estado. Y lejos de haber cambiado de opinión, refrendo esa teoría, pues la actitud que tomaron los especuladores frente a la crisis, es la de un chiquillo “rebelde”, que al primer problemilla recurre al reclamo de lo que en “justicia” él cree le corresponde, develando su poderoso perfil de mamonsote. Ya nos lo contaba la ochentena publicidad de yogurt americano.
Los financistas jugaron con el vértigo, esa sensación de desplome inminente, sin sopesar qué sucedería si su deseo se concretaba. No se hicieron cargo de su aventura y traspasaron a papito estado las responsabilidades de su caída. Es bastante chistoso cuando hablan de los activos tóxicos que tuvo que comprarles el estado. Me imagino un niño manipulador en marcada etapa anal diciéndole a la mamá: ¿me compras este mojoncito? Éste es para mí el rebelde, el que a las finales recurre de todas formas al seno y tiene arrojos de confianza simplemente por que se siente respaldado, no en sus talentos, sino en una protección otorgada por distintos poderes que le apadrinan.
El rebelde no es un revolucionario. Solamente quiere mandarse solo mientras profita de lo que han construido los demás, sea en buenas o malas artes. Lo vemos en los rebeldes y alocados ayudantes de Orson Wells en sed de Mal. Son chicos que lo pasan bien, que lo hacen a su modo, que quieren marcar la diferencia con estilo y que por mientras, como jugando, realizan un trabajito al rechoncho y mafioso jefe de policía.
El estado y el mercado al correr de los años han establecido la relación que existe entre el musgo y la piedra.
Ahora que está de moda la frasesita “sin tetas no hay paraíso” pienso en el Estado que ha privatizado el riesgo, separándose radicalmente de un necesario populismo que entronice los derechos de las masas trabajadoras, haciendo que la institución pierda su sentido de existir. Un estado sin tetas, seco, sin sustancia ni nutrientes, necesita imperiosamente del artificio del rebelde, ese que se solapa en formulas económicas, cuidadosamente estudiadas para distinguirse del resto.
De esta forma el estado le pidió prestadas las tetas al mercado, un chico rebelde que cae en la exageración de la Pornostar, deseada por todos y penetrada por nadie. Producto de su gran cantidad de silicona le es permitido interpretar excéntricos cuadros plásticos: bukkake, ass to mouth o deep trota, demostrando, de este modo, ser una rebelde perversa que nunca dejará a nadie aguzar los dientes. Una madre con tetas de plástico, de polímero gelatinoso, cancerígeno, que amenaza con envenenarnos.
Nos levantábamos a duras penas por debajo del muro de Berlín como felices zoombies para succionar de un embase vacío, y presos del enajenamiento fetichista, no advertimos como se nos desplomaba la estrecha calle del bajo Manhattan.
lunes, 6 de octubre de 2008
la hermandad

Y siempre con la misma cantinela, las patas heladas, saparatistas, siberianas, decomizadas por otros mundos, tan ajenas. Y hoy justamente pienso con las patas. Hoy justamente me siento en el polo. persiguiendo la ultima estrella visible, intentando alcanzar con mis ideas congeladas, algún brinco cardiaco. y lo encuentro memorizado en el calor del chupe de guatitas y la empaná cardúa, en la alameda frondosa de mi primer lucaso frente al reten de policia, en el resbalín de la 5 oriente a las 8:30, con el mismo frio, y con la chomba teñida de abrazos escolares. El corazoncito saltando en el cubrecamas de los simpson, con mi hermano chico viendo tele y juntando tazos. en el arrastrado sonido de los pasos de la abuela y el "dormir rapidito" del papá milico. en el arcoiris de septiembre y las escapadas al bajo en bicicleta. Y siempre no fue tan malo, y cuando lo fue no había nadie mirandome para saberlo. Ahora hay miles de ojos extraños que me someten con sus locos pelos de meduza. y soy salina como un mar de oriente, amarga y mortifera.inventada por ojos ajenos brujildamente sola con un gato y un hijo. gastada de tanto broncearme con lanzallamas. sobre un escenario ruinoso y vulgar, me banco el dolor del insulto y la tragica convicción de mi estado impoluto, tan soberviamente resistente, solido como plutón
pero no me importa mientras tenga un poema de amor en el pecho. latiendo . mientras aún las calas tengan un palito amarillo mirando hacia arriba, y la capilla de rancagua tenga para mi boca de seis años miles de hostias tan ricas como las galletas. No me importa mientras tenga un poema escrito en el dorso de la mano, mientras tus palabras se me escriban como un torpedo infalible para pasar el exámen.
Mientras tú adolescente, sigas esperando que sea feliz, yo seguiré esperando vencer mi tristeza.
Gracias pilkiñao waiquiñento
martes, 30 de septiembre de 2008
¡ QUÉ BUENA COLUMNA¡
El pueblo no existe
POST TENEBRAS LUX(*)
Armando Uribe Echeverría
(*)La luz después de las tinieblas. Fue el lema de la Patria vieja. La independencia después de la colonia, la república después de la monarquía. Pero hubo una trampa. La independencia de Chile se hizo a favor de un grupo de burgueses y aristócratas criollos que, como algún historiador lo dijo, tuvieron el buen gusto de bautizar al nuevo esquema político “República”. Porque, a pesar de la influencia de la independencia norteamericana y de la revolución francesa, de república ese nuevo régimen tuvo poco. Faltó el pueblo.
No es invento nuestro.
Los historiadores, -Jaime Eyzaguirre, por ejemplo, que no puede ser tildado de izquierda-, en su O’Higgins (1946) mencionan a los “aristócratas” y a los “magnates” que se auto nombran delegados del "pueblo sano”(sic) cuando representan apenas a los miembros del Cabildo.
El mestizo pueblo de Chile, cruce de conquistadores y colonos con las etnias locales, mezcla que en 1810 tenía 260 años (y hoy cerca de 460), era mayoritariamente un pueblo de campesinos, artesanos y obreros pobres, en estado de casi servidumbre, y cuya existencia política era nula.
Como mucho existía en los fundos y en las filas de los regimientos, durante las guerras de Araucanía como en las batallas de la Independencia. Para desaparecer rápidamente después, en tiempos de paz, cuando volvían a los negocios aquellos que siempre estuvieron en ellos.
Cuando más, el pueblo de la Independencia se redujo al "pueblo humilde" que desfilaba al final en las procesiones, después de “la aristocracia”, las corporaciones, los generales y los abates.
La lentísima emergencia de una conciencia política popular en Chile empieza en los años 1850, cuando los liberales se entusiasman con la revolución francesa de 1848 y su inspiración girondina. Ahí, en la Sociedad de la Igualdad, surgen los primeros oradores de la república chilena, -Santiago Arcos, Francisco Bilbao, Eusebio Lillo...-, y los fundamentos de un constitucionalismo un poco más serio.
Pero el testigo e historiador de ese momento clave, Benjamín Vicuña Mackenna, se siente obligado a reconocer que, aún entonces, el pueblo, en el sentido político e histórico de la palabra, como expresión colectiva de la nación y como fundamento de la legitimidad política, ese pueblo, en Chile, no existe: “Había entonces juventud, si bien es cierto que no había pueblo, como no lo hay todavía.”(Los girondinos chilenos, 1876).
¿Cuándo se despierta en el pueblo chileno la consciencia de su dignidad política?
Probablemente con la guerra civil de 1891, con los movimientos sociales de las primeras décadas del siglo XX y el surgimiento de los primeros partidos políticos que aspiran a representarlo: radical, comunista, socialista.
Si bien comienza a existir, hay que esperar el triunfo de Salvador Allende en las elecciones presidenciales de 1970 para ver surgir ese pueblo como fuente única de la legitimidad republicana. La palabra pasa a designar una realidad diferente: no una clase social, no la plebe, sino todos los ciudadanos. Por primera vez existió entonces el pueblo que es nación y expresión de la voluntad general, del interés común, de la dignidad de la República.
El golpe de estado del 11 de septiembre de 1973 procuró hacer desaparecer esa presencia, y eliminar a su intolerable símbolo en la persona del presidente Salvador Allende, que subrayó hasta el último momento, en su testamento radiofónico, el vínculo legítimo e inalienable que le unía al pueblo de Chile.
Los civiles que heredaron del poder de manos de los militares después de 1990 han hecho, por su parte, todo los esfuerzos posibles para que los errores pasados no se reproduzcan, para que el pueblo de Chile vuelva a ser una amplísima casta sin voz ni voto, destinada a trabajar duro, a ganar poco, y a arreglárselas como pueda.
No es invento nuestro. El pueblo, hoy en Chile, aún no existe.
POST TENEBRAS LUX(*)
Armando Uribe Echeverría
(*)La luz después de las tinieblas. Fue el lema de la Patria vieja. La independencia después de la colonia, la república después de la monarquía. Pero hubo una trampa. La independencia de Chile se hizo a favor de un grupo de burgueses y aristócratas criollos que, como algún historiador lo dijo, tuvieron el buen gusto de bautizar al nuevo esquema político “República”. Porque, a pesar de la influencia de la independencia norteamericana y de la revolución francesa, de república ese nuevo régimen tuvo poco. Faltó el pueblo.
No es invento nuestro.
Los historiadores, -Jaime Eyzaguirre, por ejemplo, que no puede ser tildado de izquierda-, en su O’Higgins (1946) mencionan a los “aristócratas” y a los “magnates” que se auto nombran delegados del "pueblo sano”(sic) cuando representan apenas a los miembros del Cabildo.
El mestizo pueblo de Chile, cruce de conquistadores y colonos con las etnias locales, mezcla que en 1810 tenía 260 años (y hoy cerca de 460), era mayoritariamente un pueblo de campesinos, artesanos y obreros pobres, en estado de casi servidumbre, y cuya existencia política era nula.
Como mucho existía en los fundos y en las filas de los regimientos, durante las guerras de Araucanía como en las batallas de la Independencia. Para desaparecer rápidamente después, en tiempos de paz, cuando volvían a los negocios aquellos que siempre estuvieron en ellos.
Cuando más, el pueblo de la Independencia se redujo al "pueblo humilde" que desfilaba al final en las procesiones, después de “la aristocracia”, las corporaciones, los generales y los abates.
La lentísima emergencia de una conciencia política popular en Chile empieza en los años 1850, cuando los liberales se entusiasman con la revolución francesa de 1848 y su inspiración girondina. Ahí, en la Sociedad de la Igualdad, surgen los primeros oradores de la república chilena, -Santiago Arcos, Francisco Bilbao, Eusebio Lillo...-, y los fundamentos de un constitucionalismo un poco más serio.
Pero el testigo e historiador de ese momento clave, Benjamín Vicuña Mackenna, se siente obligado a reconocer que, aún entonces, el pueblo, en el sentido político e histórico de la palabra, como expresión colectiva de la nación y como fundamento de la legitimidad política, ese pueblo, en Chile, no existe: “Había entonces juventud, si bien es cierto que no había pueblo, como no lo hay todavía.”(Los girondinos chilenos, 1876).
¿Cuándo se despierta en el pueblo chileno la consciencia de su dignidad política?
Probablemente con la guerra civil de 1891, con los movimientos sociales de las primeras décadas del siglo XX y el surgimiento de los primeros partidos políticos que aspiran a representarlo: radical, comunista, socialista.
Si bien comienza a existir, hay que esperar el triunfo de Salvador Allende en las elecciones presidenciales de 1970 para ver surgir ese pueblo como fuente única de la legitimidad republicana. La palabra pasa a designar una realidad diferente: no una clase social, no la plebe, sino todos los ciudadanos. Por primera vez existió entonces el pueblo que es nación y expresión de la voluntad general, del interés común, de la dignidad de la República.
El golpe de estado del 11 de septiembre de 1973 procuró hacer desaparecer esa presencia, y eliminar a su intolerable símbolo en la persona del presidente Salvador Allende, que subrayó hasta el último momento, en su testamento radiofónico, el vínculo legítimo e inalienable que le unía al pueblo de Chile.
Los civiles que heredaron del poder de manos de los militares después de 1990 han hecho, por su parte, todo los esfuerzos posibles para que los errores pasados no se reproduzcan, para que el pueblo de Chile vuelva a ser una amplísima casta sin voz ni voto, destinada a trabajar duro, a ganar poco, y a arreglárselas como pueda.
No es invento nuestro. El pueblo, hoy en Chile, aún no existe.
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