martes, 30 de septiembre de 2008

¡ QUÉ BUENA COLUMNA¡

El pueblo no existe
POST TENEBRAS LUX(*)



Armando Uribe Echeverría


(*)La luz después de las tinieblas. Fue el lema de la Patria vieja. La independencia después de la colonia, la república después de la monarquía. Pero hubo una trampa. La independencia de Chile se hizo a favor de un grupo de burgueses y aristócratas criollos que, como algún historiador lo dijo, tuvieron el buen gusto de bautizar al nuevo esquema político “República”. Porque, a pesar de la influencia de la independencia norteamericana y de la revolución francesa, de república ese nuevo régimen tuvo poco. Faltó el pueblo.

No es invento nuestro.

Los historiadores, -Jaime Eyzaguirre, por ejemplo, que no puede ser tildado de izquierda-, en su O’Higgins (1946) mencionan a los “aristócratas” y a los “magnates” que se auto nombran delegados del "pueblo sano”(sic) cuando representan apenas a los miembros del Cabildo.

El mestizo pueblo de Chile, cruce de conquistadores y colonos con las etnias locales, mezcla que en 1810 tenía 260 años (y hoy cerca de 460), era mayoritariamente un pueblo de campesinos, artesanos y obreros pobres, en estado de casi servidumbre, y cuya existencia política era nula.

Como mucho existía en los fundos y en las filas de los regimientos, durante las guerras de Araucanía como en las batallas de la Independencia. Para desaparecer rápidamente después, en tiempos de paz, cuando volvían a los negocios aquellos que siempre estuvieron en ellos.

Cuando más, el pueblo de la Independencia se redujo al "pueblo humilde" que desfilaba al final en las procesiones, después de “la aristocracia”, las corporaciones, los generales y los abates.

La lentísima emergencia de una conciencia política popular en Chile empieza en los años 1850, cuando los liberales se entusiasman con la revolución francesa de 1848 y su inspiración girondina. Ahí, en la Sociedad de la Igualdad, surgen los primeros oradores de la república chilena, -Santiago Arcos, Francisco Bilbao, Eusebio Lillo...-, y los fundamentos de un constitucionalismo un poco más serio.

Pero el testigo e historiador de ese momento clave, Benjamín Vicuña Mackenna, se siente obligado a reconocer que, aún entonces, el pueblo, en el sentido político e histórico de la palabra, como expresión colectiva de la nación y como fundamento de la legitimidad política, ese pueblo, en Chile, no existe: “Había entonces juventud, si bien es cierto que no había pueblo, como no lo hay todavía.”(Los girondinos chilenos, 1876).

¿Cuándo se despierta en el pueblo chileno la consciencia de su dignidad política?

Probablemente con la guerra civil de 1891, con los movimientos sociales de las primeras décadas del siglo XX y el surgimiento de los primeros partidos políticos que aspiran a representarlo: radical, comunista, socialista.

Si bien comienza a existir, hay que esperar el triunfo de Salvador Allende en las elecciones presidenciales de 1970 para ver surgir ese pueblo como fuente única de la legitimidad republicana. La palabra pasa a designar una realidad diferente: no una clase social, no la plebe, sino todos los ciudadanos. Por primera vez existió entonces el pueblo que es nación y expresión de la voluntad general, del interés común, de la dignidad de la República.

El golpe de estado del 11 de septiembre de 1973 procuró hacer desaparecer esa presencia, y eliminar a su intolerable símbolo en la persona del presidente Salvador Allende, que subrayó hasta el último momento, en su testamento radiofónico, el vínculo legítimo e inalienable que le unía al pueblo de Chile.

Los civiles que heredaron del poder de manos de los militares después de 1990 han hecho, por su parte, todo los esfuerzos posibles para que los errores pasados no se reproduzcan, para que el pueblo de Chile vuelva a ser una amplísima casta sin voz ni voto, destinada a trabajar duro, a ganar poco, y a arreglárselas como pueda.

No es invento nuestro. El pueblo, hoy en Chile, aún no existe.

jueves, 25 de septiembre de 2008

La rebelión de los cabeza deforme

O el Gen Lombroso (texto de ironía...por favor¡¡¡)


El médico criminólogo italiano, Cesare Lombroso, fue un insólito personaje. Socialista y seguidor del espiritismo, tuvo especial interés en elucubrar una hipótesis para demostrar que fisiológicamente la mujer y la inteligencia son enemigos irreconciliables. En el año de 1894 escribió la obra “los Anarquistas” donde, amparado en lo que se conoce como “ciencia”, logró identificar un sujeto particularmente macabro para la sociedad. La categorización se basaba en que éstos poseían unas deformaciones craneanas que certificaban la presencia de un ser criminal. Este intento bastante controvertido, basado un 100% en observaciones y anécdotas, fue el cimiente de la antropología criminal.

Los impresionables y formales ciudadanos siguen creyendo en estos supuestos esotéricos, que hacían poner atención en los “cara de moco” de cabeza deforme, y antes como ahora, aplican un shock amanzalocos para reintegrarles a la sociedad.
Pertrechos urbanos como el ultrasonido son las joyitas más nuevas en este menester.

Concordemos o no con el diagnóstico y las supuestas “curas” para estos monstruos, sabemos que hay varios millones discretamente invisibilizados para no afectar la “imagen país”. Ya hemos nacido: criminales, esquizofrénicos, neofilos y morbosos altruistas que no complotamos con el liberalismo ni el socialismo.

Mi madre ponía sobre mi cabeza de recién nacida un gorrito de algodón para no evidenciar mi monstruosa deformidad. Lo supe cuando vi una horrenda foto donde aparecía de unos 6 meses de edad sin sombrero y una corroboración definitiva cuando me rapé hace un par de años. A causa de nuestra extraña cabeza, nos gusta usar sombreros como los de Sacco y Vanzetti, grandes champas de pelo de colores o simplemente una capucha para no mostrar su deformidad.

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Una de nuestras más celebres exponentes. Bety permaneció hasta su muerte dentro del closet


Nuestro excelente y honorable camarada lombrosiano, Carlos Brown


Ya que constituimos una morfología particular, una mutación si se quiere, esta presencia esta siempre en las épocas. Es parte de una especie inextinta que se activa con mayor fuerza cuando se está sometido a encorsetamientos sociales. La mayoría hemos sido gestados en dictadura y criados en una democracia indirecta y neoliberal.

Los síntomas no se hacen esperar en periodos de incertidumbre y ambición de dominio. Estamos hechos para evitar el totalitarismo del estado y las matemáticas. Por ejemplo, nos sentimos impedidos de sumarnos a los comicios electorales pues nos atacan cuadros de apnea iracunda, sopor lésbico o asco regurgitante cuando intentamos actuar en tales farsas, y sin tener otra escapatoria, hemos vuelto la espalda, automarginándonos del único contacto que tiene el ciudadano de a pié con el mundo público: el voto. Restándonos de ex profeso de los rituales políticos, respondemos a un nuevo tipo ciudadano. A uno que no es posible cercarle bajo ningún dogma perpetuo, que no cae en las celadas de la jurisdicción y el distrito.

Pretenciosos algunos lombrosianos no creemos que la única manera de razonar en política sea situándose en la competencia o en la lucha de clases. Tanto como para desear no menos que los personajes de Sympathy for Mr. Vengance de Chan Wook, donde sus propios cuerpos son la protesta que se excederá en una reivindicación multitudinaria, la misma razón por la cual no teme quemarse a lo bonzo el energético muchacho de Waking Life de Richard Linklaten.


Una de las diferencias más importantes con el sujeto “normal” que no fue advertida por los criminalistas, fue la capacidad telepática y la interacción simbólica, prácticamente paranoica que permite crear imágenes y conceptos nuevos. Lombroso algo habló de la neofilia (obsesión por la creación) que afectaba al sujeto anarquista, pero no introdujo nociones de psicomágia, a pesar de él ser asiduo al espiritismo. Quizás el mismo Lombroso fuera un aterrado anarquista que se fundamentaba en su negación.

Un trabajo psicomágico soslaya el timo patético de la clase política y como en la canción Química de Mauricio Redolés, se prefiere el caos ante una “realidad tan charcha”. Sintiendo lástima por esos personajes expuestos, manipulables, que como las monedas, no conforman ningún poder en sí mismos, nos apoderamos de su cara y sello revelando un frankenstein social, que trata de triunfar en un olimpo vertedero. Bullado es el caso que alguno de los nuestros hizo realidad sus sueños y bautizó a una Ministra de Estado para quitarle la mancha del pecado original por medio de un jarro de agua.


Ante tanta mamá que pone gorros a sus hijos recién nacidos no podemos verificar cuántos somos los lombrosianos. Pero sabemos que hay más de 4 millones de personas que no se identifican mediante voceros gárrulos. Más de 4 millones de personas que no les interesa elegir entre ya “elegidos” por castas salvajes para que arrebaten un poder propio, cada vez más criminalizado. Más de 4 millones de personas que me acompañan en este cambio de estado por vía de la abstinencia.

Podríamos decir que sin quererlo se han vuelto simpatizantes de este gen. Ya sea con fiestocas incontinentas- reggetoneras, donde por fin le vuelve el alma al cuerpo al cada vez más contractual ritual de apareamiento, con la utilización maestra de Internet y la creación de un mundo virtual donde se puede perfeccionar la cosa, y a ratos ser feliz, con percepciones psicotrónicas mediante drogas informáticas, o con únicas y francas expresiones humanas como son las protestas. En una de esas somos efectivamente unos 4 millones en este lugar llamado “Chile” y mundialmente unos cientos de millones más, que seremos motor de los cambios que se acercan a pasos agigantados.

La realidad vuelve a la tierra. La magia, la verdad. Seremos quienes harán un hábitat creativo y dinámico, sin mentiras basadas en la especulación y el egoísmo.

Cabezas de papa del mundo, UNÍOS¡¡ Desconéctense, dejen de drogarse, salgan de su pieza hedionda. La era de los criminales ha llegado.

viernes, 19 de septiembre de 2008

martes, 16 de septiembre de 2008

Mi primera vez

Más allá de la Dictadura


El cine chileno de los últimos 20 años se ha dedicado a reproducir los estereotipos televisivos, siendo en la práctica, una extensión, una rama, un apéndice, si es que no es exactamente lo mismo que esa industria cultural distante y distinta al séptimo arte. La pulcritud estética y su profundidad conceptual pesan menos que un paquete de cabritas, y el telefilm, que tantos beneficios le han dado al parlamentario Marco Enríquez-Ominami, es en resumidas cuentas, un esperpento que aspira gratuitamente a ser llamado cine. El cine chileno, es para mí, ese de arriendo más barato que el de otras latitudes, con argumentos basados en infinitas idioteces cotidianas, que no tienen mayor pretensión que la de divertir con una facilidad transversalizada por una moral purgante que, al final, como buena parábola, o cual chiste de Condorito, deja una lección. Las películas chilenas me sabían a un cuento provinciano, siempre sobre un sujeto sorprendido por una vida que nunca le pertenece, tan Punga como los cuentos escritos por la pluma de un Gonzalo León. Historias llenas de vergüenza y culpa. Historietas más que historias, un anecdotario que hace llorar con llanto, que hace reír con risa, que calienta con cacha. Explícita y por lo tanto fácil, rápida y por lo tanto, precocida, premolida, premunida de un aparataje más propio de una función de títeres que de una puesta en escena. Eso quizás por que la identificación nos ha valido la muerte del sujeto en su dimensión más allá de la nacionalidad y su trauma histórico más reciente.

¿Cómo ser chileno y no morir en el intento? Tony Manero, la película dirigida por Pablo Larraín y protagonizada por Alfredo Castro, da cátedra y tiene carácter fundacional de una nueva etapa en el cine nacional. Me atrevería a decir que a través de la descripción del personaje, nos inicia a entender la cura, esa que según los griegos no era otra cosa que la atenta mirada, la vigilia sin tregua, para una sociedad enferma.
Solo a partir de la patología puede existir la cura. Advirtiendo sin pudor las anomalías individuales, la película desarrolla un peso conceptual esclarecedor de un punto determinante para comprender nuestro ser en el mundo.
Apelando a una situación universal: la locura, se excomulga de los clichés clásicos y se cimenta en un referente situado en el centro mismo del tango "Yira-yira". Al hacerlo se emparenta con Seul contre tous de Gaspar Noé, y otorga ese rasgo distintivo de macho latinoamericano, dolido, carente, demandante de un otro que quiere ser el mismo, al cual no renuncia, obsesivamente, convirtiendo su karma en patología, en un asunto de vida o muerte. El objeto del deseo no funciona bien en su dimensión imaginaria, y en la real, el aspecto simbólico esta desconectado, sin puentes posibles por medio del lenguaje. Esta incapacidad psicótica se conjuga con una realidad que le acoge con facilidad, que le permite desatarse a su deseo, sin mayor inconveniente; un loco con locos, suelto en un patio de prisión. El protagonista inventa un personaje para sí mismo, se dedica a “eso” que él llama “espectáculo”, convirtiéndose en amante de un objeto que le sirve de explicación para dejarse ir. Lo consume, se consume, lo adquiere, se fusiona, se pierde, va más allá...más allá de la Dictadura, más allá de su presente y su pasado.

Chile no es el único país del mundo que sufrió de un estado terrorista. Sus personajes pueden ser latinoamericanos o escandinavos, pueden vivir en Chile o en Croacia. Están
situados en una repetición que nunca es igual pero es siempre la misma, en la nada.


La universalidad del personaje, que habla desde Latinoamérica, desde un Chile asolado por la dictadura, pero que no desde "dentro", sino "entre" esos localismos, permite que el espectador se distancie de su coyuntura, de su historicidad, busque asociaciones nuevas, inventando y creando sensaciones y evocaciones diferentes a las formuladas como postal de horror por la industria cultural: La Moneda en llamas, los carteles de detenidos desaparecidos, la junta militar. Sin embargo, Tony Manero ES la película de la Dictadura, porque su final abre la posibilidad de un Tony Manero en la dictadura de Hu Jintao, Pervez Musharraf, Anastasio Somoza o de Rafael Trujillo. Tony Manero, además, tiene una carga en el inconciente poderosa. El sexo es tratado con una crudeza similar a la expuesta por Fassbinder. Una soledad que desde su valentía y arrojo se precipita y cae en la desolación al tener que vérselas con el objeto de deseo,que no es un cuerpo,sino una fantasía,un "algo" que jamás podrá ser sitiado,que nunca estará dentro de los márgenes de la cordura. Su profundidad estética y conceptual se puede verificar en la escena en que el Manero chileno reproduce el texto de John Travolta en Fiebre de Sábado, y el personaje encarnado por la actriz, Amparo Noguera, se siente orgullosa de que éste “sepa hablar" en inglés. Lecturas oscuras y sórdidas en esta estación, retrotraen al intervencionismo de la CIA y su corolario en el asalto del neoliberalismo.

Uno se pregunta que pasaría si Manero hubiese sido el comunista, o el dueño de la pensión donde residía, o quizás, un agente de la DINA ¿El país sería el mismo? La respuesta es sí. Tony Manero es un brindis por la inevitabilidad. La congoja se hace presente sin la necesidad de sensiblerías fútiles, nada más el peso de la noche con todos sus gatos negros.

Única cosa, la calificación cinematográfica debiera ser de mayores de 18. Es una película dura y de esas que dejan "huellas”.


viernes, 12 de septiembre de 2008

El Habitante Invisible



o un ejercicio intertextual para soportar el Transantiasco

Me quedo en el paradero, en la orilla, viendo zarpar una oruga colmada de burros de carga esqueléticos, cangrejos de tres patas, colorados, llenos de un líquido viscoso que se filtra por las tenazas superiores y jabalíes robustos y furiosos, rasgando, sutiles, las nalgas de un par de moscas que zumban frenéticamente junto a la popa. Sé que es posible sacar mejor producto de la fatalidad cotidiana, pero me entrego a estas imágenes cada vez que la realidad me supera. ¿Como sería mi vida sin esas ilusiones? Recuerdo a Breton y su agitada arenga: “¡Deberíamos conducirnos como si estuviéramos realmente en el mundo¡” Si alargara mi mano tanteando humedades trémulas, restregando mi orgullo en un jumper, o resoplando en un nínfulo oído, podría sentir que mi vida en ese instante preciso y real recobra algún sentido… pero la pulsión de muerte me domina y me echo en mi cabeza maniática, ésta en donde los pelos se sostienen tímidamente y los pensamientos son ácidos como una empanada de pino, a regocijarme pensando en qué pasaría si Lagos fuera en frente del Sultán Kublai a presentar su Ciudad Invisible como lo hizo Marco Polo en el libro de Calvino. No habría seudos juicios de residencia, nada más un afilado cuchillo disectaría su cuerpo en dos. Una muerte a la medida de un monarca. O simplemente en si el Transantiago fuera el Transbuenosaires y todos nosotros, en vez de borregos sufridores que a lo más manguean un pasaje nos convirtiéramos de pronto en Nerones pasajeros, ajusticiando nuestra dignidad.

Cada uno tiene un urbanista alojado dentro, tras un gran escritorio lleno de planos y maquetas. Hay algunos que ya están dormidos o han muerto sobre proyectos inconclusos, hay otros que cambiaron el giro comercial y se dedican más que al diseño de un lugar perfecto donde habitar, a especular en nombre de la “Paz”. Pero sin lugar a dudas, los más importantes son los que han podido hacer subproductos a costa de una ciudad planteada para el fracaso. Bisutería vial, fetiches tecnológicos, y hormigón, que a horcajadas cubre el sedimento que por siglos la humanidad ha derramado. Historias y metástasis. Así la ciudad, esa negación al viaje y al nomadismo del habitante del mundo, queda convertida en una imagen petrificada, de señal éticas tan estupefactas como quienes las obedecen. Como dice Papinni en las narraciones de Gog: "Ninguna de ellas fue concebida en síntesis por un genio, como una obra de arte, y realizada con fidelidad espiritual para encarnar en piedra una idea. Son, en su mayoría, conglomerados monstruosos debidos al azar y a los caprichos de las generaciones y absolutamente obedientes a las necesidades usuales de la odiosa vida en común"

La muerte de la animita. La muerte del quebrantable momento de lectura en un asiento de micro. La muerte de la muerte; la imposible misión de inhumar cadáveres escondidos bajo carreteras y autopistas.

Ahí estamos todos, presos de un MOP arrogante y de un Ministerio de Transportes que nos obliga a permanecer impávidos en un no-lugar real por tiempos indefinidos para luego ser capturados por verdes y venenosas orugas. Es ahí, en los trayectos de idas y venidas, cuando el fantasma de la idea me recorre, cuando un hada triste se me sienta como un loro en el hombro a dictarme poesías que nunca creí memorizar. “He derrochado mi vida. ¡Vamos¡ Finjamos, holguemos, ¡Oh piedad¡ Y existiremos divirtiéndonos, soñando amores monstruosos y universos fantásticos, quejándonos y combatiendo las apariencias del mundo, saltimbanqui, mendigo, artista, bandido…”. Rimbaud dándome un hálito de cordura, un palmoteo de espalda, un “levántate y anda”.

Es cierto ¿Qué he hecho con mi vida? ¿No me he entregado en cuerpo y alma a una ciudad que ni la montaña abraza con cariño? Decido caminar a prisa por Bandera, tomar rumbos con otra estampa y una mueca decidida. Allá voy ¡Por que el viaje es doloroso y estéril¡ a quedarme habitando en un lugar, uno solo, como un vegetal inmigrante, junto a coreanos y japoneses, peruanos y ecuatorianos. Una patria sedentaria sin límites. ¡¡No me subo más a ninguna de esas micros¡¡¡

jueves, 11 de septiembre de 2008

martes, 9 de septiembre de 2008

Simón Oliveros: el delfín de Harboe




Karateca como un Neo-nazi de esos que marchan impunemente por las avenidas con la venia de las Instituciones y sin amenazas de ser mojados y gaseados por los trogloditas de uniforme...porque son parte de uno de sus cuadros, que duda cabe. Este chicuelo, karateca como un neo-nazi (no quiero decir que lo sea, es solamente un deporte¡¡) se suma a la ya larga lista de traidores de un plantel combativo y pensante. La Provoste y el yerno de Lavín eran el apronte para el verdadero cataclismo. Porque este señorito de naricita respingada no se ha remitido nada más que a despachar con todo el morbo y la complacencia propia de la línea editorial del canal católico, sino que ha comenzado a mentir descaradamente, desconociendo todo lo que moralmente, al menos, pudo absorver de la universidad de donde fue el niño símbolo. Porque fue rostro de la Upla, se sabía que este periodistuchito se iba a perfilar como una vedette massmediática, pero no sabíamos que era una fervorosamente canuta, cochinona geisha opus dai, que ante la autoridad es capaz de componer un hermoso arete. Simoncito en el noticiario de esta noche habló del 11 de septiembre con la sorna de los que tiraban huesos cazueleros a los familiares de detenidos desaperecidos y peor, como un pendejo ignorante de la coyuntura social que afecta al país. Criminalizando nuevamente la protesta pública, como si ya no bastara con Harboe y Perez Yoma hijo, igual de asesino que el padre, le mete de su cosecha y utiliza adjetivos que MATAN la manoseada "objetividad".

"Delincuentes", "criminales", "antisociales", y falsos epítetos para calificar a priori a jovenes que no hacen más que tender puentes con palabras prohibidas, para generar remezones de conciencias y fomentar las intersubjetividades.
Por un sueldito, Oliveros, tocayo de ese idiota sargento vecino, vende a su propia generación, estigmatizando con ello a todo ciudadano librepensador que utiliza la herramienta más pacífica que existe: la palabra. Pueden existir balas de tinta, pero en un campo simbólico, no como esas reales que se incrustan en cuerpos indefensos como el de Matias Catrileo, que mantienen sitiados y cautivos a los habitantes del sur. A este abuso de poder, a este TERRORISMO DE ESTADO, jamás le llamarán asesinato, o secuestro, respectivamente, como jamás en los medios fue llamado criminal ninguno de los que regaron con sangre las alamedas de la patria.
Chiquitos como Oliveros, son los que mantedrán al pueblo en llamas, aunque sea una vez al año y como triste catarsis, cuando debería ser continuamente por cada atropello cometido en contra la dignidad de las personas que tenemos la desgracia de haber nacido en estas fronteras, donde se nos cobra, robandonos y violando nuestros derechos, vulnerando nuestra libertad, por el simple hecho de estar vivos en este lado del mundo según las condiciones de un piño de pelafustanes amargos.
Prefiero mi desvalijada covacha a someterme a un guión farsante y dúctil, el veneno que hace tan inútil la verdad. Por un par de monedas, sucias como las palabras con que tu lengua se pudre, te vendes Simoncito. Quieres jugar a mandar, pero no eres más que un suche del poder, otro más como tantos periodistuchos, pordioseros de los más viles pues mendigan fama y son capaces de vender a su madre por obtener un piso para su fatal arrogancia. En este caso Oliveros, estás vendiendo a tu propio pueblo, que aún, aunque parezca anacrónico, pide un poco de RESPETO.

El Binopolar





por Marcelo Valdes

Yo que era tan PC
De repente me volví tan DC…
Pero fue por un asunto de peso
de peso
de pesos
pe$o$
solamente por eso
de peso
eso.
Yo que gritaba tanto “y va a caer”
Se me terminarón cayendo los pantalones
Y fuí cayendo tan bajo y vendido
A cambio de unos cuantos concejalitos,
uno que otro alcaldecito
y quien sabe si algún diputadillo.
Ustedes que me vieron cantando:
“el pueblo unido jamás será vencido”
Termine desuniendo a un pueblo maltratado y confundido,
Hipotecando en cuotas de mercado
Todo movimiento social, popular y político.
Yo que vocifere tanto contra “la democracia de los acuerdos”
Termine salvando el pellejo a los mismos
Que siempre se han burlado de este pobre excluido.
Ustedes que me vieron tan rojo
Hoy no me reconocen tan amarillo.
Digo algo que luego desdigo
Digo otra cosa y después me contradigo,
me hablan sobre este o tal acuerdo
Y sobre algo que ya ni recuerdo.
Hable tanto que estos y los otros eran los mismos
que sin saber como
hoy también soy justamente de esos mismos mismos.
Yo que era tan consecuente ahora cambio el discurso a la gente,
Hablo de estrategias y obediencia,
Pero lo único rojo que me va quedando es por vergüenza.
Ustedes que me escucharon tanto mofarme de los renovaos
hoy parece que soy yo quien mas ha tranzado,
yo que era tan P”C”
de repente me volví tan DC…

viernes, 5 de septiembre de 2008

¿Un persona un voto o un poto?




Por Karen Hermosilla Tobar


No me he inscrito ni me voy a inscribir. No tengo que salvar a Chile del influjo capitalista, ni fascista, ni ninguna de esas manos. "El chancho está tirado". Es verdad que usted no quedó con cola si votó por los de turno, pues se la requete mancillaron. "La alegría ya viene", "Gana la gente", "Por los nuevos tiempos", "Por un Chile de verdad", "Chile Mucho mejor", "Crecer con Igualad", "Estoy contigo", a estas alturas, forman parte de un kitsch almanaque de humor negro.

Pero, no me confunda con el idiota que dice: "da lo mismo quien esté, uno igual tiene que salir a trabajar". No se trata de ser productivo o de tirarse las bolas; el tema es exigir que a uno se le respete, y la única forma para soslayar el embauque, es no ser parte del rebaño electoral. Votar es literalmente prestar el poto: te hace admitir que otro es más idóneo que tú para decidir el destino de la comunidad, para más remate, no te asegura ser fiscalizador directo de la administraición de la pobreza. Te mojan, te gasean, te criminalizan, te matan si osas protestar por los cagazos que se mande el "poder". Debes elegir en el marco de un sistema electoral binominal, donde ganan engendros que realmente pierden para asegurar "gobernabilidad", y todo esto para adscribir a un contrato "social" callampero… Hallo completamente innecesario este ejercicio del viejo "mete y saca" democrático, porque, claro, uno lo presta contento, creyendo que con esto es más ciudadano que antes.

Mi primer pololo era presidente del CGA, y desde entonces que sé que todos esos tipejos son unos frescos de raja. Para el aniversario del Liceo el muy barsa inventó el cuento de la donación de alimentos no perecibles, con el pretexto de hacer una contribución al Hospicio, pero después agarró los víveres y se los llevó a Nirivilo donde con un neo-GAP, se bañó en tinajas de pipeño, y se cuenta, juguetearon a la "mano muerta".

Es tan picante la clase política, tan fea, tan marrullera, tan FOME que, a pesar de no creer en la vergüenza ajena por parecerme un sentimiento de lo más farsante, me hace enrojecer, como cuando uno se enfila con el más pastel del barrio. ¿No es para morirse de plancha el prolapso de Pinto, las in-licitaciones del doble de riesgo del chancho de Mundo Mágico, Jorge Soria, la ninfomanía de la rucia Vicky, o el anal-fabetismo de Virginia Regenita? Sin mencionar los contratos truchos con la ya celebérrima GMA y todos los fraudes al fisco de éstos, los sardónicos feudales, buenos para andar robando cámaras, en un triste y ordinario reality en donde las coimas y los escándalos son el único activo.

...Pienso firmemente que lograr un ano complaciente es para devotos derrochadores de fe. Puede que resulte potifrunci, pero le temo al chorreo de estercolado y sobretodo a las almorranas histéricas. Me siento inocente todavía para entrar a transar con un selecto universo de mediocres, y cederles mi cuerpo político: mí poder.

Además, eso de que el voto sea obligatorio por designio de la Constitución del 80 me parece tránsfuga. Un signo de bizarra maldición.
Por eso, cuando el voto sea voluntario, electrónico, sin que Sonda sea la operadora, y siempre y cuando los candidatos compren la franquicia de "Patinando por un sueño" para unas primarias OBLIGATORIAS, recién comenzaré a pensar en la posibilidad de tomarme la molestia de concurrir a un deprimente y húmedo establecimiento fiscal, como se le llama a esos antros de juventud frustrada. Porque, si son tan chantas como los chiquillos de la farándula, lo menos que pido es que nos entretengan un rato. No puede ser que luego de ganar, recién se nos premie con eventos tales como la "polera mojada" de Evelyn Mattei.

Con respecto a lo de anulo con el culo, o anula con la tula: ¿Para que salga Mellado? ¡¡Ni cagando¡¡

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Control de plagas




¿Pero en serio tu crees en esa relación? o sea si yo soy o fui hija no deseada...me convierto inexorablemente en una delincuente? le pregunté a mi ex compañera de curso hoy flamante socióloga contratada en una consultora. La reflexión de los sociólogos concertacionistas ha puesto en la palestra la píldora del día después como la secreta panacea a los vicios criminales de la sociedad moderna. No es la pobreza; es el sexo malhabido, como la violación del conquistador a la india y la posterior síntesis en el roto chileno.
Y no es que esté en contra de la píldora, esta bien. Ya hay suficientes esclavos en el país, que ni siquiera caben en los PGE porque los fondos se han desviado a campañas políticas, que ya no pueden ser absorbidos por el servicio militar, pues se mueren de hambre y frío sin salvarse de su designio de campesino marginado y quedan en el recuerdo como héroes de Antuco. ¿Qué más? simplemente parar la fabrica de hijos bastardos. De flaites peligroso como monos con navaja. De cabros que de ser buenos ni en el colegio estan seguros, pues se les puede venir abajo el mismo suelo. Ojalá salieran todos tontos o inválidos por que es la única forma que instituciones beneficas pentamillonarias, como la Teletón, se apiaden de su existencia; de salir capaces, tendrán que conformarse con guardar el talento en un baúl y utilizarlo solo para los campeonatos de play station en el ciber más cercano a sus ratoneras Minvu.

El crecimiento demográfico depende de las adolescentes desinformadas y vehementes, de las muchachas neófitas y desheredadas que crían hijos para la guerra y el trabajo asalariado. Ahora hay un superhábit estructural de críos malnacidos y hay que hacer algo "urgente", de "emergencia" como la píldora. La iglesia pataleó un rato, lo suficiente para coincidir con su clásica hipocresía, pero nada serio en realidad. No son el poder fáctico de antaño. El modelo neoliberal ha carcomido los cimientos de la santa iglesia de San Pedro y no le queda más que sacar inofensivas declaraciones de principios. La derecha chilena, la misma historia, pues hay algunos nostálgicos latifundistas pechoños que pusieron, frente a las pantallas, el grito en el cielo para mantener las apariencias, pero los otros, prósperos y progresistas empresarios, que son los que realmente la llevan, están completamente de acuerdo en que si el Estado no puede absorber esa fuerza de trabajo mal alimentada, tiene que ser reducida con métodos químicos "efectivos”. No hay más remedio, además, hace ya varios pares de décadas que han cambiado la caridad - lastimosa ayuda asistencialista - por populismo, triste desviación de lo anterior para alcanzar fines políticos mediante el voto de la plebe.

Es de entender que las grandes familias dinásticas encuentren que la píldora va en contra de la vida, porque para ellos el nacimiento de un hijo corresponde la certeza de trascendencia económica y política. Es obvio que un hijo para los ricos es una bendición y que en este país mientras unos nacen con la marraqueta bajo el brazo, otros, nacen con la mierda hasta el cogote. Así como el control de plagas, como la esterilización canina, es visto por la autoridad la famosa píldora del día después. Un Estado como el chileno no te puede garantizar más beneficio que el de no nacer. De todas formas yo lo veo como un gran favor, más aún, un ahorro de energías para tanto cesante tentado de quemarse a lo bonzo en la plaza pública.