martes, 7 de junio de 2011

Así con el “progreso”



Me cuesta seguir las ideas del progresismo. La verdad es que soy una adolfita para algunas cosas (o casi todas) y hay cuestiones que no me entran, así me hablen de “derechos” como el de “elegir” usar burka.

Una de esas cosas, que me parecen del todo insólitas es cómo la comunidad gay intenta poner el tema del matrimonio homosexual en el centro de la discusión política de hoy (habiendo tantos temas importantes).

La cola del novio o el novio cola, que no es lo mismo, pero es igual, hace de cortina de humo y pone a opinar de aquello a “todos” porque en otros países es legal y que por eso acá debería ser un derecho ciudadano, porque no debemos pecar de provincianos y que por eso debemos mirar tras la cordillera como todos se casan y son felices para toda la vida. A parte, y suma para la causa, Elton John es uno de los adalides de tan romántica lucha. ¡Uno de los queridos de la realeza!

Sumando a esto está la amenaza de Simonetti “los gay vamos a salir a la calle”, cosa que me parece genial si fuera por lo que salen todos los habitantes de por acá, sin chovinismos radicados en la condición sexual: Por Hidroaysén, por la educación de calidad, la salud con dignidad, por el royalty minero y el desempleo. Pero no, es por matrimoniarse.

He realizado un focus express entre mis tantos amigos gays, y me he dado cuenta que todos añoran el matrimonio. Inclusive, cuando entrevisté al Che de los gays en la Radio Placeres, mi primera pregunta fue si quisiera casarse, a lo que respondió que “sí, y de blanco”. Cosa que con todo lo disruptiva que puede ser, me deja la sensación de una profunda contradicción moral y sistémica. Bien para un show en Pagano de Karina haciendo playback de Rocío Durcal (Claro está que quería casarse, y de blanco la pauta, por el más hondo y corrosivo despecho). Pero, eso sería. Y no más. Por lo menos para mí.

Puede ser que hable desde la herida. Mal que mal soy una madre soltera, a la cual solo la persiguen mosquitos desorientados, por lo tanto la posibilidad que yo me case, es más remota que unas nupcias, salida del closet mediante, entre el Halcón de Chicureo y Alberto Fuguet, por ejemplo.

No sé si alguno, de la falopatria, habrá leído el excelente texto de don Mario Centore, porteño ácrata que escribiera a principios del siglo pasado “de la vida i del amor”, donde expone las terribles opresiones que son sufridas durante el matrimonio. El femicidio se presenta como argumento en esta obra, enarbolando el grito de lucha “Rebélate mujer”.

Quizás sea esto lo que cambia todo. Lo homo tal vez no reviste esos peligros, y que como se da en los hámster, solo es peligrosa la pareja hetero, en la cual indefectiblemente una de las partes resulta muerta.

Centore dice “quiero que el amor sea el único vínculo moral que proclama la unión y la solidaridad entre todos los seres de la patria universal” y yo, digo lo mismo. Tal cual.

“La unión contra natura” definición del escribiente para el matrimonio, tal vez calza absolutamente para una unión de los otrora “desviados”. Suena fuerte? Ah? Pero, sorry, no me caracterizo por ser delicada y menos diplomática.

Lo último que les digo, es que los conservadores deberían darle las gracias a los que quieren reactivar el valor, para mí inexistente, del matrimonio en la sociedad. Longueira debería darse cuenta de esto, y debería becar a todos los matrimonios gays con una luna de miel en el caribe, pues solo este segmento de la sociedad, está luchando con una chapa “progresista”, por una de los contratos más retrógrados, llenos de falencias y abusos desde que el mundo, es mundo y para que el mundo sea así…de charcha.