viernes, 30 de enero de 2009

EUREKA¡¡



ella me corrigió varias veces, porque no supe pronunciar su nombre. Ezra. no Ensrra. porque soy como soy y no me pidan más. Frívola, provinciana, prejuiciosa, ignorante, pretenciosa, sin caridad posible, amarga y conflictiva, conflictuada, egoísta, vulnerable, mal hablada, llena de dioses, llena de supersticiones, llena de baches como un camino olvidado, tan distinto a la fila india de buenas hormigas que transitan por un tráfico alienante, pero comulgando con las hostias de la unión, con un proposito claro e infalible, tuberculoso, pero amable. Llena de juicios y de imagenes tan comunes, que entonces molestan; mariposas granujas que invaden cada recoveco de un paraíso abyecto y expensivo, y llena, llena de ganas de un no sé qué crestas. Supongo que de vacío, de libertad, de verdadero amor en el deslinde, ni siquiera en los bordes o la huida, simplemente donde aquello es tan obscenamente visible, asfixiante, vergonzoso; un clavo hundido hasta el fondo en una madera cárnica más rosada que los pómulos de un femenino travesti.
Mientras mal digo su nombre, pero con ganas de que ese nombre sea mi héroe negado; el loco mio que quisieron todas, desde la más farandulera de las escaladoras, hasta la intelectual yunki presa de la nada, solo pensé en un poema que un día leí. Pound, quiero que seas mi maestro.

EL DESVÁN

Ven, apiadémonos de los que tienen más fortuna que nosotros.
Ven, amiga, y recuerda
que los ricos tienen mayordomos en vez de amigos,
y nosotros tenemos amigos en vez de mayordomos.
Ven, apiadémonos de los casados y de los solteros.

La aurora entra con sus pies diminutos
como una dorada Pavlova,
y yo estoy cerca de mi deseo.
Nada hay en la vida que sea mejor
que esta hora de limpia frescura,
la hora de despertarnos juntos.