sábado, 28 de enero de 2012

Pacha



Uno sabe donde las papas queman. Y cuando te empieza a gustar, no sólo quieres mirar de lejos, sino que quemarte con la papa. Lo sabroso del asunto, resulta engullir con más sigilo que cuidado, en un afán más de supervivencia que de goce. Ser periodista es un poco eso, meterse en el suceso, no entenderlo totalmente, pero encontrar la pista, y perderla entre tus tontas o menos tontas conjeturas.

Estando desde el lado del sueldo fijo, me interesa sobretodo aprender. Y lo que he aprendido estos últimos 3 meses es invaluable, más que mis desayunos en la cafetería La Nona en San Martín, pensando en los síntomas reales de una enfermedad inexistente.

Metiéndome desde la aventura en las notas verdes, pude obtener una certeza, una opinión: La Naturaleza se venga por medio de la muerte. Se hace trisas, sólo para dar una lección. Igual que todo lo viviente, no acepta derrota alguna, simplemente se acaba de una vez y por todas. No le interesa el conflicto. Simplemente lo disuelve.

Y para acabar con este misterio, no queda más que decirles a todos los conchasdesumadres, hijos de puta sufriente, con vagina estrecha de doble penetración, que la tierra se venga. Que es sabia, por eso los hizo más feos que la cresta. Ratas. Modelos nauseabundos de monstruos verdaderos. Réplicas, sucedáneos, chantas come vergas.

La tierra se venga, WINCAS SACO DE WEAS.

La tierra, whasowashiturriaodebarrioalto, leguleyoinfelizdeunorigenqueocupasynoentiendes, ZAFIOS, se venga. Humanos que no saben vivir, melón y melame, me chupin y me chupai, a ustedes les digo: Rodrigo, Sebastián, acá no fue el carbón artesanal, tampoco los peñis, ni los que están picaos con Celco por patrones inmundos y asquerosos que los explotan hasta reventarles el alma; la única responsable del incendio es la Pacha. La que sabe.

Entonces eso que los capuchones mapuche cabezas de pistola, que losotro los anarkowinketamorfoviolentos somos los culpables de la mansazorra en Quillón, es simplemente inaceptable. Piñera, Hinzpeter, no sean estúpidos. La tierra se venga.

Ese eucalipto, ese pino, tiene avispas taladradoras, que rompen la corteza y adentro ponen huevos con veneno para que el árbol se seque y se muera, mientras se mama todas las napas subterráneas, dejando la Pacha pal loly. Entonces el fuego la purifica, la sana, para que la semilla del cretácico vuelva, como de milagro, y el origen se aparezca siempre como un hijo pródigo aguardando por volver.

Es tan simple que puedo ser vulgar y explicarte alumno del Verbo Divino, que la naturaleza se venga. Y los incendios en Quillón son eso. La Pacha sabe. Como supo cuando entró
el virus Isa al salmón, y el tsunami del Fiordo de Aysén. La plagas llegan cuando el hombre caga afuera del tiesto.

Niñitos listos de la U, miren que facilito. La naturaleza se venga, porque ya dios se murió hace rato, y ya no le compra más esa frasecita que le otorga potestad al hombre sobre la Pacha ”Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”. Y porque en realidad nunca creyó en que tenía un padre, bueno, malo, perverso o como fuera. La Pacha, es pulenta.

Así que relajen. Lo más seguro es que Shawarma, el fiscal nacional, va a entender , porque no es tan idiota como el par de enfermos que nos gobierna. Y por último, si le siguen dando a la CAM, la Pacha más se va a emputecer. Por que espérense, aun no han comenzado los fuegos de artificio, gentileza del Cordón Caulle.

Se viene el estallido, porque las cosas están siendo demasiado falsas, y hay que poner orden, hay que entender ahora, quien es la que manda.

martes, 17 de enero de 2012

El Rebelde


La rebeldía es un concepto que se ha popularizado a la par con el mercado. En el siglo XX, como en el siguiente, el mercado y su protegido, el rebelde, han causado la ilusión de movilidad temporal.

El fenómeno Kel, un amago de Britney a la chilena, que en su hit canta “me creo punki”, o RBD, que canta “si soy rebelde” -y últimamente las pueriles tragedias de los teens del canal católico en el culebrón "Corazón rebelde" protagonizada por el sex simbol indiscutido para estupradores, Feña o Denise Rosenthal-, nos demuestra que el rebelde es utilizado como símbolo de apertura y progreso, que es el vientecito en la cara en un viaje realizado en círculos. Ser “rebelde" entonces es inflarse de artificio, como la pornostar que no será penetrada genitalmente gracias a sus enormes "bubis" que la convertirán en fetiche para cuadros plásticos, tales como el bukake industrial o la paja cubana, todo quizás para evitar todo tipo de preñez -y por lo tanto de producto-.

A comienzos del siglo 21 se requiere protagonizar un show funerario. Representar la catarsis de las 12 de la noche del 31 de diciembre, cuando simbólicamente las cosas cambian pero siguen siendo iguales. La estructura sigue operando en la carencia, en la inmadurez, en la victimización de un ser humano igual a todos los demás, que no se distingue del otro y que debe solaparse en fórmulas sentenciadas por el Estado y la propiedad privada.

Las relaciones de poder que existen entre uno y otro, el Estado y lo privado, son proporcionales y cooperativas. Los grandes organismos internacionales han hecho tabla rasa, las leyes económicas son globales, mientras que el mercado genera nichos de consumo que dan la ilusión de estar frente a diversidad (que en realidad es dispersidad), que lleva al "juventón" más modernista a la más senil de las confusiones. Es aquí donde el concepto de rebeldía consigue ser una pieza clave. Ya lo cantaba hace varios años Jorge González: “Me pagan por rebelde, voy contra la corriente”.

Se dice que los que intentan romper con todo, llegando al extremo de hacerse protestas en sí mismos: morir de hambre antes que nutrirse de sustancias tóxicas, inventar todo para tener su propia fe, cambiar su cuerpo autodeterminando su sexualidad, pedaleando distancias extenuantes para no tener que utilizar transportes que contaminan el medio ambiente-, sufren de rasgos narcisistas, pues no reconocen la “autoridad” y peor aún, tienen el hábito de la arrogancia. Yo refutaría esa apreciación. Creo que los jaliscos que se empecinan en reinar a costa de falsos arrojos encarnando la figura del rebelde -cual Lagos que con un dedo fálico-totémico amenazó al tirano de la época pero que a pesar de esa fiereza, cuando obtiene el poder no es más que un gatito ronroneando en las faldas de la estructura-, son los que en realidad poseen ese tipo de patología utilitaria para articular la capciosa farsa social.

Somos su capital humano, el res-pública o ganado ciudadano, que cándidamente cree en identidades individuales, en la “dialéctica de los matices”, en heterogeneidades, claro que todo esto cercado por el mercado. Existen recetas para que cada uno se convierta y adquiera su rol en la sociedad y gracias al consumo de ciertos elementos vendidos por la hegemonía, podamos convertirnos hasta en rebeldes, que le den al Estado y al mercado su ligazón elemental.

Para desmarcarnos de este juego, en donde tiene todas sus fichas el rebelde, se debe crear uno propio, alejado de la triste dialéctica pokemón-pelolais. Necesariamente debemos ser infieles a la herencias, aplicando una transferencia negativa, o más claramente sintiendo odio frente a la idea de estabilidad, instalando lo último como lo primero, trocando piezas, realizando nuevas asociaciones y desacreditando el discurso del otro hegemónico y su supuesto saber, para crear y no solamente hacer terapia de rebeldes para conseguir fama y fortuna.

Uno debe bancarse a sí mismo, ser huacho. Dejar a un lado la victimización, ser un apátrida dejando a un lado esa mortaja llamada nostalgia y desde ahí descubrir el mundo, sin ser un continuador de fallas y omisiones; abandonar los legalismos que intentan solidificarse sobre nuestras espaldas para convertirnos nada más que en sedimento histórico. Esto que a mí me parece repulsivo, me hace evitar la búsqueda de procedencia y de trascendencia; si es que se acepta que la vida es un accidente, una explosión que poco a poco se vuelve sombría, convendremos que la creación, ante todo, es inmanente a la naturaleza. Por lo mismo, creer en lo que la palabra ha hecho ley, en la acumulación de supuestos saberes, en las concepciones oficiales de “verdad”, profitando de las fórmulas que nos sentencian a un modo de vida, sin siquiera interpretarlas, es creer en que uno nació siendo un cadáver.

Para “poder” vivir-se, que es inventar-se, hay que morder el propio cuerpo, aspirando al delirio de autocanibalismo. Y si somos vegetarianos, digamos, el intento de fotosíntesis. Alimentarnos de nosotros mismos, con experiencias y el saber desde el desconocimiento, aumenta la posibilidad de dar de baja ese obsoleto discurso proteccionista y mercantil. Podremos tener líos morales, ser catalogados de locos o autistas funcionales, quizás de anarquistas -y de todas maneras sentir apremios económicos-, pero le habremos dicho que sí a la vida. Dentro de las paredes del palacio que contienen el orden burgués, las instituciones religiosas, de salud, de educación, y las de consumo, que trocaron la plaza pública por el mall, actuamos como prisioneros, con pactos de sangre, mafias, bulling y en definitiva, competencia salvaje, esa que nos hace sentir más y mejores proporcionalmente a la leña que se saque del árbol caído. Excomulgándonos de esa construcción cultural, habremos salido de ese edificio ruinoso que se sostiene gracias a los rebeldes que siempre están dispuestos a refaccionarlo estéticamente, de ataviarlo con bisutería a la moda y, finalmente, fortalecerlo con renovaciones para que nada cambie.

No seamos rebeldes, seamos revolucionarios, pero en una potente revuelta interior. La caridad comienza por casa, como se dice. Antes de la construcción colectiva está la construcción individual. Este es el trabajo que nos hemos saltado y es lamentable verificar en el “comunitarismo”, el “asambleismo” y la romántica política de base que los pinochitos abundan. No hay que temer más de lo suficiente. Nietzsche dijo que éramos islas en un mar sin orillas, pero yo continúo creyendo en que los campos morfológicos existen, que la comunicación telepática y la sincronía finalmente se hacen presentes cuando, individualmente, entendemos que somos parte de un mismo género, sin épocas ni vanguardias.

lunes, 2 de enero de 2012

Los elegidos



A un evento socialité 3.0 (porque el 2.0, ya pasó de moda) es imposible que una flaita como yo, sea “convidada”, pero como un carrete con bar abierto no obtiene el realce suficiente sin mi presencia, las fuerzas combinadas de la naturaleza hicieron el milagro, y por un sorteo entre los trabajadores de la “satánica y conspiradora” Betazeta, que gané con mi tremenda cuea proletaria, pude entrar con alfombra roja al famoso #140scl.

No soy de #Los20delgobierno, y la verdad es que no los vi, eso que podría haberlos visto doble. De paracaidista y con el look de Nikita, @karestroika, o sea yo, se paseó verificando que siempre “mucho ruido, pocas nueces”, ya que esos “influyentes” personajes, en la vida real, no eran capaces de influenciar ni a su pareja en las compras del supermercado (en el caso de que la tengan).

Lagos Weber, Patricio Mery, Bellolio, Karol Dance, Matamoros, Ruffinelli, Florcita Motuda, Ignacio Walker, Soledad Alvear, Denisse Rossenthal, y el decepcionante Nabih Chadud, eran parte de los “influyentes” elegidos. Para qué seguir con una irrelevante enumeración.

Pero a pesar de todo esto, es preferible, antes de andar convirtiendo la simple y patética realidad en ficción conspirativa, vivir en carne propia el supuesto “poder” para darse cuenta que este no existe. Que en Twitter, ni con magia consigues poner una bomba, o armar un movimiento consistente que pase de ser una protesta, que ya se ve a lo lejos.

Cuerpo a cuerpo pude entender porqué Davor Gyuranovic habla de los “antisociales” o “violentista” como su par Simón Oliveros. Hablando de Valparaíso con la Ale Valle, periodista de la Universidad de Playa Ancha, como yo, de Las Torpederas, El Roma y el Amalfi, no sé cómo esta belleza de periodistucho del canal estatal, comenzó a empujarme diciéndome que “todos los tira molotov y marxistas hay que matarlos”, que por culpa de nosotros (de “ustedes”, me decía poniéndome su blanco dedo en el hombro) el país está como está.

Ahí había un verdadero influyente, un reportero que hace 9 años seduce con su cara de guagua criada por nana, a miles de millones que se tragan las noticias como a un completo de un shup’padentro.

La mayoría de la gente no entiende que es un TT, o un TL, o un dm, lo doloroso que puede ser un Unfollow, y qué valía personal y autoestima puedes adquirir sumando Followers. Por eso Twitter, es un delirio comunicacional, que de interesante tiene lo polifónico, el discurso esquizo que es capaz de escribirse en un cibernético “cadáver exquisito”, y ese altarcito para la “filosofía barata y zapatos de goma” que convierte a cualquiera en un aforista experimentado.

Un ejercicio que frivoliza la mente, y marca lo “trendy”, otorgando un nuevo lenguaje que deja fuera a la gente poco sintética y corta de genio.

O sea, un buen ejercicio para un país de lerdos, amargados, dogmáticos y faltos completamente de humor, y en buena hora cuando los gerontócratas de cualquier tinte político nos declaran la guerra generacional de pura pica, ninguneándonos y tachándonos de “recién llegados”, como conversamos con el simpático y en constante transito entre lucidez y chifladura, Copano grande (muy grande).

Pero las herramientas son eso, herramientas, no la vida. Por eso pretender creer que en ese evento estaban “los elegidos”: 140 personas que marcan la pauta nacional porque se pasan la vida contando además de que piensan, o comentando lo que ven en la tele, sus hábitos alimenticios y de higiene, no es efectivo. Es sólo parte del necesario marketing de una empresa comunicacional que tiene como plataforma el Internet y las redes sociales.

Y Twitter por su parte es solo un ejercicio, una terapia de acompañamiento en un mundo donde la camaradería se ha prohibido por exceso de asesinatos a mansalva con cuchilladas por la espalda, y caídas libres tras aserruchadas de piso.

En esa especie de invernadero, en un helipuerto en el barrio alto, no hice más que corroborar que los espacios de la elite comunicacional, son tan pencas como cualquier otro espacio que se construye bajo la premisa del ego. Del status, ya sea del “histórico” en una supuesta “asamblea” o de “twittero influyente” en un “evento”.

Los diálogos se dan cuando existe algo que decirse, algo interesante que aportar y que aprender, y en eso estamos. Intentando hacernos un espacio, en donde sea, y claro, con voluntad, como en todo, se consigue, más aún cuando se entiende que sólo es una idea publicitaria ese cuento de “los elegidos”.

sábado, 31 de diciembre de 2011

El año decisivo

(Página Editorial de Punto Final by Karen Hermosilla)
Existe una constante conmoción provocada por un constante bombardeo de versiones apocalípticas sobre 2012. Las profecías Maya, han sido interpretadas por la visión occidental mesiánica, y todo lo que podríamos aprender de esta cultura prehispánica, se va a las pailas porque siempre está bajo el prisma miope de los evangelizadores de los espejitos de colores.

El 21 de diciembre del 2012, concluye una cuenta del calendario de 5128 años, es decir 13 baktunes. Esta medida de tiempo que llega a su fin, según algunos mayistas, anuncia el descenso del dios Bolon Yokte, relacionado con el axis mundi o árbol de cocodrilo en el centro de la galaxia, que se alineará ese día con el sol.

Contrariamente a lo que uno se esperaría: que todos los astrofísicos del mundo dieran charlas y nos mantuvieran informados; nos encontramos con montones de interpretaciones chantas, y muy vendidas al sistema. Sí, esto que parece ser una exageración de mi parte, no es nada más que lo que ocurre en todo el mundo para propagar el sentimiento de angustia, o fíjense bien, de forma proselitista, como lo viene haciendo el gobierno mexicano de Felipe Calderón, que espera lanzar el siguiente slogan durante el próximo año: “La cuenta que hará historia… Una nueva era comienza”.

¿Será que se acabará la ley del más fuerte, los asesinatos, el servilismo con el imperio Yanki, el machismo y sus incontables femicidios, la venta de semillas nativas a Monsanto, o de terrenos para hacer biodisel en vez de más alimento para los hambrientos? Sabemos, que los más probable es que no. Que todo se quede tal cual como está, pero vendido de una forma cool, estratégica en un marketing que redituará seguro a costa del “etno-turismo maya”.

Cuando se echa mano a los extraterrestres, al sentimiento patriótico por medio del fútbol, a características raciales o de género que cambiarían la forma de liderar, sabemos que algo anda mal. Pero ahora parece ser aún más delicado el tema, porque nos hacen pensar en un fin, en un término, sin que nada en realidad haya cambiado realmente para afirmar que esto estaría sucediendo.

Las fuerzas sociales en todo el mundo quieren generar una nueva manera de llevar a cuestas el planeta, para poder hacerlo de manera más equilibrada, evitando que los mismos de siempre se lleven tanto peso, que termine por aplastarlos. Sin embargo, las plataformas de poder, las rimbombantes siglas de poder: UE-OEA-ONU-FMI y un largo y ridículo etcétera, mantiene las cosas congeladas, mientras el resto se derrite a causa de las emisiones de carbono, y se hunde en la inmundicia contaminante y empobrecedora del subdesarrollo.

El “nuevo orden mundial” es demasiado viejo para que podamos asustarnos, y las guerras, ya han dejado la suficiente riqueza y devastación como para lanzarse a una nueva “cruzada” por la hegemonía. Las estructuras parecen erigirse aún más sobre los crédulos para amedrentarnos, y con esa cristiana sensibilidad plañidera, situada en las creencias y la ignorancia, parece dejarlos desnudos, como recién nacidos en las fauces de un monstruo insaciable.

Como me gusta decir, es ahora cuando debemos estar “más vivitos”, más atentos a las teorías que hablan de un término, porque de seguro es con la garantía de que es para que todo continúe siendo igual. Como toda esa parafernalia que se hace a las 12 de la noche los 31 de diciembre, con petardos y tronaduras, con artificio y quemadero de plata en ciudades pobres y mugrientas como Valparaíso, provocando una catarsis, que se supone, dejará atrás “todo lo malo” para un “próspero año nuevo”.

No seamos ilusos. Demos la pelea siempre, ese 21 de diciembre de 2012 y todos los días venideros, porque si algo debe cambiar, es justamente lo que hemos construido torpemente sobre bases de sistemas ruinosos y decadentes. No le deleguemos esta tarea a fuerzas ocultas. A nosotros nos toca, como humanidad, destruir para redimir.

martes, 20 de diciembre de 2011

La Universidad de la Vida



Es bastante divertido que se me encomiende a mí, la ignara, hablar sobre la educación. Solo este último mes, lo más granado de las mujeres que bordean la treintena no han escatimado en adjetivos tales como rota, ordinaria y picante para referirse a mi persona. Estas señoritas alegan mi falta de rigurosidad, mi poca prolijidad discursiva, que me hace caer en flagrante vulgaridad que, por lo visto, las violenta íntimamente.

Igual me aguantan, y no solo eso, sino que muchos de ustedes son capaces de disfrutar mi ignorancia de adrede. ¿Será que l@s viejits chics, que citan demasiado y que oran como sofista recauchado en la posmodernidad ciberespacial, han terminado por aburrirnos? Es lamentable que no sean disfrutados por miles de ojos voraces, es lamentable, porque seguro todos nosotros, ignorantes y simplones, nos perdemos de educarnos con lo mejor del pensamiento actual.

Lo “picante” suele ser casi siempre lo que evidencia la vida, y a los papaítos y tías culturales zombis (que se alimentan de cerebros ajenos), y que siguen teniendo sensibilidad nada más que en una parte de su cuerpo: el periné, les escuece de forma tan sofocante y enervante que los vuelve aun más endemoniados y agresivamente intelectuales.

Por mi parte y siendo bien sincera, si voy a ponerme estudiosa, prefiero leer a los clásicos, y a los novísimos, sólo sus chambonadas en 140 caracteres si es que cumplen con requisitos básicos como no decirme lo que la educación más o menos formal ya dijo y mucho mejor que ellos.

La originalidad nunca es bien ponderada por los buenos alumnos y los mejores profesores que enseñan lo aprendido. Más bien es valorada la buena repetición de contenidos, el remedo, la reescritura, la religiosidad de una memoria que no atenta en contra de lo “histórico” y “verdadero” de la creación humana.

Lo importante para ser serio, y darse a respetar, es mantener cada una de las letras en perfecto orden y armonía dispuesta por la RAE, y vergüenza de aquellas si esto así no sucede, pues estamos demostrando una debilidad que da cuenta, no nada más que de una intelectualidad decaída, sino de un roce social insignificante. Palabrotas, que aunque juntas puedan darle vida a una idea, son de lo menos indicadas en momentos en donde el respetable, es más respetable que nunca, porque como usuario de contenidos quiere y exige que éstos sean de lo mejor.

Yo recomendaría que si quieren leer sin tener que pasar un mal rato se fueran directo a sandías caladas. Algún tipo de iluminación de Rimbaud, o a algún análisis a Wittgenstein, o si quieren una buena caracterización de la sociedad, a Focault. Como ven, hay para regodearse.

Si lo que les mata es la contingencia, vamos por ese Carlitos Peña, o por las editoriales de La Segunda recomendadas por Boric. Pero en una columna de una mina que sale en sostenes mirando para arriba en un diario que puso nada menos que en la portada y con mayúscula REVELIÓN, no pueden pensar que se puede encontrar conocimientos ligados a la academia.

A mí más que preocuparme de que las instituciones de educación pueden proveerme contenido de “calidad” para una vida adulta “elegante” o “elevada”, me preocupa cómo se nos ha venido educando con el ejemplo a cargo de líderes fácticos y económicos como la mierda.

Ladrones, pederastas, asesinos, mafiosos, y un montón de personajes con conductas de gente bastante “mal educada”, que por no ser “rotaordinaria”, eluden a la justicia, y en términos de escarnio público, bien poco puede importarles, porque ahí los que se atreven a poner la voz de alerta, son los “rotordinarios” genuinos, incapaces de “analizar” en debida forma el cause histórico de tan notables personajes.

El apasionamiento flexibiliza la rigidez de un esquema establecido en contenidos que “educan” formando a conocedores y cultos, casi siempre con el fin de hacer “carrera” para ganar más plata, para tener más minas (la mujer está atada al lenguaje) o ser más caperusos que el chulerío pecaminoso en su inopia cerebral, en su escatología liberadora, en su ordinariez festiva, valiente, llena de eso choricuaco y patente, estudiado y aprendido con éxito en la desprestigiada, pero grande y maestra, Universidad de la Vida. Ese es el el único plantel que defiendo, pues es el motor de cualquier aprendizaje que no se cacarea en más carillas de las que alguien menos latero y más vivito, es capaz de leer.

@karestroika

sábado, 3 de diciembre de 2011

La divina Providencia, de Internet



Escribo esta columna justamente el día en que hace 96 años naciera uno de los personajes más cruentos de la provincia señalada. Si bien se creyó que su muerte lavaría el resabio dictatorial y que podríamos finiquitar la eterna transición a la Democracia, nos dimos cuenta que por mucho que existan WC, la mierda existe no sólo en las cañerías lejanas a nuestra vista, o contaminando los ríos, lagos y mares, sino entre medio de nuestras propias vísceras.

Filas de meretrices jubiladas que volvían a sentir cómo su clítoris se rellenaba del ardiente pus de sus ovarios atrofiados, aguardaban para abrazar el podrido cadáver del genocida. Hordas de viejos secos literalmente como escupo de momia, jovenzuelos criados bajo la casta preferencia sexual de algún Karadima, y unos pocos, haciéndose los de las chacrarillas, en procesión para darle los honores respectivos, en lo que siempre pareció un funeral de Estado.

Nosotros bailamos en las calles, sin entender la mayoría, lo trágico que continuaba siendo todo y que estaba distante de ser un carnaval. Bien se sabe que “Todos los perritos se van al cielo”, entonces ésta no sería la excepción. El abuelo malo se iba bien cuidado por los médicos del Hospital Militar, rodeado de familiares y amigos y causando un impacto que volvió a alimentar el intermitente Pinochetismo.

La detención en Londres ya había dado cuerda a los “dog lover” de la patria y demostraba que la extinción de esta especie estaba sencillamente descartada.
Es así que, de tanto en tanto, las audiencias con estos golpes (de corriente) noticiosos, vuelven a hacer latir el corazón fascista de más chilenos de lo que nos gustaría contabilizar.

Como monos a cuerda alimentada por la irracional crueldad a exprofeso, y en una posta que parece no concluir, los Garín, los Gonzalo Rojas, los Hermógenes Pérez de Arce, los Moreira, los Longueira, los Coloma, los Márquez de la Plata, los Labbe, se apoderan de las tribunas para evidenciar en un genuino show el legado facho-prusiano-latifundista, que por medio del trabajo sucio logró instalar el modelo que hoy permite que esté escribiendo desde mi notebook comprado en cuotas en una transnacional tecki, esta columna.

Lindo panorama progre que hace pasar “piola” ciertos hechos deleznables. Basta mirar los nombres de las calles donde reina la inmundicia de un sistema democrático indecente por lo penca y mentiroso.

Providencia, la divina, con sus monseñores, obispos, próceres de la mugre nacionalista, amigos de lo ajeno, bautizan los tránsitos de “exitosos profesionales”, vendedores ambulantes y limosneros, que conviven en un pastiche social que a la mayoría enorgullece, y que de una forma u otra, es atribuido a la labor edilicia de un ex DINA, que sólo por cosas del destino, se encargó de una labor más o menos administrativa que la de Krassnoff, el ruso torturador, de linaje encargado de la contrarrevolución bolchevique. Enroques del destino que permiten a uno homenajear al otro, que ensuciándose las manos con sangre valerosa, como la de Victor Jara y tantos más, ganose una merecida pena de 140 años de cárcel.

Y es cuando uno piensa en que la revolución de las TICs, nos ha hecho pegarnos la escurriá, y no quedar tan colgados con los sucesos que se manejan en las cúpulas. Porque de no existir Twitter, y su derecha twittera, el movimiento social en la red, los diario electrónico, el blog del Brigadier Miguel Krassnoff con marchas prusianas, la promoción del libro “Cosaco Miguel Krassnoff, Prisionero por servir a Chile” de la “historiadora” Gisela Silva Encina, que incluye carta de la presidencia de la Republica agradeciendo la invitación a la presentación de la “investigación” y deseando éxito, muchos de nosotros nos podríamos estar tomando un shop para la calor en algún boliche republicano en la calle Krassnoff, sin saber siquiera quién es ese que tiene nombre de ladrido de perro, o de tos purulenta.

Porque “homenajes” sobran en Chile como también ignorancia. Porque el supuesto “pago de Chile” sólo le acontece a los que siempre han ganado el mínimo, o que hacen sus aportes en un obligatorio under. Los “poderosos” consiguen sus altares, se apoderan de los espacios públicos, de los símbolos, de los conceptos y ahora, felizmente, de la verdaderamente expansiva internet, que “funa” con los argumentos dados por el propio autor, en una guerra discursiva que es capaz de generar la acción directa, en el repudio a los honores en el “Club Providencia”.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Una refrescante longevidad


(Señora Clara, fotografía Leslie Cerón)

Mi admiración a los más viejos viene dada por la suerte que he tenido en conocer a los precisos. Ya sabemos lo plagado de ancianos maquiavélicos, inescrupulosos, y profundamente egoístas que está el mundo. De esos, los gerontócratas, que se apoderaron de la imagen del ser humano añoso, y en su particular caso también añejo, que intenta conservar sus viejos estandartes por medio de convenciones como que las de respeto a la experiencia, a la historia, y a una supuesta “sabiduría”.

No obstante, mucho de aquello simplemente ha venido a sostener propósitos de usura y explotación por medio incluso de cartas magnas. Y una vez decaídos por las implicancias implacables del tiempo, tienen su As bajo la manga: vástagos, herederos anquilosados en ese éxito a costa de la muerte a perpetuidad.

Pero como los huasos no son sólo los Quincheros, y los ejércitos no son sólo los prusianos, ni todos los jóvenes son los que aparecen en “Perla”, ni todas las banderas responden a un grupo de gente amparada temerosamente en la estructura sistémica de un régimen, no todos los viejos, son viejos de mierda.

Carmen Corena, Juan Radrigán, José Miguel Varas, Víctor Insulsa, Elvira Hernández, Alejandro Stuart, de oídas Gabriel Salazar y Clotario Blest, los anónimos don René y la señora Clara, el conserje y la viejita barrendera de Amunátegui, el tío Raúl y la tía Any, y por supuesto Manuel Cavieses, son alguna de las personas, que distantes generacionalmente de los más mozos, comparten la fuerza y potencia de lo siempre nuevo.

Podemos los jóvenes pecar de ignoracia –y también de soberbia- y no conocer a veces, quienes son estas grandes personas, pero incluso en esta situación, muchos de nosotros nos quedaremos impávidos, enganchados, seducidos, conectados íntimamente con sus exposiciones, con su filosofía, con su refrescante longevidad entrándonos como viento fresco por las a veces trágicas conjeturas y cómodos lamentos sobre el mundo actual.

Muchas veces he caído en cuenta que la comunicación se da mucho más fácilmente con ellos. Que puedo profundizar sin ninguneo, analizar sin miedo a la mofa, abrir mi corazón sin acusaciones de sensiblería, y buscar soluciones con la tranquilidad de que estaré con un aliado y no con un aportillador intentando competir cuando lo que se debe hacer es aportar.

La vida me parece más vital y en momentos de oscuridad completa, he tenido el dulce encuentro con el carisma de un clásico impecable, que no tiene necesidad de engaños ni artilugio, que no está como la chiquillada en busca de fama y pendiente del aplausómetro para otorgar una opinión. Ésta, clara y transparente, tan singularmente segura de sí misma, no teme flexibilizarse recogiendo inflexiones para enriquecerse aún más. Sabe que no puede transformarse en una sentencia, que en contadas condiciones podrá ser intemporal, pues de esa forma respondería a verdades prescritas por los cancerberos de las estructuras que sostienen las “universales” farsas.

Así es cómo uno da cuenta del espíritu cuando ha nacido libre y sano del prejuicio, cuando ha tenido que aprender, sin escatimar en esfuerzos, sobre la vergüenza de las múltiples heridas culturales en las que debemos caer, y seguiremos cayendo, para renacer recargados, en el instinto propio del Fénix.

Un espíritu que sí crece y se multiplica, pero no envejece ni se fosiliza, cubre las canas con destellos luminosos de luna nueva, y lubrica cada rótula, articulación y juntura, para que el cuerpo aún cansado, pueda construir cada mañana el presente, con sus cuantas sorpresas con signos de futuro.