sábado, 31 de diciembre de 2011

El año decisivo

(Página Editorial de Punto Final by Karen Hermosilla)
Existe una constante conmoción provocada por un constante bombardeo de versiones apocalípticas sobre 2012. Las profecías Maya, han sido interpretadas por la visión occidental mesiánica, y todo lo que podríamos aprender de esta cultura prehispánica, se va a las pailas porque siempre está bajo el prisma miope de los evangelizadores de los espejitos de colores.

El 21 de diciembre del 2012, concluye una cuenta del calendario de 5128 años, es decir 13 baktunes. Esta medida de tiempo que llega a su fin, según algunos mayistas, anuncia el descenso del dios Bolon Yokte, relacionado con el axis mundi o árbol de cocodrilo en el centro de la galaxia, que se alineará ese día con el sol.

Contrariamente a lo que uno se esperaría: que todos los astrofísicos del mundo dieran charlas y nos mantuvieran informados; nos encontramos con montones de interpretaciones chantas, y muy vendidas al sistema. Sí, esto que parece ser una exageración de mi parte, no es nada más que lo que ocurre en todo el mundo para propagar el sentimiento de angustia, o fíjense bien, de forma proselitista, como lo viene haciendo el gobierno mexicano de Felipe Calderón, que espera lanzar el siguiente slogan durante el próximo año: “La cuenta que hará historia… Una nueva era comienza”.

¿Será que se acabará la ley del más fuerte, los asesinatos, el servilismo con el imperio Yanki, el machismo y sus incontables femicidios, la venta de semillas nativas a Monsanto, o de terrenos para hacer biodisel en vez de más alimento para los hambrientos? Sabemos, que los más probable es que no. Que todo se quede tal cual como está, pero vendido de una forma cool, estratégica en un marketing que redituará seguro a costa del “etno-turismo maya”.

Cuando se echa mano a los extraterrestres, al sentimiento patriótico por medio del fútbol, a características raciales o de género que cambiarían la forma de liderar, sabemos que algo anda mal. Pero ahora parece ser aún más delicado el tema, porque nos hacen pensar en un fin, en un término, sin que nada en realidad haya cambiado realmente para afirmar que esto estaría sucediendo.

Las fuerzas sociales en todo el mundo quieren generar una nueva manera de llevar a cuestas el planeta, para poder hacerlo de manera más equilibrada, evitando que los mismos de siempre se lleven tanto peso, que termine por aplastarlos. Sin embargo, las plataformas de poder, las rimbombantes siglas de poder: UE-OEA-ONU-FMI y un largo y ridículo etcétera, mantiene las cosas congeladas, mientras el resto se derrite a causa de las emisiones de carbono, y se hunde en la inmundicia contaminante y empobrecedora del subdesarrollo.

El “nuevo orden mundial” es demasiado viejo para que podamos asustarnos, y las guerras, ya han dejado la suficiente riqueza y devastación como para lanzarse a una nueva “cruzada” por la hegemonía. Las estructuras parecen erigirse aún más sobre los crédulos para amedrentarnos, y con esa cristiana sensibilidad plañidera, situada en las creencias y la ignorancia, parece dejarlos desnudos, como recién nacidos en las fauces de un monstruo insaciable.

Como me gusta decir, es ahora cuando debemos estar “más vivitos”, más atentos a las teorías que hablan de un término, porque de seguro es con la garantía de que es para que todo continúe siendo igual. Como toda esa parafernalia que se hace a las 12 de la noche los 31 de diciembre, con petardos y tronaduras, con artificio y quemadero de plata en ciudades pobres y mugrientas como Valparaíso, provocando una catarsis, que se supone, dejará atrás “todo lo malo” para un “próspero año nuevo”.

No seamos ilusos. Demos la pelea siempre, ese 21 de diciembre de 2012 y todos los días venideros, porque si algo debe cambiar, es justamente lo que hemos construido torpemente sobre bases de sistemas ruinosos y decadentes. No le deleguemos esta tarea a fuerzas ocultas. A nosotros nos toca, como humanidad, destruir para redimir.

martes, 20 de diciembre de 2011

La Universidad de la Vida



Es bastante divertido que se me encomiende a mí, la ignara, hablar sobre la educación. Solo este último mes, lo más granado de las mujeres que bordean la treintena no han escatimado en adjetivos tales como rota, ordinaria y picante para referirse a mi persona. Estas señoritas alegan mi falta de rigurosidad, mi poca prolijidad discursiva, que me hace caer en flagrante vulgaridad que, por lo visto, las violenta íntimamente.

Igual me aguantan, y no solo eso, sino que muchos de ustedes son capaces de disfrutar mi ignorancia de adrede. ¿Será que l@s viejits chics, que citan demasiado y que oran como sofista recauchado en la posmodernidad ciberespacial, han terminado por aburrirnos? Es lamentable que no sean disfrutados por miles de ojos voraces, es lamentable, porque seguro todos nosotros, ignorantes y simplones, nos perdemos de educarnos con lo mejor del pensamiento actual.

Lo “picante” suele ser casi siempre lo que evidencia la vida, y a los papaítos y tías culturales zombis (que se alimentan de cerebros ajenos), y que siguen teniendo sensibilidad nada más que en una parte de su cuerpo: el periné, les escuece de forma tan sofocante y enervante que los vuelve aun más endemoniados y agresivamente intelectuales.

Por mi parte y siendo bien sincera, si voy a ponerme estudiosa, prefiero leer a los clásicos, y a los novísimos, sólo sus chambonadas en 140 caracteres si es que cumplen con requisitos básicos como no decirme lo que la educación más o menos formal ya dijo y mucho mejor que ellos.

La originalidad nunca es bien ponderada por los buenos alumnos y los mejores profesores que enseñan lo aprendido. Más bien es valorada la buena repetición de contenidos, el remedo, la reescritura, la religiosidad de una memoria que no atenta en contra de lo “histórico” y “verdadero” de la creación humana.

Lo importante para ser serio, y darse a respetar, es mantener cada una de las letras en perfecto orden y armonía dispuesta por la RAE, y vergüenza de aquellas si esto así no sucede, pues estamos demostrando una debilidad que da cuenta, no nada más que de una intelectualidad decaída, sino de un roce social insignificante. Palabrotas, que aunque juntas puedan darle vida a una idea, son de lo menos indicadas en momentos en donde el respetable, es más respetable que nunca, porque como usuario de contenidos quiere y exige que éstos sean de lo mejor.

Yo recomendaría que si quieren leer sin tener que pasar un mal rato se fueran directo a sandías caladas. Algún tipo de iluminación de Rimbaud, o a algún análisis a Wittgenstein, o si quieren una buena caracterización de la sociedad, a Focault. Como ven, hay para regodearse.

Si lo que les mata es la contingencia, vamos por ese Carlitos Peña, o por las editoriales de La Segunda recomendadas por Boric. Pero en una columna de una mina que sale en sostenes mirando para arriba en un diario que puso nada menos que en la portada y con mayúscula REVELIÓN, no pueden pensar que se puede encontrar conocimientos ligados a la academia.

A mí más que preocuparme de que las instituciones de educación pueden proveerme contenido de “calidad” para una vida adulta “elegante” o “elevada”, me preocupa cómo se nos ha venido educando con el ejemplo a cargo de líderes fácticos y económicos como la mierda.

Ladrones, pederastas, asesinos, mafiosos, y un montón de personajes con conductas de gente bastante “mal educada”, que por no ser “rotaordinaria”, eluden a la justicia, y en términos de escarnio público, bien poco puede importarles, porque ahí los que se atreven a poner la voz de alerta, son los “rotordinarios” genuinos, incapaces de “analizar” en debida forma el cause histórico de tan notables personajes.

El apasionamiento flexibiliza la rigidez de un esquema establecido en contenidos que “educan” formando a conocedores y cultos, casi siempre con el fin de hacer “carrera” para ganar más plata, para tener más minas (la mujer está atada al lenguaje) o ser más caperusos que el chulerío pecaminoso en su inopia cerebral, en su escatología liberadora, en su ordinariez festiva, valiente, llena de eso choricuaco y patente, estudiado y aprendido con éxito en la desprestigiada, pero grande y maestra, Universidad de la Vida. Ese es el el único plantel que defiendo, pues es el motor de cualquier aprendizaje que no se cacarea en más carillas de las que alguien menos latero y más vivito, es capaz de leer.

@karestroika

sábado, 3 de diciembre de 2011

La divina Providencia, de Internet



Escribo esta columna justamente el día en que hace 96 años naciera uno de los personajes más cruentos de la provincia señalada. Si bien se creyó que su muerte lavaría el resabio dictatorial y que podríamos finiquitar la eterna transición a la Democracia, nos dimos cuenta que por mucho que existan WC, la mierda existe no sólo en las cañerías lejanas a nuestra vista, o contaminando los ríos, lagos y mares, sino entre medio de nuestras propias vísceras.

Filas de meretrices jubiladas que volvían a sentir cómo su clítoris se rellenaba del ardiente pus de sus ovarios atrofiados, aguardaban para abrazar el podrido cadáver del genocida. Hordas de viejos secos literalmente como escupo de momia, jovenzuelos criados bajo la casta preferencia sexual de algún Karadima, y unos pocos, haciéndose los de las chacrarillas, en procesión para darle los honores respectivos, en lo que siempre pareció un funeral de Estado.

Nosotros bailamos en las calles, sin entender la mayoría, lo trágico que continuaba siendo todo y que estaba distante de ser un carnaval. Bien se sabe que “Todos los perritos se van al cielo”, entonces ésta no sería la excepción. El abuelo malo se iba bien cuidado por los médicos del Hospital Militar, rodeado de familiares y amigos y causando un impacto que volvió a alimentar el intermitente Pinochetismo.

La detención en Londres ya había dado cuerda a los “dog lover” de la patria y demostraba que la extinción de esta especie estaba sencillamente descartada.
Es así que, de tanto en tanto, las audiencias con estos golpes (de corriente) noticiosos, vuelven a hacer latir el corazón fascista de más chilenos de lo que nos gustaría contabilizar.

Como monos a cuerda alimentada por la irracional crueldad a exprofeso, y en una posta que parece no concluir, los Garín, los Gonzalo Rojas, los Hermógenes Pérez de Arce, los Moreira, los Longueira, los Coloma, los Márquez de la Plata, los Labbe, se apoderan de las tribunas para evidenciar en un genuino show el legado facho-prusiano-latifundista, que por medio del trabajo sucio logró instalar el modelo que hoy permite que esté escribiendo desde mi notebook comprado en cuotas en una transnacional tecki, esta columna.

Lindo panorama progre que hace pasar “piola” ciertos hechos deleznables. Basta mirar los nombres de las calles donde reina la inmundicia de un sistema democrático indecente por lo penca y mentiroso.

Providencia, la divina, con sus monseñores, obispos, próceres de la mugre nacionalista, amigos de lo ajeno, bautizan los tránsitos de “exitosos profesionales”, vendedores ambulantes y limosneros, que conviven en un pastiche social que a la mayoría enorgullece, y que de una forma u otra, es atribuido a la labor edilicia de un ex DINA, que sólo por cosas del destino, se encargó de una labor más o menos administrativa que la de Krassnoff, el ruso torturador, de linaje encargado de la contrarrevolución bolchevique. Enroques del destino que permiten a uno homenajear al otro, que ensuciándose las manos con sangre valerosa, como la de Victor Jara y tantos más, ganose una merecida pena de 140 años de cárcel.

Y es cuando uno piensa en que la revolución de las TICs, nos ha hecho pegarnos la escurriá, y no quedar tan colgados con los sucesos que se manejan en las cúpulas. Porque de no existir Twitter, y su derecha twittera, el movimiento social en la red, los diario electrónico, el blog del Brigadier Miguel Krassnoff con marchas prusianas, la promoción del libro “Cosaco Miguel Krassnoff, Prisionero por servir a Chile” de la “historiadora” Gisela Silva Encina, que incluye carta de la presidencia de la Republica agradeciendo la invitación a la presentación de la “investigación” y deseando éxito, muchos de nosotros nos podríamos estar tomando un shop para la calor en algún boliche republicano en la calle Krassnoff, sin saber siquiera quién es ese que tiene nombre de ladrido de perro, o de tos purulenta.

Porque “homenajes” sobran en Chile como también ignorancia. Porque el supuesto “pago de Chile” sólo le acontece a los que siempre han ganado el mínimo, o que hacen sus aportes en un obligatorio under. Los “poderosos” consiguen sus altares, se apoderan de los espacios públicos, de los símbolos, de los conceptos y ahora, felizmente, de la verdaderamente expansiva internet, que “funa” con los argumentos dados por el propio autor, en una guerra discursiva que es capaz de generar la acción directa, en el repudio a los honores en el “Club Providencia”.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Una refrescante longevidad


(Señora Clara, fotografía Leslie Cerón)

Mi admiración a los más viejos viene dada por la suerte que he tenido en conocer a los precisos. Ya sabemos lo plagado de ancianos maquiavélicos, inescrupulosos, y profundamente egoístas que está el mundo. De esos, los gerontócratas, que se apoderaron de la imagen del ser humano añoso, y en su particular caso también añejo, que intenta conservar sus viejos estandartes por medio de convenciones como que las de respeto a la experiencia, a la historia, y a una supuesta “sabiduría”.

No obstante, mucho de aquello simplemente ha venido a sostener propósitos de usura y explotación por medio incluso de cartas magnas. Y una vez decaídos por las implicancias implacables del tiempo, tienen su As bajo la manga: vástagos, herederos anquilosados en ese éxito a costa de la muerte a perpetuidad.

Pero como los huasos no son sólo los Quincheros, y los ejércitos no son sólo los prusianos, ni todos los jóvenes son los que aparecen en “Perla”, ni todas las banderas responden a un grupo de gente amparada temerosamente en la estructura sistémica de un régimen, no todos los viejos, son viejos de mierda.

Carmen Corena, Juan Radrigán, José Miguel Varas, Víctor Insulsa, Elvira Hernández, Alejandro Stuart, de oídas Gabriel Salazar y Clotario Blest, los anónimos don René y la señora Clara, el conserje y la viejita barrendera de Amunátegui, el tío Raúl y la tía Any, y por supuesto Manuel Cavieses, son alguna de las personas, que distantes generacionalmente de los más mozos, comparten la fuerza y potencia de lo siempre nuevo.

Podemos los jóvenes pecar de ignoracia –y también de soberbia- y no conocer a veces, quienes son estas grandes personas, pero incluso en esta situación, muchos de nosotros nos quedaremos impávidos, enganchados, seducidos, conectados íntimamente con sus exposiciones, con su filosofía, con su refrescante longevidad entrándonos como viento fresco por las a veces trágicas conjeturas y cómodos lamentos sobre el mundo actual.

Muchas veces he caído en cuenta que la comunicación se da mucho más fácilmente con ellos. Que puedo profundizar sin ninguneo, analizar sin miedo a la mofa, abrir mi corazón sin acusaciones de sensiblería, y buscar soluciones con la tranquilidad de que estaré con un aliado y no con un aportillador intentando competir cuando lo que se debe hacer es aportar.

La vida me parece más vital y en momentos de oscuridad completa, he tenido el dulce encuentro con el carisma de un clásico impecable, que no tiene necesidad de engaños ni artilugio, que no está como la chiquillada en busca de fama y pendiente del aplausómetro para otorgar una opinión. Ésta, clara y transparente, tan singularmente segura de sí misma, no teme flexibilizarse recogiendo inflexiones para enriquecerse aún más. Sabe que no puede transformarse en una sentencia, que en contadas condiciones podrá ser intemporal, pues de esa forma respondería a verdades prescritas por los cancerberos de las estructuras que sostienen las “universales” farsas.

Así es cómo uno da cuenta del espíritu cuando ha nacido libre y sano del prejuicio, cuando ha tenido que aprender, sin escatimar en esfuerzos, sobre la vergüenza de las múltiples heridas culturales en las que debemos caer, y seguiremos cayendo, para renacer recargados, en el instinto propio del Fénix.

Un espíritu que sí crece y se multiplica, pero no envejece ni se fosiliza, cubre las canas con destellos luminosos de luna nueva, y lubrica cada rótula, articulación y juntura, para que el cuerpo aún cansado, pueda construir cada mañana el presente, con sus cuantas sorpresas con signos de futuro.

jueves, 27 de octubre de 2011

Profesores vs. Profesores


El descontento, la rabia, la protesta, el hartazgo, el cansancio, la variación, la reconversión. Hemos llegado a ese punto de maduración en donde el peticionismo ha dado un salto hacia la política pura y dura, incluso de aquellos que no teniendo un leguaje de masas ni de consenso, han decidido la acción violenta, en donde hasta el movimiento Indignados queda chico, pues ellos se amurran y se quedan a vivir en un lugar público esperando que algo cambie, mientras están sentados.

Acá la cosa ha sido seria. Los representantes ya se han ido a las Europas, a funar la imagen país, la gobernabilidad, los ranking de macroeconomía, para dejar en claro que el tema de la educación corresponde a una crisis multifactorial, de una nación vendida, ni siquiera al mejor postor, sino por negociados en donde la usura y la mala leche proveniente de una crianza en las Universidades de Chicago, ha hecho bien su trabajo.

Ahora también se han sumado, de una forma más edulcorada, los New York boys, cuarentones expansivos, que entienden el Estado como la administración de la pobreza, y les interesa de todas formas generar ganancias, para asegurar prosperidad en un futuro inexistente, a costa de políticas públicas con restricciones impresionantes en el gasto.

Estos dos entes, son los patrones de comportamiento político en Chile, hasta ahora. Mientras unos juegan por el bando de los empresarios, los otros aún diciendo que no son de la misma camada, apoyan esta situación, y la profundizan al negarse a invertir dentro del terruño.

Más gringos que los gringos, han impuesto un modelo de “éxito” personal e intransferible que ha estimulado el diseño de mallas curriculares en Universidades chilenas que intentan reproducir infinitamente el modelo enseñado a estos próceres de la patria 2.0. que van desde sus negocios personales y legitimas aspiraciones, hacia sus decanatos en alguna Facultad, ampliando el FUA nacional.

Estos profesores del seudo-neoliberalismo, no se esperaban que unos chiquillos, que son tantos, se dieran cuenta y no sólo eso, sino que salieran del aula a la calle y seriamente originaran una ofensiva, un estallido social, una lucha de clases entre este 99% y ese 1% de los dueños de Chile que le hicieron un huequito a los “meritócratas” que tanto se han esforzado por democratizar, o flaitear, en diarios, programas como T0, carteras ministeriales y auditorios, los valores del mercado.

Ahora es cierto, los jóvenes han hecho buena parte en esta batalla por la igualdad cultural y económica, pero falta una pata realmente importante.

La de los profesores de enseñanza básica y media, los de 44 horas semanales y 45 alumnos en la sala de clases, aquellos que hace muy poco salían a la calle exclusivamente por el bono SAE, o alguna reivindicación de un par de monedas, siendo vistos por varios como simples “gana panes”.

En ellos, en resumidas cuentas, recae la responsabilidad de radicalizar y enraizar el cambio. Porque estos profesores, que obligadamente han caído en decadencia, son los que se han trasformado en la carne de cañón de un sistema que no permite las ideas propias. Donde se exige ser un alumno, es decir, un ente sin luz, que recibe enseñanzas de un profesor que también es un alumno, y uno bueno, porque sólo enseña lo que dicen los planes y programas gubernamentales, o las instituciones privadas o religiosas.

Así los verdaderos pedagogos, los Carlos Peña, los Joaquín Lavín, los Patricio Navia, los Andrés Velasco, los José Piñera, y tantos otros filósofos y pitonisos de la economía, tienen carne fresca, siempre educada bajo el manto de una ignorancia dirigida, una vez que llegan a la gran panacea: La Universidad. De esta forma aseguran un público infantil, tierno, verde, necesario para las vacas sagradas que rumian eternamente contenidos intragables para un ser humano integro y pensante.

Es por eso profesores de Chile, hagan su aporte en la clase. Investiguen materias vetadas y solapadas por los discursos del poder, hagan la verdadera revolución del conocimiento. Ciertamente ganarán lo mismo en el corto plazo, pero estarán creando personas que no dejarán que siga extendiéndose el cáncer del beneplácito a esa supuesta sabiduría de quienes sienten que el mundo está en sus manos.

Esa es en esencia la buena educación que podrá brindar para que usted no siga sufriendo el flagelo de los maestros de la mala educación, una que tiene a la sociedad mundial sumida en la desesperación y la visión cortoplacista del consumo.

Nuestros tontos políticos



Nada de lo que digo es un descubrimiento, pero siempre es buena la majadería en casos como este. La política es la más patética y mediocre de las expresiones del hombre, de uno que no teniendo talento para destacarse en nada, echa mano a la cofradía, a la pandilla de amigotes tan pencas como él, para mediante una máquina conseguir lo que de forma natural, no se les daría tan fácilmente.

“La política es el campo de trabajo para ciertos cerebros mediocres”, nos dice el viejo Nietzsche y si a eso le sumamos que “Un estómago vacío no es un buen consejero político” según Einstein, tenemos una horrible mezcla entre políticos limítrofes en escena, y asesores hambrientos como lobos, dando consejos “perspicaces” tras bambalinas, por la pura vanidad de estar cerca del poder.

Asco me dan los políticos, repugnancia, ganas de escupirlos. Estos que están ahora y han estado siempre, porque las ganas de “gobernar”, de “consensuar”, y hacer transas beneficiosas para el bolsillo izquierdo y de espaldas a los ciudadanos votantes, no es cuento nuevo.

Adolescentuchos que una vez frustrados en sus ambiciones y sueños, comenzaron a la mala y bajo el filantrópico rótulo de “servicio público”, a ser becados por el pueblo para realizar las más estúpidas concesiones a sí mismos. Las frivolidades más absurdas, los “gustitos” más inconscientes.

Y no porque uno no lo haya hecho, sino porque lo hacen bajo el solapamiento de “por el pueblo, pero sin él”. Por eso estoy ahíta de esta gentuza miserable, y de cualquier idiota que sabiéndose tal, deba darse importancia por medio de alguna estructura anquilosada en la costra proletaria.

Si bien ya no se puede hablar de una clase obrera, somos miles los que hacemos nuestra vida a la antigua, con hijos y un oficio al cual le tenemos cariño. No somos pobres, pero queremos dejar la tonterita individual, el troleo, y todos esos sucedáneos tecnológicos, todas esas visiones pos modernas, edulcoradas de la verdadera lucha de clases.

Ya no es cool tomarse un copete con uno de estos sátrapas, si es que para alguno, alguna vez lo fue, principalmente porque no es posible entablar un diálogo inteligente. Como cualquier winer intentan venderte algo, que ni siquiera ellos saben realmente que es.

Los políticos de hoy, los de la nueva generación, Lagos Weber, Girardi, o Meo, sufren de tantas enfermedades degenerativas, como el más viejo de los gerontócratas. Los excesos, sobretodo de impudicia, del juego de palabras ingenioso, basado de una pastillita para la mente, de la grotesca afición por calentarle el pichi a la hija menor de la pobladora, o a la periodistuchita de turno, o a la alumna en práctica que los entrevista para la tesis, los ha convertido en un mamarracho, que pocas veces hemos visto con tanta intensidad, ni siquiera en los rockeros y actorcillos de poca monta de la ciudad puerto.

Vemos que los que se sitúan en su investidura, con el sentido e importancia que tiene cargar con el poder donado por los votantes, son capaces de realizar una buena gestión. No puedo no ver lo que ha hecho Navarro, que comenzó de atrás para adelante, pero que por fin ha dado en el clavo.

Si en este momento el poder no transita es porque está acaparado por cerdos bullimicos y limpios que no consiguen engorda, ni satisfacción. Que están tristemente enfermos tratando de parchar sus vacios con pésimos argumentos, por lo evidentemente falaces que resultan, y peores métodos para conseguir la ansiada “autoridad”.

Al parecer la herencia política que dicen acarrear, no la han entendido. Es por eso que ahora “para el pueblo y con el pueblo”, se debe decidir que no es posible entregarle el poder a una sola persona, incapacitada inclusive, para entender de qué se trata su tarea.

jueves, 20 de octubre de 2011

Bien hombres para sus cosas



En séptimo año básico preparamos un acto para celebrar el día de la madre. Entonces un compañero compuso una canción, en ese tiempo estaba de moda Keko Yunge y Pablo Herrera, que decía: “A ti mujer ¿Por qué no lloras por las heridas? Que trabajas todo el día, a ti mujer” eso se repetía por los 3 minutos que duraba la canción, con charrangueo mediante.

No digamos que fue la calidad de la canción la que la hizo inolvidable para muchos de nosotros, sino su mensaje. La victimización del rol femenino en la modernidad, ese estoicismo que hasta a un niño de 13 años le era sorprenderte, el aguante quizás de su propia madre, que debía trabajar doble y triple jornada, lo hacían cantar sin pudor con su voz púber lo que para él era un drama incomprensible.

La historia tiene grandes mujeres, sin embargo las que se recuerdan en Chile de forma popular no son las que han cargado con esta tremenda cruz de ser las compañeras solidarias, las trabajadores incesantes, las jefas de un hogar monoparental.

Por ejemplo, ya tenemos la segunda versión de La Quintrala, mujer mala, maquinera, colonialista y racista, por lo bajo, que deja muda a la gallada, que comparte con ella la devoción por el santísimo en una iglesia siempre llena de prejuicios y contradicciones, que a la larga continúa en la controversia. De hecho por estos días una mujer de la farándula, Lucila Vit, fue expulsada de una misa por el sacerdote Marcelo Gálvez de la iglesia de San Francisco de Sales en Vitacura, ya que ésta llevaba puesto un microvestido.

Es así como las “bondades” del sistema liberal, se gibarizan al enfrentarlas al sistema de creencias y moral cristiana que están sumamente presentes en la sociedad chilena.

Tan metidas, que incluso la primera presidenta, separada, con hijos de distintos padres y agnóstica, era vista como una “madre”.

Es así como la dicotomía entre las madres y las putas, sigue estando siempre presente aún del supuesto progreso y la igualdad entre hombres y mujeres. Por ejemplo, “señora” o “señorita”, que diferencia a una mujer casada de una soltera, no tiene una versión masculina, pues todos sin importar su estado civil, son señores.

Pero volviendo a lo que se valora o se recuerda de las mujeres, lo célebre, es la maldad. Para mi cumpleaños, Bruno Sommer,director de El Ciudadano, me regaló el libro Malas, una antología de cuentos provenientes de la época romántica, que hablan de mujeres perversas y con poderes demoniacos que utilizan en contra de los hombres, sobretodo en situaciones con un alto grado de confianza.

Las cabronas, esas mujeres que por su fuerza y cálculo se hace implacables, convirtiéndose en tiranas, y manipuladoras de todo su entorno, fueron y siguen siendo las mujeres alabadas, respetadas y hasta admiradas por los hombres.

Tanto es así, que son vendidos como pan caliente los manuales que enseñan a ser cabronas. Testimonios reales de mujeres buenas que les va mal en la vida, y que una vez aburridas de su suerte, comenzaron a ser malas, y como un milagro demoniaco, comenzaron a ser valoradas y exitosas. Como si la Carmela misma fuera la que se convierte en la Catrala.

Es bien triste negar una cierta naturaleza para tener que amoldarse a una fórmula de satisfacción garantizada. Y grave es que las mujeres malas sean las únicas que la sociedad falocéntrica respete y recuerde precisamente por ser bien hombres para sus cosas, doblegando al mundo con su dominación por medio de humillaciones y arrebatos de fuerza.

Un dieciocho chico a lo grande



El profesor Banderas de Sazie, en sus momentos de malsanoesparcimiento me decía en códice “Usted no lo diga, pero yo sí porque soy hombre” que las minas, entre las que me contaba, eran “como huasas pal pico”. Fue de eso que me acordé cuando estaba frente al She’s cock, una ramá que ofrecía el shot de tequila a $300, dejando la garganta preparada para cualquier tipo de incidente.

En medio del jolgorio de ese grupo étnico que viene salvándose del odioso éxodo campo-ciudad, culpable de todos los males modernos, se gozaba, a sus y mis anchas, de los males antiguos, cuando el tiempo era tiempo, o sea viejo para nosotros, pero aún y continuamente nuevo para ellos, los huasos y huasas (guenas pal gueno) que habitan por los interiores de esta larga culebra llena de veneno llamada Chile.

Haciendo uso indebido de un cuanto hay: copete, música, vestimenta, modales, juegos, excreciones, palabras, animales, de alguna forma ajusticiaban al “buen salvaje” que los convirtió en inquilinos, y en distintos tipo de criaturas en labores del campo para beneficio del futre.

A diferencia de la raza indómita, del indígena puro, este sujeto social huacho, ignorante y pobre, con raíces donadas por sus amos, fue la carne de cañón que debió salvaguardarse en la mansedumbre y estupidez clásica de quien tiene miedo y necesidad. Como un perro debilucho, que no generó el aliento rencoroso y autodeterminado del vago, se ha aguachado históricamente al lado de quien puede darle sobras, pero también patadas.

Así y todo, tiene su venganza. Es a sí mismo una construcción dotada de variaciones e inventos, un ser de una naturaleza tan espuria, que como un papel puede escribirse a la manera libre aún siendo analfabeto, logrando en muchos casos, con letra clara y pulso decidido, un “pico pal que lee”. Sucede entonces una rareza. La libertad se da justamente con el garrote marcado en el lomo. Ha sido abandonado como a ese quiltro que a nadie le importa, pero tiene la gracia de tener ruta propia, e incluso su clan, de igualmente despojados, en donde guarecerse.

La cultura no les ha entrado, ni siquiera con sangre, como tampoco uno pudiera pensar, la religión. La ley esta dada por el estilo, por el sello, por la marca personal. Cada uno se ha hecho a sí mismo. Y si todos bailan al son de la cumbia ranchera, todos lo hacen con un paso propio, que jamás vieron ni verán en los programas juveniles. Porque la alegría de los huasos y las huasas, no se televisa. Su ropa no es tendencia más que para ellos, como individuos. Nadie se viste igual al otro, ni toma, ni fuma como el de al lado. Así convivía el paso del delgado y macho cincuentón con un pañuelo amarrado al cuello, jeans negros con cinturón de hebilla ancha, con el viejito de terno negro, y el caballero de gorro alone y chaqueta de lino blancos, el mozalbete de chaqueta de cuero y camisa a rayas, y las mujeres, todas destacando su beneficio como huasas que son.

Y ahí bailando con el muchachón Cristóbal Felipe, de 23 años, entendía que el orgullo racial era justamente la envidia a la libertad de no tenerla. Porque ese cabro con pómulos de indígena, pelo de cholo y porte de patrón, tenía cancha tiro y lado para ser cruel como un bárbaro, fuerte como un polinesio, divertido como un brasilero, canchero como un argentino, borracho como un vienés, sin ser ni siquiera chileno, pues distinto completamente a sus valores republicanos y sus aspiraciones de educarse gratis, en una ciudad que homogeniza con su trastabillar civilizarte, con su polución y podredumbre, con su reverberar en el área de servicios, bailaba y tomaba en el pueblo, su pueblo, del cual no pensaba moverse ni cambiar, para seguir en la misma; esperando la pichanga, el paseo al río, la cosecha, el dieciocho, el dieciocho chico, en una diletancia feliz, con olor a humo, a churrascas y ponche de durazno.

lunes, 3 de octubre de 2011

En forma



Tener un presidente que le queda grande el poncho, y no solo eso, sino que la camisa, la chaqueta, los pantalones y supongo que hasta los calzoncillos, de forma literal, es evidencia de lo informal o sin forma que tiene el poder en este momento nuestro país. Podríamos decir, a la manera de lo Ferdydurke, que la ciudadanía cayó ante el “podermiento” de la derecha. Presa de su necesidad de cambio, y con ganas de creer en una “nueva forma” de gobernar, se lanzó a la aventura y eso siempre requiere de la aceptación del ensayo-error.

Podríamos decir que la clave de la “nueva derecha” es precisamente ese vacío conceptual que la convierte en un experimento del que se pueden esperar inciertos resultados. En barbecho, en veremos, en rodaje, ajena a la fosilización en que se encuentra la antigua derecha, y el agusanamiento y podredumbre en que se encuentra la Concertación, tiene cancha tiro y lado, para incluso volver a repetir los errores del pasado como si fueran inéditos y frescos errores.

Esto pudiera parecer terrible, porque no puede ser que un país sea gobernado por gente en “pañales” con todo lo hediondo y repulsivo que resultaría, llegado el momento, tener que “mudar” a la elite. Pero es en efecto esa la mala manera, la mala forma de la derecha, la que nos otorga el poder de conseguir fisurar el podermiento por medio de la crisis, o crítica, o enjuiciamiento, de quienes no pudiendo detentar el poder, si podemos desacreditarlo.

El descrédito surge de la mirada de que un igual de falible, un igual de torpe, un igual de ridículo, venga a gobernarnos. Porque eso es en resumidas cuentas lo que sucede. Que reflejados nuestros defectos con estupor, hemos querido combatirlos.
Es cierto, existen grandes diferencias que aumentan aún más la coherencia de querer blandir la molov. No somos asesinos, ni tampoco nos hemos hecho millonarios por medio de la usura.

¿Qué hubiese sucedido si el mal menor hubiese sido la apuesta cuerda y lógica para continuar teniendo un país con gobernabilidad? Simplemente, en esa “forma”, típica en la mascarada, en la diplomacia chanta, en la democracia de los acuerdos y en la medida de lo posible, nunca se habría dado paso al caos que tiene por delante el génesis, por el puro devenir, sin promesas mediante, con el puro materialismo histórico como ciencia piloteando hacia el futuro.

Es por eso, que no tenemos que lamentarnos tanto. Porque efectivamente en estos cortos años se ha hecho más que en los 20 aletargados por la lógica procedimental y de las buenas maneras.

Porque está claro que no podemos seguir renegando de lo que somos, que debemos hacernos cargo de lo que eligieron los que sabían que no querían elegir más la pose, y que nosotros, los que no elegimos nada, porque no creemos en la elección de patrones, nos convino, porque devino en la forma de la no forma.

Ahora, peligroso me resulta que la “izquierda” que como la ultraderecha conservadora y pechoña, calza corazas y fuertes dogmas, continúe con las formas delimitadas impidiendo que se oxigene lo que se supone de verdad humano. Podríamos decir “lo que está en el fondo”.

Por ejemplo, Ricardo Lagos Weber, el unigénito que podría ser el llamado a desatar la hecatombe, el humano drama matando al padre, su triste legado, la farsa de un conglomerado del cual sólo queda la “forma”, está ahí, contento con la herencia, con lo que otros le construyeron como legado e incluso como personalidad, siendo que pertenece a la “generación de recambio” que pudiera romper con esos moldes. Pero no. La forma de madre encarnada por Bachelet, y de padre encarnado por Lagos Escobar, recrea su forma de hijo prodigo de la Concertación. Un hijo cómodo de esos que se queda a vivir para siempre en la casa de sus padres, o que a lo más, se construye una casa en el patio.

Por eso ahora es cuando, desde el amorfo sentimiento de un todo junto, parar con desmadre ese rígido esquema que desde la constitución de Moisés nos hostiga y amenaza, como si fuera, a cualquier intento de insubordinación, de autenticidad, de arrancamiento con los tarros de la cultura obligada, a rompernos en la cabeza las duras tablas de la ley escritas en piedra por el mismo Dios.

Y esa amenaza, hecha de la peor forma, quizás es justamente el arrebato que esperamos para reventar el cerebro humano, partirlo en varias partes, y liberarnos de las infinitas formas que tiene de solaparse para estar “en forma”.

Vencer la tradición


Si bien venimos saliendo de un par de días plagados de “tradiciones” no por eso no vamos a criticarlas. Muchas de éstas nacen de las entrañas mismas de la soberbia humana, de ser los “inteligentes” del reino, y que por eso, podemos joder al resto con nuestras técnicas de dominación.

Varios ejemplos de “soberana estupidez”, y sospechosamente atados a una identidad nacional existen por doquier. La pelea de gallos, de perros, la tauromaquia, el rodeo, el hostigamiento del oso, el enganchar del cogote a los ganzos, sin contar los circos y los mataderos, son todas prácticas que se realizan al alero de la patria, en distintas partes del mundo.

La verdad es que soy una persona omnívora, pero me da vergüenza tener el hábito de comer carne, siendo que con todo lo que nos provee la naturaleza, podríamos sobrevivir con los nutrientes necesarios, sin tener que comernos a nadie.
Es cierto que para hablar de esto, debería predicar con el ejemplo. No basta con lamentarse y simpatizar con Srila Guru Maharaj, quien es uno de los activistas más comprometidos con “La revolución de la cuchara”. Sin embargo acudí a una de sus charlas, a pesar de ser omnívora y atea.

“¡Por favor sean vegetarianos, se los ruego, no manchen de sangre su mesa! Pongo las manos al fuego de que no se arrepentirán. La comida es uno de los momentos más místicos en donde podemos compartir y celebrar lo que la tierra nos ha dado tan amorosamente.”

Cierto, me dije, y acto seguido viví un dieciocho como todo chileno. Me llené el estómago con el dolor animal, me curé como zapato, y presencie por las pantallas de televisión la Gran Parada Militar, con autoridades como Ezzati, Girardi, Piñera y Hinzpeter.

Y me sentí culpable y chanta, por ser chancho comeafrecho, animal de crianza que se deja someter por regalías repugnantes de bacanal barata, pero con el agravante que soy una persona con discernimiento, o eso estilo creer.

Me da pena cómo se han construido las sociedades, al entender, en resumidas cuentas, que es uno mismo el que está hasta el cuello de todo eso que dice odiar. Que a todos nos aprieta el zapato, y que cojeamos por la vida, sin ánimos de andar con la agilidad del descalzo. Pues sabemos en el fondo, que luego de tanta sangre y desperdicio, nuestros pies terminarían embardunados.

Sabemos que el arrojo tiene un costo, sobretodo personal, el que siempre es rehuido. Que se solapa en el vértigo de la verborrea, en la invención de nuevas ideas, en la moda que oficializa una “causa”, que cubre nuestro vacío.

Hay que reconocer que hay intentos de ser revolucionarios, de creer en que las cosas cambian, pero como se dice, para eso es necesario que la caridad comience por casa. Por ejemplo, que los papás profesores dediquen tiempo de calidad a sus hijos, o que los estudiantes, en estos días de lucha, se eduquen de forma autodidacta.

Como sabemos “en casa de herrero, cuchillo de palo” y eso es justamente lo que se debe comenzar a cambiar. Esa tradición de dejación y diletancia. De autoindulgencia y mediocridad.

Tomo como desafío la revuelta interior y permanente. La que se manifiesta en el intersticio entre la piedra y el musgo, entre nuestros deseos de cambio y nuestras tradiciones y hábitos más arraigados.

Es ahí, donde siempre ha sido, donde tiene que dejar de ser. En la mínima decisión de sincerar prácticas y verse así tal cual: un depredador, que desgastado, come de la mano del amo, como si fuera pichón, las sobras extraídas del dolor de otra carne. De otra vida. Ya sea así, literalmente, o producto del usufructúo al sistema capital, cuando no entendemos que el tema no es estudiar gratis para negriar al ignorante, sino luchar por llegar al fondo del asunto. A romper con la usura, la profunda ambición y el miedo a perder el status, o la mentira que construimos para guarecernos domesticados por nuestros vicios.

sábado, 1 de octubre de 2011

Entrevista completa a José Miguel Varas



Fe de Erratas: Por un error de mi parte, dije a Punto Final que fue realizada el 8 de septiembre. Sin embargo,la entrevista fue realizada el 15 de septiembre en el departamento que compartía con su esposa Iris Largo.


José Miguel Varas, el periodista por antonomasia

“La televisión es una gran falsificadora de la realidad”


José Miguel Varas comenzó a desarrollar una brillante carrera de periodista a la tierna edad de 13 años en el Instituto Nacional con la revista “El Culebrón”. Y aunque estudió leyes un par de años y fue alumno de Literatura y Filosofía, contribuyó desde todos los frentes y formatos a generar comunicación social. Fue por este motivo que pensamos junto mi tío, Raúl Urrea, que volvió a las aulas escolares a los setentitantos, en entrevistarlo para que nos hablara de la televisión, con el fin de que otros estudiantes, por cierto más jóvenes, pudieran entender el estado de este medio, sus implicancias y cómo una vez, fue pensada con criterios distintos al del capital y el consumo de contenido chatarra. Sin duda, José Miguel era la persona indicada. Había estado a cargo del área de prensa de Televisión Nacional de Chile durante la Unidad Popular, toda su obra tenía una estricta responsabilidad y ética, su trabajo tanto en Radio Moscú como en Revista Rocinante, fue comprometido y deslumbrante, además de ser premio nacional de literatura el año 2006 y escribir entrañables obras, tan distintas entre sí, que lo caracterizaron por su creativa versatilidad. Su diagnostico certero, su problematización profunda, que pasa por la historia, el movimiento estudiantil, la tragedia, el espectáculo e incluso el fútbol, y sobretodo su capacidad para generar estrategias avaladas en su convicción de estar frente a un cambio social, es lo que queda registrado en ésta, la última entrevista a José Miguel Varas, que hasta los 83 años se entregó profundamente al oficio de periodista.


Usted fue el encargado de llevar adelante el área de prensa de Televisión Nacional durante la Unidad Popular ¿Qué proyecto país desde la televisión había para Chile?


La televisión en ese tiempo fue parte del conjunto de trasformaciones que Chile estaba experimentando en temas sociales y económicos, elementales en las transformaciones de base. Entonces, naturalmente las personas que dirigían el gobierno, se hicieron cargo desde el Estado de las expresiones sociales y culturales, tendiendo a crear una televisión diferente a la que hubo antes. En resumidas cuentas, una televisión cercana a la realidad, que reflejaba los problemas y dificultades de la gente, y la fuerza que se desprendía del movimiento de la Unidad Popular, que era realmente extraordinaria, y que se manifestaba en intentar dar soluciones a esas problemáticas. También la televisión intentaba dotar de enriquecimiento cultural a través de la producción de obras televisivas, por ejemplo de teleteatro, muy importantes y recordadas hasta ahora, como la serie Balmaceda, y por supuesto daba la posibilidad de expresión a aquellos que no habían tenido nunca una tribuna más o menos amplia: los cantores populares, o los investigadores del folclore. Era la televisión parte de un programa muy amplio en el sentido político, aun teniendo una tendencia, y no pongo en duda que hubo algún error en el exceso de celo de parte de alguien, sin embargo lo importante era que teníamos una televisión sintonizada con el país, y por supuesto con el gobierno, cosa que rara vez ocurre en Chile, o nunca, salvo en esa ocasión.


¿Cuál es la importancia de la televisión en la sociedad?


La televisión funciona con argumentos que tienen un refuerzo tremendo dotado por el poder de la imagen. Prácticamente no hay nada comparable a la influencia de la televisión y su capacidad de capturar a la audiencia y de tenerla hipnotizada, mirando eternamente.


Falta entonces recuperar una televisión que no sólo capture al telespectador, sino que también lo influya a participar de la realidad


Y eso tiene que ver con la trasmisión de contenido de todo tipo. Hablando a la manera de los revolucionarios históricos, Lenin decía que de todas las formas de arte, la más importante para los bolcheviques era el cine. En esos tiempos la televisión no existía, pero el cine por el hecho de que concentraba a un grupo de personas que en penumbras miraban la fuerza de una imagen, es comparable con lo que sucede con la televisión. La diferencia en ese entonces fue la capacidad que tuvo de enviar un mensaje que fue captado por los espectadores, para de alguna manera, contribuir a movilizarlos. Eso era lo que Lenin consideraba esencial del cine y era por lo cual lo definía como la forma de arte más importante en ese momento para los bolcheviques. Estas consideraciones podríamos creer que son puramente pedagógicas y que enseñarle a la gente mediante la televisión podría resultar un error, pero lo más importante durante la Unidad Popular fue el reflejo que podía ver la gente de sí misma y de lo que ocurría, incluso cuando la problemática se hizo presente en la contradicción entre las fuerzas que habían sido desplazadas por el poder popular y este.


¿No cree usted que hay una tendencia muy marcada de la televisión a buscar la tragedia?


Esa es una característica de la prensa en televisión, y de como se ha desarrollado históricamente el periodismo por la gran influencia norteamericana, en donde lo importante es lo sensacional y muy a menudo, lo sangriento. Eso es lo que conmueve más profundamente a las personas. Este tipo de móviles no eran los que nos motivaban a nosotros cuando hicimos prensa a través de la televisión. Lo que nos interesaba era mostrar el claroscuro de la realidad, la complejidad de la vida. Reconozco por cierto, las variadas dificultades por las que tuvimos que atravesar, porque poder hacerlo está sujeto a un proceso. Recuerdo un programa muy notable llamado “Póngale el Hombro” que fue un estímulo para el trabajo voluntario, el que tuvo un gran desarrollo durante la Unidad Popular. Gracias a esos testimonios, que relataban lo que la gente estaba experimentando, se alimentaba un grado de participación muy alto.


Como ve usted, el pueblo queda bastante lejano al protagonismo en la televisión actual


No hay participación real. A la gente se le pide la opinión para saber si están sintonizando este u otro canal. Ese es el único feedback posible. En sus inicios, la señal de televisión estaba sujeta a una institución universitaria, pero luego se abrió para que cualquier privado pudiese emitir lo que se le ocurriera. Por eso es complejo, porque evidentemente el periodismo que se hace en televisión, está sujeto a intereses comerciales del canal en primer lugar. Luego está al servicio de una determinada orientación política enmascarada, lo que significa además, con las técnicas modernas, la posibilidad que se expresen voces diferentes para dar la sensación de objetividad. Muy norteamericano por lo demás. Entonces, el hecho de que haya voces disidentes toleradas en cuanto a volumen, es una necesidad para ellos, porque así reflejan una supuesta realidad. Pero cuando se trata de temas trascendentales para el sistema, esa objetividad desaparece, porque nunca existió. Siempre fue una ficción.


La televisión falsea


Desfigura. La televisión da la sensación de realidad, pero es una gran falsificadora de la realidad. Y a través de sus servicios informativos se hace muy evidente. Son muy sofisticados, tienen contactos con cualquier parte de Chile y el mundo con excelentes técnicas de transmisión de imagen etc, pero toda la cobertura se le da a temas “favoritos”. No por casualidad los temas policiales son los preferidos. El morbo es lo que se muestra y no qué hay detrás, que es un problema real, social. Finalmente todo se trata como una novela policial, o de terror.


Lamentablemente ahí es dónde aparece como protagonista el pobre


Los sectores populares de la población sólo aparecen como protagonistas en los hechos policiales. Muy excepcionalmente en otros casos. En el fútbol, en alguna medida, pero el fútbol también se ha convertido en un sistema de “estrellato”. El deporte mismo tiene bastante poca importancia. Lo más importante es cuanto se pagó por determinadas estrellas de fútbol, quién va a ser el entrenador que garantice los “éxitos”, y además lo que ya sabemos, qué los grandes equipos de futbol a nivel mundial son de propiedad de determinas empresas, y a nadie le asombra eso hoy en día.


Y el jugador es de propiedad de alguien como si éste fuera un esclavo


Seres humanos que se compran y se venden. Eso ya a nadie le extraña, pero es una aberración.

Retomado la idea que todos somos una pieza para encajarnos de una forma atractiva y donde pareciera que todos cabemos para responder a esa objetividad ¿Qué le parece el tratamiento del conflicto estudiantil? Ha tenido una gran cobertura de prensa, pero de todas formas no ha sabido explicarle a muchas personas qué es lo que está detrás de las marchas.

Ese es el déficit de la información, el no explicar claramente qué es lo que está en juego. Y hay que tener cuidado, porque efectivamente la cobertura es muy amplia y registra las opiniones de los dirigentes estudiantiles que son partidarios de los cambios en la educación, ahora hay que ver las proporciones en que esto se refleja, pero también hay cobertura, y desmesurada, para difundir la violencia que ocurre al final de estas marchas. Es complejo, pues esto indica un malestar social, que se manifiesta de esta manera porque no tiene otra forma de expresión política, pero este fenómeno no es explicado. El tema de la educación preocupa a todas las familias chilenas porque están esclavizadas, haciendo esfuerzos sobrehumanos y terribles para poder mantener a sus hijos en la universidad, o para educarlos, en un sistema de crédito usurario, con aranceles desmesurados, que llevan a que se produzca este tipo crisis.



La publicidad que vende la oferta educacional por las pantallas de televisión, echa mano al éxito, al status que se logrará estudiando. No ofrece ser más culto o tener poder como ciudadano para trasformar la sociedad mediante el conocimiento, sino que asegurar el futuro por medio de una plaza laboral


Es perverso. Además, estipula cuales son las carreras que producen más rápidamente una buena renta. Crea un estudiante al servicio del sistema. Al servicio del éxito personal. Todos los valores están trastocados en la sociedad por las fuerzas que hoy la dominan.


Hemos estado volviendo recurrentemente a la tragedia nacional. Se le ha sacado el jugo a la muerte de Felipe Camiroaga, centrando la noticia en el dolor, y en las manifestaciones de una sociedad cristiana que no busca responsables. ¿Qué piensa de estos discursos que se emiten desde la televisión como oficiales o de consenso, sin antes haber debatido respecto a estos temas, prácticamente tabúes?


Hay una manipulación tremenda de los sentimientos de la gente. Evidentemente se produce una gran identificación entre algunas figuras de la televisión con gran capacidad de comunicación, con gran simpatía personal, incluso con cualidades humanas notables, en algunos casos, que los conecta con un público masivo. Por eso, la perdida trágica es un episodio de una gran teleserie en donde estamos todos metidos y que se va desarrollando día tras día, con el hallazgo, o no hallazgo, de más restos del avión, de las personas, con otro accidente entre medio de un suboficial de la Fuerza Aérea, además de un tremendo despliegue tecnológico para localizar esos restos, en el cual el Estado no se fija en gastos, que operacionalmente debe tener costos monetarios muy altos. Es cuando uno se pregunta dónde están las prioridades. ¿Porqué esos recursos no sirvieron para hacer un aeródromo como la gente? La gente de Juan Fernandez, según me contaban, para llegar a tomar el avión tiene que caminar de tres a cuatro horas, donde sólo hay un cobertizo pequeño. No hay torre de control. O sea, es de la precariedad más absoluta, que demuestra el abandono terrible en el que se encuentran nuestras regiones, en contraposición con este despliegue tecnológico y de “precisión militar”. No sé hasta qué punto la gente puede abstraerse de estos fenómenos, con todo lo que tienen de emocional. Se debe meditar un poco más a fondo sobre las cosas que están en juego y lo que demuestra el fenómeno curioso que se da en este caso, en donde los muertos se convierten en una especie de santos, por la familiaridad que tienen con el público.


Las señoras que están muy acongojadas por la muerte de Camiroaga no siempre adscriben a las luchas progresistas que él dio por medio de la televisión. No tuvo mucho eco a pesar de la fuerza de su personaje, que también publicitaba créditos de consumo de una importante tienda de retail.


El fenómeno de la televisión es una forma de esclavización de la gente, en términos de la manipulación ideológica que sufre. Pero por otra parte, hay una necesidad de registrar otras cosas. No hay que extremar lo negativo, porque yo creo que esas causas, y es lo que estamos viendo este año en especial, si tienen un eco en la población bastante grande, incluso más grande que en otras épocas. Hace dos o tres años nadie se hubiese imaginado semejante manifestación por un tema medioambiental como el de HidroAysén. Algo cambia en el país. La sensación de fracaso de este sistema se da en todos los ángulos. Se está experimentando el fracaso de lo que aparentemente ofrece: bienestar, estabilidad, felicidad para las familias, abundancia, y sobretodo capacidad de mejorar el status que la gente tiene. Es decir, la gente se ha dado cuenta de la gran farsa del capitalismo desregulado que vivimos en Chile.



¿Cómo podríamos generar nuevamente un proyecto político de televisión para Chile?


Quizás replicando lo que se hace en países más desarrollados. Organizar grupos que formalmente se dediquen a hacer presente temáticas importantes en la sociedad y que la televisión ayuda a falsear y ocultar. Un fenómeno serio y grave, es el que ocurre con los mapuches, en cuanto a su problemática de tierras, de violencia policial constante que los somete a un régimen “democrático” diferente al de los demás chilenos. Todo esto no existe en la mayoría de las pautas de televisión. Existe solamente cuando son 4 los meses en huelga de hambre, o cuando algún incendio afecta a un importante estanciero de la región. La pauta noticiosa no toma en cuenta los procesos más serios y profundos que están ocurriendo y muchas veces noticias gordas, se pasan por alto simplemente, cuando no corresponden a lo que se ha ordenado destacar.


Hay mucha prensa independiente que está surgiendo, pero aún estando el esfuerzo de poner todos estos temas en parrilla informativa, no es capaz de seducir a la audiencia acostumbrada a los viejos esquemas del capital ¿Qué me recomienda para que mi abuela, mi tía, mi mamá, no caigan en esta trampa que les pone el sistema, para que entiendan que la realidad es la realidad y la televisión es la televisión aunque pretenda hacer creer que es reflejo de la realidad?


El conjunto de ideas dominantes es bien difícil de abolir. Por eso yo recomiendo paciencia, constancia, tenacidad para los efectos de convencer a la gente y hacerla profundizar un poco más en su propia experiencia y ver lo que realmente es el sistema y lo que es la vida. Muchos de los problemas son agudos para la gente y es fácil que adquieran conciencia de ellos, en la medida que puedan liberarse de este mundo de fantasía que la televisión crea en nuestras cabezas.

AGRADECIMIENTOS: A todos los que hicieron posible esta entrevista, y especialmente a Raúl Urrea y Carlos Paez.

Con José Miguel en la memoria.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Capucha



No quedaban muchas horas en el día para parecerse a los otros
La cara le quedaba a uno a la medida
Estaba ahí por antonomasia

La cara le podía llegar a uno a las rodillas
Pero eran estas las rodillas de uno
Así que estaba bien

Si la cara era de raja
Lo mismo

Y si era de palo
Había también que tenerlo incorporado
Latiendo
Endurecido
Por último dentro
Como un dolor

La cara a esas horas era la propia y no quedaba bien pintársela o retratarla remedando a la de las postales
Por que la tarde había entrado tanto en las oscuras ligas
Que no había recurso alguno de reflejarse

La final estaba perentoria delante de los sentidos que se agolpan en un solo sitio
Y no quedaba más que volver a las buenas ideas de la revolución francesa
dejando de lado aquellas amorosas y falsas, esas de amor y fraternidad con vagales
Con provincianas prostitutas y profesores mediocres

Y a todos habimos que cortarles la cara
Y a todos los que nos pusimos los pantalones del rostro
Y nos hicimos dueños de la mueca
Nos la dejamos
Así tal cual

Como trofeo de identidad minúscula
Certera en la horripilancia
En la humanidad
que hierve en la curva y anchura de una nariz tubércula
Triste y tierna
Vencida y enchuecada por los pugilatos

La cara que se debió cortar por padecer de plagio
De utilidad funcionaria de la persona misma
Como para la tele, como para el show
Como bonita para estelar a “cara descubierta” en una revolución burguesa
Sospechosa
La hundimos en una bolsa y la vendimos en las ferias
Al lado de los puestos de las señoras que ofrecen a mil pesos las fotos del Halcón.


En la cintura del retorno leso del retraso histórico
De cara a un futuro confundido con el pasado como copia editada por un viejo manos de tijeras
cirujano estético -nacionalista
Que está ahí para siempre hermosear la faz de la estrella solitaria del emblema

Nos quedamos a esperar venganza

con la cara nuestra de cada día
Esa que se avergüenza de ser portada
Porque sabe que ahí no caben todos

Y nos cerramos a la atractiva banda que aun blandía su rostro prestado
Hediendo complacencia y dulzor
de una forma práctica

Con una capucha
Con una negra capucha sobre nuestra cara.

viernes, 16 de septiembre de 2011

“Dios nos ama y va a matarnos”



Así nos dice Homero Simpson, cuando se convierte en profeta. Un hombre gigante, de barba, amoroso y tierno lo recibe en un spa, llamado cielo. Algunos tras ver esto entendemos que es verdaderamente chistoso creer que algo así es cierto. Que de verdad el creador es un viejo buena onda, que nos quiere a todos por igual y si nos mata es porque nos quiere tanto que desea nuestra compañía.

¿Ustedes se imaginan que el creador de algún tipo de vida en el laboratorio, le gustaría vivir con las cuestiones que creó pegadas al brazo, y que las sacará a pasear al mall, o a un día de campo, o a Fantasilandia, porque son sus bienamados, creados por él, y por eso bendecidos con su gracia?

Guachos de factura guacha, de padres ausentes, de familias monoparentales, o de padres dignos de ser matados, no podemos seguir dándonos el lujo de otorgar toda responsabilidad a un ser invisible, que encarna poderes de dios siendo de todas formas, un humano de talla magnificente y de sexo masculino.

Me irrita. Últimamente me molesta que toda la gente ante la tragedia le de créditos y de “bondad” a este caballero que vive en las alturas. Ese ojo omnipresente. Ese que está en todas partes con la figura fantasmagórica de esta carencia onda que nos aqueja. El padre que abandona, que huye y del que sólo queda su manto de protección como una promesa.

Tan solos estamos, tan perdidos, con tantas ganas de ser importantes para alguien, obviamente superior. Porque no somos dignos antes los ojos de nosotros mismos. Y este hecho me resulta parte de la gran miseria humana.

El “no somos nada” debería siempre ser acompañado del “porque somos todo”. Esos animales mayores importantes que por la sola cuea de estar acá, por el rajazo del big bang, viven.

Partiendo de esta visión vitalista, ganosa de experiencia, libre, en la extrañeza de un palabra que parece ser sinsentido en un universo que mantiene cortapisas sobrenaturales, legislaturas provenientes desde el más allá, jerarquías y prohibiciones de gente que nunca hemos visto ni veremos, podríamos comenzar a hacernos cargo de las infinitas posibilidades que tenemos al ser mortales.
¿Qué haríamos sin la muerte?

Imagínense si algunos ya dan la hora trascurridas un par de décadas. Milenios de diletancia, tiempo perdido mayúsculamente, deseos que pierden toda relevancia, vida que se la ha quitado el afán, la risa, y la ansiedad de descubrir o ignorar.
Dios es malo, dios está muerto, dios nos quiere, dios está aquí, pero fue a comprar un paquete de cigarrillos.

¿Y si ese caballero realmente ninguna de las anteriores, porque nunca ha existido?
Si es como siempre ha sido? Un engaño como el viejo pascuero, para que la gallada se porte bien por el regalo de un cielo sin pobreza? Un futuro allá en la lejanía que se pierde con la muerte y la podredumbre de la carne agusanada?

Si todos de pronto descubriéramos la verdad, tengo la certeza de que las cosas cambiarían. Qué comenzaríamos a vivir con menos miedos. Esos que provienen justamente de las tentativas, de la incertidumbre de lo que no es, de la farsa, de mantenernos firme en la “fe”, en el verde esperanza, que nos mortifica por la posibilidad más cercana, que se huele, de que toda creencia, es una tonta mentira para conservarnos encapsulados y ciegos en un universo plagado de colores y experiencias, vasto y trasparente.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Hacer bien la pega




Hacer bien la pega, no nada más que en la medida de lo posible, es la frase en la que reparo luego de otra saga más en la eterna tragedia nacional. Las FF.AA, que marketean con un supuesto profesionalismo sus campañas para adscribir jóvenes a sus filas, y que se agencia el 10% de las utilidades del cobre, deja bastante claro con sus cagazos que ya suman varios: Antuco, SHOA, y recientemente el accidente aéreo de Juan Fernández, que su instrucción y su implementación son más que deficientes.

Hasta ahora vemos que hicieron bien la pega las mujeres del Consejo de la Cultura que por cometido funcionario debieron incluirse en la tripulación. Pero lo peor es que Galia Díaz fue despedida del Consejo y fue trasladada a una oficina regional por estar embarazada, acudió a la Contraloría para ser reincorporada, y no obtuvo respuesta hasta el momento en el que viajó a 674 kms de distancia del continente, incumpliendo lo señalado en el artículo 206 del Código del Trabajo, aplicable a todas las funcionarias públicas que tienen hijos recién nacidos, y que señala expresamente su carácter irrenunciable. Además, ¿Tenían que enviarlas en un avión de la Fuerza Aérea? ¿Porqué no compró pasajes en la línea comercias que hace vuelos dos veces por semana? Y el perla de Cruz Coke, en su mejor papel protagónico, pone cara de compungido y recauda un 72% de aprobación en las encuestas.

Tenemos a Cubillos, un filántropo que estaba contribuyendo a la reconstrucción de Juan Fernández. Él estaba llevando a cabo la pega que no hizo ni hace el gobierno en las diversas localidades que aún se encuentran asoladas por el impacto del 8.8. Por la buena voluntad que tuvo el empresario, esta conducta fue y es celebrada, pero deja en evidencia un vacío en las tareas que el propio Estado debería tomar como suyas.

Y el más emblemático de todos. El malogrado, que por su exposición pública diaria durante más de dos décadas, ha causado un dolor profundo en bajo Chile, ese cesante, enfermo, sin aspiraciones intelectuales, solo, y por lo tanto necesitado de compañía, que lo llora incesantemente. Felipe, hizo bien la pega mirado de esta forma.

Convenció a su público, quien aún, después de muerto le demuestra gratitud y lealtad.
Porque el trabajo del comunicador es justamente este. Generar lazos de afecto por medio de la tele, algo impensado para quienes reconocemos en ella, un aparato frívolo que genera mediocridad y mentiras.

Decirlo ahora parece a lo menos indolente, pero no puedo dejarlo pasar. Porque Felipe hizo bien la pega, pero bajo los conceptos del espectáculo, porque si hubiese sido genuinamente bajo los propios y que movían a este hombre, hubiese sido referente, incidente en las decisiones tales como la elección de un presidente, o la desaprobación de las termoeléctricas, e incluso ahora, en este momento, y por su memoria, haría tomar conciencia a esa multitud de chusma inconsiente, del valor del movimiento estudiantil.

Porque lamentablemente sí sabemos para quien trabajamos, Felipe les hizo bien la pega, pero la suya, esa carrera que en lo intimo le movía a participar, aunque fuera superficialmente, en asuntos de relevancia y profundidad, fue absorbida por la cotidiana chimuchina, esa que ahora lo plantea como un santo y eclipsa los problemas y su debate en la hora crucial.

Las señoras lo veían como un hijo, lo querían como tal, siendo que a los propios muchas veces los han perdido de vista, ya que esta está fijada en la caja idiota. Las señoras que hoy lloran y se movilizan, se paran de la silla donde vegetan largas horas, muchas veces no entienden las marchas y movilizaciones sociales, por sus propios hijos y por ellas mismas.

El halcón, un personaje de televisión, es entendido como un ser real, porque hizo de forma excelente su trabajo. Y eso no hay que perderlo de vista. Como tampoco que este gobierno se ha amparado en la tragedia humana, esa natural que se vive y se muere, para adoctrinar mediante el shock, la pasividad y la desmovilización de la masa crítica.

Aunque parezca terrible que meta el dedo en la llaga del pueblo, no estoy buscando el bien o el mal, porque siempre he buscado lo mismo. Debelar la trampa, y el dolor, es a todas luces, la peor de ellas.

Con esto no digo que no se sufra, sino que se entienda una sociedad sostenida por la falacia de la televisión, un país que se acompaña y hace familia a través del espectáculo, y peor aún, una moral cristiana llena de contradicciones, que no se separa de la materialidad del personaje y que atribuye a un dios las responsabilidades que deberían asumir los que pregonan hacer bien la pega, pero que son negligentes y descarados.

viernes, 9 de septiembre de 2011

jueves, 1 de septiembre de 2011

La guerra social



El Zorro, el Hombre Araña, Linterna Verde, Batman, Hong Kong Fui, y la mayoría de los superhéroes, claro, menos el mamón extraterrestre proveniente de Kriptón con complejo de súper humano, Superman, cubren su rostro como lo hace un inútilsubversivoviolentistaantisocial.

Las razones de resguardar la identidad pueden deberse a la necesidad de conseguir una dicotomía en la personalidad, para así disfrutar tanto del arrojo como de la timidez. Esto, sin embargo, parecemos vivirlo de todos modos, aunque no seamos superhéroes, gracias a la estructura aristotélica de el afuera y el adentro.

Desde potrillos nos enseñan que para que el Viejito Pascuero se acuerde de nosotros, debemos portarnos bien en la casa y también en el jardín. Esto se olvida con el descubrimiento de esta mentira blanca y comercial, y la violencia indoor puede llegar a ser pan de cada día, mientras muchas veces con el jefe somos unos vasallos chupa medias.

Y esto, a cara descubierta.

Todos nos vemos sometidos a la hipocresía social que hace que en la “plaza” nos comportemos distinto de cómo lo hacemos con la familia. Porque justamente en extramuros es donde mejor nos debemos comportar. Debemos utilizar una máscara sin elásticos para asumir roles sociales que el sistema económico y cultural a creado para que nosotros vivamos según arquetipos perfectos en su intrascendencia y mediocridad.

Es ahí, en la rebeldía de esa condición, que surgen las ganas de ser otro. De calzarse un antifaz, un pañuelo o un cambucho, negándonos por vergüenza y dignidad, a ese papel de reparto en una comparsa inconsciente y abúlica, lenta y por lo mismo reaccionaria, idiota en su sordera conseguida en el cotidiano rumor del tráfico indolente, o el grito de la misma mujer en cada estación del metro amenazando con el cierre de puertas.

El rostro humano, sometido a canones y estereotipos de la moda, quiere borrarse a la manera de runa vacía, preñada de significados que se inventan con la acción. Supeditados a la imagen, los medios reflejan lo evidente. La belleza, la fealdad, la vejez, la lozanía. Es cuando la farsa desatada es capaz de hablar del “rostro endemoniado” de Camila, o el bigote stalinista de Gajardo.

La acción directa es la forma de recrear un nuevo rostro social, ese que no le importa la apariencia de una sociedad Palumbo, con su pobreza vestida a la moda en Patronato y el mall chino.

Indignados, pero de verdad, no solo para componer la mueca del ceño fruncido o la arriscá de nariz. Indignados como para que el cuerpo obre de rostro, de mirada vitalista y destructora de un sistema ataviado de las postizas pestañas del desarrollo económico, el botox del sueño de la casa propia y de la educación superior, la rinoplastia de la movilidad social y la superación de la pobreza.

Quieren como queremos, borrar el horror travestido de sofisticación, el Michael Jackson obligado por el mercado a destruir su naturaleza para el agrado de un consumidor insaciable y mezquino.

La intención es volver a la batalla pura, a la verdad escondida tras tanta base de maquillaje, para lograr lo primero y más importante: la libertad, el respeto, la desaparición de la usura.

Porque la lucha de clases existe y seguirá existiendo, ya no será más sublimada con la cobardía del gana pan. La guerra social ha llegado para quedarse.

Jugar a perdedor



Bolaño decía que para hacer buenas historias tenía una fórmula. Las que empezaban bien terminaban mal, y las que empezaban mal terminaban bien.

Las marchas siempre comienzan bien. Buena convocatoria desde guaguas hasta ancianos, bailes, disfraces, carros alegóricos, acciones de arte y un cuanto hay de creativa vitalidad. Hasta qué, como todos sabemos, aparece el elemento represivo que provoca a un piño de valientes soldados populáricos. Ellos combaten con lo que pillan haciéndole frente a la lucha de clases, sin enmascararse en la “expresión democrática” que hará del movimiento a la larga, un deporte digno de la construcción de un marchodromo.

Podríamos decir que termina mal. Con destrozos y lumpen demonizando y criminalizando la protesta ciudadana, como si ésta no se convirtiera también en una pieza del puzzle social, a pesar de su pacifismo, o justamente a causa de él.

Terminó mal o termino bien? Como el asalto al poder realizado por los rebeldes libios que a punta de violencia derrocaron al tirano? Como la batalla de Guisa? No.

Termina mal, porque empieza bien. Con el entusiasmo de la burguesía que quiere educación gratuita para estudiar una rentable carrera, ojalá “lucrativa” para conseguir ascenso social, aunque no se tenga dedos para el piano.

Ser alguien en la vida depende del estudeo. Y eso de que “lo que natura no da, Salamanca no presta” da lo mismo. Todos tiene que estudiar, y gratis.

La lucha parece que no es por el drama de que en este país no exista respeto por los trabajadores. O porque no nos hayamos industrializado. O, más cercano aún, porque sea una obligación estudiar ramos que enseñan la ideología neoliberal, teniendo que endeudarse, y obviamente trabajarle a los ricos para pagar esa deuda.

Ok, es gratis. El negocio perfecto le llega la hora de fenecer. Entonces los jóvenes de la patria como en todas partes del mundo estudian gratis. Claro que mantienen un modelo en donde el trabajador gana un sueldo miserable. Entonces sigue habiendo una distancia infinita entre los “universitarios” y los asalariados.

Entonces digamos que la lucha termino mal, porque empezó bien.

Pienso en los que estudiaron gratis, en la revuelta del 68, y lo que hoy son esos jóvenes revolucionarios. Sin duda su lucha terminó bien, porque ahora como el tío rico se tiran piqueros en un mar de billetes ganados a costa del arrojo y el posterior usufructuó de quien entendió cómo darle “sentido” a la revuelta.

Y si estuviéramos más allá del bien y el mal? Si estuviéramos por sobre la conveniencia de una plaza laboral abc1? Si fuéramos como los pingüinos queriendo terminar con las guarderías de horario de oficina en instalaciones húmedas y deprimentes?

Si sólo consideráramos a los radicalizados? A los que mueren de hambre, a los que queman su liceo, a los que no les importa el patrimonio y adolecen de lógica? A los que tiran piedras porque el mundo es una basura?

Y Si volviéramos a los 17 y entendiéramos que ahí está el derecho humano a no ser ignorantes? A no ser relegados al trato se esclavos? A no ser burlados por la indiferencia?

Quizás la lucha comenzaría mal, por lo tanto la victoria en algún punto se haría presente, y la historia por fin, lejos del engaño, nos daría un respiro.

miércoles, 17 de agosto de 2011

“Perfil del cargo”




Me han encomendado contar cosas, porque soy buena para eso, o eso algunos creen, así que en vez de hacer conjeturas y tratar de adentrarme en argumentos de lo que sucede con Somalia, Londres o Chile, como en un stand up comedy, tengo que redactar un parloteo para la diversión de los lectores.

Les puedo contar que me echaron cagando de Metagroup, por medio de una psicóloga laboral. Me llamaron a la oficina el día 29 de julio y yo andaba con una caña de los mil demonios.

El día anterior había ido al Passapoga a disfrutar de un carrete a lo mero macho, con wisky, cocaína, y latinoamericanas, con algo más que las venas abiertas, bien escasas de ropa. Como misteriosamente poseo un sex appeal masculino superior incluso al de un hombre, una paraguaya de un par de metros y con un culete donde se congregaban todas las batallas de chaco, me bailó con desenfadado ritmo.

Linda experiencia. Pero como no hay bien que por mal no venga, al otro día el boomerang cósmico, se encargó de hacerme saber que la vida no es sueño.

Hacía un mes me había interrogado la psicóloga, una de esas minas “nada” con los ojos saltones: ¿Cómo te sientes? ¿Qué haces? ¿Qué cosas te molestan? Y con mi talón de Aquiles que es la incontinencia de honestidad, le contesté cada una de las preguntas. Le dije que la cultura organizacional respondía a un modelo feudal, solo que el inquilinaje urbano no existía, pues siempre estaba la nostalgia de la las cosas fueran colaborativas en una lógica grupal, donde el poder puede transitar.

Me molestaba profundamente tener que demorarme no más de 5 minutos en el baño, abrir la puerta y contestar el teléfono como si fuera secretaria, tener que quedarme un día de turno sin poder salir de la oficina en todo el día, que no hubiese toalla para secarse las manos, que hubiera un programa computacional espía en cada computador, pero lo peor, peor, que la única persona autorizada a tener personalidad fuera la patrona.

Le expliqué que me refería a que si alguien se reía u opinaba, ella de inmediato salía de su oficina, único lugar no hacinado, para fisgonear e incluso preguntar el porqué de la algarabía. Las opiniones tampoco eran tomadas en cuenta, por nuestra profunda ignorancia. Ninguno de nosotros estudió en El Nido de Ágilas, a los más, habíamos ido al circo Las Ágilas Humanas.

Porque había un nexo entre todos los que ahí arrendábamos nuestro cuerpo e inteligencia. Teníamos un patético perfil: 1 marica misógino y arribista que admiraba profundamente el pelo rubio de la patrona y que era capaz de hacerse autobullying con el fin de hacerla reír, un actor fracasado, empalagoso y servil que sueña con llevar a su hija a Disney World, un par de sopaipillas humanas, con una obesidad que podría rayar en lo mórbido, una despedida del 13 por su tendencia fascistoide, hijas de una camada de 10, de familia puentealtina, capaces de echarse toda la pega de la empresa encima, incluso a la manera de verdugos por 600 lucas, enfermos crónicos plan auge, 1 joven con problemas de crecimiento y autoestima, 1 hipster- indi-gente, 1 Metro-línea 4- sexual y yo, madre soltera con cara de lesbiana, o maraca, depende si hubo o no alternancia.

Por eso nunca he creído en la caridad. Siempre encubre un deseo de abuso de parte del supuesto benefactor. Uno que con dinero, obtiene poder, y que el respeto termina, producto de su incapacidad de verdadero liderazgo, en una asquerosa mezcla de miedo y repulsión.

La buena noticia fue que ese fatídico 29 de julio, llamada al cadalzo al más puro estilo “Vigilar y Castigar” Patrona y psicóloga laboral, me informan de que no cumplo con el “perfil”.

Luego de 10 meses de contrato indefinido se daban cuenta de que yo no servía para mi cargo. Si, me indigné, y hablé de Nietzsche y los psicólogos y de las libertades individuales, y que no me explicaran nada más, que no era necesario. Me despedí de los que seguían cumpliendo con el perfil, y me fui, por fin a la original hora de salida.

Pasó nada más que el fin de semana de humillante cesantía, o dignificante libertad, porque el mismo lunes encontré chamba. Claro, me tomé esa semana en la cual me plegué a las protestas, desde las sutiles en la fila de los bancos y supermercados, hasta las apoteósicas, que estoy convencida le cambiarán el rostro a este país de mierda, plagado de metragrupos que calzan medio a medio con su servil y espantoso “perfil de cargo”, ese que a Hinzpeter le cae como anillo al dedo en un sistema mediocre, represivo y egoísta, pero que va a caer -los Mayas fueron un pueblo muy caperuso- va a caer como la educación de Pinochet.

Al Pingüino desconocido




A los únicos que conocemos por que ya han sido portada de los diarios tradicionales, e incluso compartieron el panel de los programas de farándula política más importante del país, son Giorgio y Camila. Cada uno con sus fortalezas individuales, y ese común sonsonete de dirigente sindical, nos han hecho conocer las demandas que cambiarían el rostro de la educación chilena.

Parecen tenerla bastante clara. No incurren en excesos, solo de belleza, y así provocan la empatía de amplios sectores. La demanda es justa, y todos lo sabemos. Es por eso que esta causa es compartida por la mayoría, sin partidos de por medio, que se entrometen con declaraciones respecto al supuesto congelamiento de los estudios de Camila, o la demonización de los dichos de Gajardo –como si no se pudiera ser judío y antisionista, o católico sin ser opus dai-, al verse amenazados por esta nueva forma de ejercer la política, distinta a las maquinarias y la mediocridad del procedimiento al que están acostumbrados.

El estudiante universitario, en general, está en la recta final por pavimentar su ascenso a vida “adulta”. No estudia sólo porque quiere aprender, sino porque quiere sacar una carrera y ser remunerado por el ejercicio de la profesión que estudió. El tiempo es oro y la “inversión” a futuro parece ser lo más importante. Por eso parece ser más loable que jóvenes que en la quemá de convertirse en exitosos profesionales, se dediquen a una lucha sin tregua por conseguir el objetivo de educación gratuita y de calidad para todos y todas.

Personalmente agregaría a la demanda por educación superior gratuita, el compromiso de los hoy estudiantes universitarios a no lucrar con la educación, vivienda y salud, una vez conseguido su título universitario y una plaza laboral, ya que sabemos de sobra, que muchos planteles inculcan dentro de la malla curricular ideologías basadas en el capital.

De esa forma no seguiremos reproduciendo una ideología que lamentablemente no fomenta el estudio porque se quiere conseguir superación intelectual, o ser útil a la sociedad, ya que se ha pensado en la educación como trampolín de ascenso social, justamente porque el arte y los oficios han sido relegados a empleos de cuarta categoría.

El arribismo entonces y el imperativo del lucro en base a las necesidades humanas básicas como el aprendizaje, hacen que nos alejemos de la realidad. No todos debemos estudiar 5 años en una Universidad. Más si éstas nos inculcan “valores de mercado”, y peor aún, rellenan su malla con ramos intrascendentes con el fin de extender las carreras, consiguiendo mayores utilidades, y no mayor especialización.

Acabo de ir a la toma de la casa central de la Universidad de Chile, y designaron a un delegado de toma para que pudiera hablar conmigo. Mi primera inquietud fue si me podía decir si era posible que pintaran un mural en la fachada, ya que solo lienzos bajo un fondo amarillo, era más bien aburrido, y removible sin dejar huellas y que sería bonito plasmar las demandas con arte de forma más o menos definitiva.

Me miró sin entender, y me contestó que ese tipo de cosas afectaban el “patrimonio institucional”.

Más allá de la decepción, pensé en los secundarios. En esos chiquillos que juegan a las 4 de la mañana a la pelota jodiéndoles el sueño a los vecinos porque abrieron las aulas para ser libres con urgencia. Esos cabros que organizan campeonatos de break dance y que se han radicalizado por una educación que no les trae ningún beneficio educacional ni que se proyecta en un trabajo bien remunerado.

Niños dejados a su suerte en especies de guarderías, a esperar que se pase su adolescencia lejos de las malas juntas e influencias “inútiles y subversivas”, mientras los padres se pudren en sus trabajos de 8 a 8.

Desconocidos, que sin ser “rostros” que publiciten carisma y potencialidad retórica, están movilizados contra viento y marea, con tal convicción que han convencido a padres y apoderados, tan comprometidos que reflejan una voz potente como la de Dafne Concha que se peinó con un emocionante discurso en la marcha del “día del niño”. De nuestros niños que por primera vez son valorados y pensamos, con madurez y justicia ante tanto abuso, que son lo más importante, ahora, y no solamente en el cliché de lo que está por venir.

Niños y jóvenes, que no les interesa el patrimonio de sus inmundas y frías escuelas, como tampoco les interesa aún si su carrera será rentable dentro del mercado laboral. Escolares que se encuentran tan precarizados para ser obligados a gastar, si quieren quedar en la Universidad, para llenar el hueco dejado por la ignorancia en preuniversitarios caperusos en la elección de alternativas y en el cobro obtenido mediante la aplicación de la PSU.

Esos miles de pingüinos desconocidos, los que luchan legítima, genuina y espontáneamente por las ganas de tener educación -obligatoria durante 12 años- gratis y de calidad, son quienes llevan la batuta. Son el alma y las ansias a la expectativa de que se pueda mejorar el presente sin presiones sociales futuras de ningún tipo.

No obstante este movimiento estudiantil, dispuesto a entregar tiempo y ganas, gracias al aporte consistente de todos y todas: feos, bonitos, letrados y quienes no lo son tanto porque no pudieron, lo han trasformado en una verdadera revolución social que ya cambió Chile, pueblo que retomó los bríos de un país justo y libre, que protesta por las grandes alamedas peleando unido por lo que constituyó una realidad, que nos fue rastreramente arrebatada.




sábado, 6 de agosto de 2011

Cuando el soul no cabe en el cuerpo



Hay personas -como hay otras a las cuales les crece el corazón, el hígado, o el estómago-, a las que les crece el alma de una forma desbordante, aprisionándose en las paredes del cuerpo, provocando un agotamiento y hartazgo tan graves que solamente puede ser resuelto con la muerte. Dicen que cuando uno siente que las fronteras propias coartan la libertad de esa alma prisionera, la idea del suicidio como liberación absoluta comienza a urdirse en plan maestro.

De que ocurre, ocurre, siendo o no cierto el cuento del alma humana. Lo cierto es que hay un estilo musical denominado soul, nacido de la médula negra, que recrea un sentimiento feroz y mordiente, que palpita a cada fraseo, evocando y encarnando el espíritu que parece habitarnos y que puede transformarse en nota, armonía, ritmo y cadencia. Es ahí cuando pareciera ser lo más real posible -en la imposibilidad de verlo y tocarlo- y hacer sentido como una verdad irrefutable y remota.

Quienes van vestidos con el alma, como nos diría Emmanuel “con la pura verdad por delante”, parecen ser los más proclives a acarrear este gigantismo que les condena a sentir que el cuerpo les queda chico. Una de esas es Amy Winehouse, una chica de origen judío que eligió la música negra, justamente el soul, para descomprimir ese espíritu libre que salía por sus enormes ojos.

Un talento desaprovechado ¿por ella o por el mundo? Amy, la niña de las botellas, con apellido de viña, con el propósito del despropósito, con el dinero gastado como un macho en drogas y alcohol, ocupó los anestésicos para que ese cuerpo demasiado pequeño, flaco, fatigado, frágil, resentido por tanta alma, por tanto soul, lograra alivio.

Su sinceridad vendida como espectáculo y su alma misma de regalo, la hicieron habitar en la soledad más extrema, esa que se expone a la multitud, a la chusma inconsciente, ávida de escándalo y farándula: cenit invasivo sobre la sombra, sobre el silencioso deterioro -que podría ser incluso místico-, pues corrompiendo el cuerpo es como podría expulsar el alma y dejarla deambular por los rincones que solamente la ketamina o alguna otra droga dura pudo lograr.

¿Por qué ese extraño club de los 27? Esa edad que poseo y me posee, y que perentoriamente nos condena a años futuros cargados de reiteración e interacción social, mareadores en su constante imperativo de razonamiento y lógicas adultas.

Quizás por ello, por salvaguardar la última gota de juventud, por atajar el último suspiro de una belleza mísera en su inmediatez, se cristaliza la vida preñándose de muerte. Porque un después puede ser un siempre es mejor quedarse con una fracción, un momento, un tarareo. Y porque el único destino de las estrellas es el firmamento, en buena hora que todos ellos decidieran forzar el vuelo.

El legado engrandece estas huidas precoces. Personas criticadas por su autodestrucción, completamente desprendidas en su arte y oficio, desencadenando una profunda paradoja para todos aquellos que se quejan de un supuesto egoísmo encarnado en el abuso de drogas y alcohol.

Su cuerpo continuará sin decir nada, pues todo lo que dijo lo dijo con el alma, con su voz puesta en el soul, ese que entretuvo a millones que exigían su cordura y lucidez, un estado abrumadoramente vacío, mundano y cada vez más servil al antojo del cliente.

Un brindis por Amy, por la embriaguez y el delirio, ese que no es capaz de abrir fuego contra jóvenes noruegos, que no se niega a revoluciones educacionales, que no roba el pan obrero; sólo canta gravemente la crudeza de un mundo hostil

Puede ser mi gran noche/ finality




Era imposible que fuera mi gran noche porque fue temprano en la mañana. El día anterior Perú hizo un autogol mientras yo bebía mi tercera piscola y rasguñaba algunos trozos de carne de la bandeja que corría como porro jugoso y sangrieto entre manos jornaleras.

Recuerdo que ya fuera de la fábrica, luego de la quinta piscolita en un bar de Providencia, me subí a una pistera. Antes había abrazado a un vago afuera del metro, donado una quina a las cabras del liceo 7 a las cuales les dejé un mensaje de apoyo en el libro de visitas: “Estudiantes sobre todo”, y me había joteado un turco, hasta tenía su teléfono escrito en una servilleta.

Con supuesto garbo monté sobre el esqueleto rodado y viaje por las calles, hasta convertirlas en un corredor de ilusiones y esperanzas que terminaron aterrizando forzosamente con mi cuerpo jurando de guata que podría ser al día siguiente una millonaria inocente, impoluta, sin acusaciones en la inspección del trabajo, ni en impuestos internos.

Al sonar el gong mañanero, mis músculos amoratados relincharon como auto viejo, y mi cara palpitante reflejó en el espejo el espanto. Aprovechándome de la situación, me vestí como oficinista y ya en la sala de estilistas, le pedí a la peluquera que me hiciera un moño para el lado que dejara ver mi semblante. No había que disimular, sino todo lo contrario.

Ahí estábamos con Claudito, enfrascados en el show de la Diana Bolocco, en el que de paso involucramos a mi hermano recién llegado de las Europas del eje del mal, y la Leslie, que sacaba fotos con horrible compulsión.

La mufa estaba por todos lados. Un batallón completo de miliquitos de la escuela de suboficiales, vestidos de gris, callados y con cara de frío.

Lo heroico estaba en la derrota que aguardaba en la basta de mis pantalones de vendedora de seguros. Lo heroico estaba en el sueño ese de “dejar el occidentalismo” en un programa para ganar dinero. Lo heroico era estar ahí y pasar en la primera pregunta, porque no sabía, o no quería saber que Juan Pinto Durán queda en Macul.

Mi compañero de sillas, el caballero que concursó en el '82 en” Soltero sin Compromiso”, con la mala suerte de disputar el triunfo con Amaro Gómez Pablos, merecía ser millonario más que cualquiera, porque tenía el sueño de operar a su esposa, sacarle las lonjas de la vergüenza, para recuperar el tiempo y la belleza que el trabajo y los hijos, el salario justo para un alimentación saturada, les había arrebatado. El bailaba, reía, colaboraba con el programa con el fin de obtener un billetito que recompusiera una vida estropeada.

En cambio, haciendo caso omiso a mi simpatía, a mi chispa demostrada en el casting, fui más yo que nunca. Dije que ya me había hartado de trabajar para vivir y vivir para trabajar, y obviamente Diana puso los puntos sobres las íes “¿Qué acaso tú crees que allá no se trabaja?” A lo cual le conteste que sí, pero que los oficios eran respetados, que no había que endeudarse para estudiar.

Y luego de las musiquitas, los aplausos, los “paso”, las respuestas definitivas incorrectas, los cambios de sillas, el destino me daba una segunda oportunidad, justo en la penúltima pregunta.

¿Cuál era el presidente que gobernó entre 1871 y 1891? Pregunta hostigosa y mal intencionada con cuatro alternativas. Manuel Bulnes, Manuel Montt, José Joaquín Prieto y no me acuerdo el otro tipo. Y así, como de repente le digo que José Joaquín respuesta definitiva, y que por qué me dice, y yo le dijo por la J. Por la JJ.

Pero no, aunque el niño me dijera frente al mundo que creía en mí, no era ese puto presidente. Manuel Montt, era la respuesta correcta, esa estación que todos los días me ve llegar somnolienta y deshidratada, e irme, luego de un día igual al anterior y al siguiente, derrotada, con la vana esperanza de que un día las cosas cambien y sean tan verdes e inocentes como en el trópico asiático.

Nada más la moraleja. Las respuestas están en lo evidente. Los presidentes hacen sufrir hasta después de muertos. La jota siempre me hace zancadillas.

A todo esto, el caballero pudo ganar porque le quedó la última pregunta (la cual me sabía), y hubiese sido bueno. Pero erró.

La vida es una tómbola cargada de números haciéndole bromas a las palabras mientras giran infinitamente.